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IES “Fuente de la Peña” (Jaén)
Selección de “textos” de Ovidio (“Metamorfosis”)
Departamento de Latín
Por: Jaime Morente Heredia
ser duro pedernal.
En su vuelo de regreso y tras verse implicado en otra metamorfosis, la de la envidiosa Aglauros, recibe el
mensajero de los dioses una urgente orden procedente del mismo Júpiter para que colabore en un nuevo
objetivo amoroso: una joven llamada Europa, hija del rey Agénor de Fenicia y hermana de Cadmo, el
legendario fundador de la ciudad de Tebas. El gran dios conseguirá raptar a la princesa convertido en un
hermoso y manso toro.
Con este rapto termina el libro segundo de las “Metamorfosis” ovidianas y se inicia el tercero con la búsqueda
de Europa por sus hermanos, siguiendo la tajante orden de su padre: no podrían regresar sin haberla
encontrado. Al no conseguirlo ninguno de ellos, Cadmo, el mayor, siguiendo las instrucciones de un oráculo
funda una nueva ciudad, Tebas, y se establece en ella.
LIBER TERTIUS (“Metamorfosis” de Ovidio)
Una monstruosa serpiente, descendiente del mismo Marte, dios de la guerra, da muerte a todos los seguidores
de Cadmo y este en venganza acaba con la vida del reptil, por lo que más adelante sufrirá él mismo la
metamorfosis en dicho animal; antes de esto el hijo de Agénor contará para la fundación de Tebas con cinco
compañeros supervivientes de la guerra fratricida entre los guerreros nacidos de la tierra en la que el príncipe
había enterrado los dientes de la serpiente.
Tras casarse con Harmonía, hija de Marte y Venus, tuvo Cadmo una amplia descendencia, entre la que estaba,
como nieto, un tal Acteón, el cual en un día de caza, acompañado por sus amigos y una fiera reala de perros,
decidió descansar cuándo más calor hacía y, paseando en solitario, descubrió sin querer a la diosa Diana y al
séquito de esta bañándose desnudas en una fresca charca del bosque. Esta sacrílega aunque inesperada visión
tuvo horribles consecuencias en el joven cazador, quien, al ser descubierto por la diosa, sufrió la ira de esta
transformándolo en un ciervo que más tarde sería devorado por sus propios perros, los cuales en ese momento
y con esa nueva forma no reconocían a su dueño.
No sería esta tragedia el único motivo de dolor de Cadmo, pues algunas de sus hijas también fueron castigadas
por Juno por ser descendientes de Agénor, cuya hija, Europa, había sido su rival al enamorar a su esposo,
quién también tuvo relaciones directas con dos de las nacidas de Harmonía: Sémele e Ino. La primera de estas,
que ya había concebido un hijo de Júpiter, le pide a este que se muestre ante ella con todo el esplendor de su
divinidad, siguiendo los consejos, encubiertos de venganza, de Juno, que se había disfrazado de vieja para
hacerse pasar por su nodriza.
Viéndose obligado por una promesa previa, Júpiter intenta que la irresistible fuerza de sus atributos divinos
para los humanos sean de segunda categoría en esta ocasión (“tela secunda” > ‘armas segundas o de segunda
categoría’), procurando que no sean fulminantes para su amada. Aún así, Sémele encuentra la muerte ante el
rey de los dioses, tal sigue siendo su fulgor, pero la gestación del feto se consuma en el interior de uno de los
muslos de su padre y el nuevo dios, Baco, será también llamado ‘el dos veces nacido’.
Tras este episodio nos cuenta Ovidio una curiosa y trivial disputa entre Júpiter y su esposa sobre quién goza
más en el amor el hombre o la mujer, opinando el dios que eran la mujeres y la diosa lo contrario. Fue Tiresias
el que hizo de juez al ser consultado por la pareja divina, pues era una autoridad en la materia al haber
disfrutado de la forma de mujer durante siete años por un incidente que tuvo con unas serpientes. Habiendo
dado la razón a Júpiter, la venganza de Juno fue inmediata, así como la compensación del que todo lo puede
excepto dejar sin efecto las acciones de otro dios:
“El disgusto de la Saturnia dicen que fue más profundo de lo justo y desproporcionado con el motivo,
y condenó a una noche eterna los ojos de su juez. Mas el padre todopoderoso -puesto que a ningún
dios le está permitido anular la obra de un dios-, en compensación de la luz que se le privaba, le
concedió conocer el porvenir, y alivió el castigo con este honor” (versos 333-338).
Las predicciones del adivino, puesto que había recibido el don del mismo Júpiter, eran siempre certeras, como
la realizada a la ninfa Liríope sobre la longevidad del hijo que esta había tenido tras ser violada por el río
Cefiso y al que llamó ‘Narciso’: su vida sería larga si no llega a conocerse a sí mismo.
Comienza la leyenda de este precioso joven cuando a la edad de dieciséis años lo vio una ninfa llamada Eco, e
inmediatamente se enamoró perdidamente de él. Había sido ella muy locuaz en otro tiempo, pero ahora por un
castigo divino sólo podía repetir los últimos sonidos emitidos por otra persona.
Rechazada por Narciso se consumió su cuerpo y sus huesos en roca se convirtieron, pero, aunque nadie la ve,