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IES “Fuente de la Peña” (Jaén)
Selección de “textos” de Ovidio (“Metamorfosis”)
Departamento de Latín
Por: Jaime Morente Heredia
piter ” (versos 97-106).
“Una vez que, después de haber sido Saturno precipitado al Tártaro tenebrosos, el mundo estuvo
sometido a Júpiter, llegó la generación de plata, peor que el oro, pero más valiosa que el rubicundo
bronce. Júpiter empequeñeció la duración de la primavera antigua, haciendo que el año
transcurriese, dividido en cuatro tramos, a través de inviernos, veranos, otoños inseguros y fugaces
primaveras. Entonces por vez primera el aire, encendido por tórridos calores, se puso candente, y
quedó colgante el hielo producido por los vientos. Entonces por vez primera penetraron los hombres
bajo techado; sus casas fueron las cuevas, los espesos matorrales y las ramas entrelazadas con
corteza de troncos. Entonces por vez primera fueron las semillas de Ceres enterradas en largos
surcos y gimieron los novillos bajo la opresión del yugo.
Tras ésta apareció en tercer lugar la generación de bronce, más cruel de carácter y más inclinada a
las armas salvajes, pero no por eso criminal. La última es de duro hierro; de repente irrumpió toda
clase de perversidades en una edad de más vil metal; huyeron la honradez, la verdad, la buena fe, y
en su lugar vinieron los engaños, las maquinaciones, las asechanzas, la violencia y la criminal pasión
de poseer.” (Versos 113-131).
A continuación se narra brevemente la “gigantomaquia”, el enfrentamiento de los Gigantes con los Dioses
Superiores al intentar aquellos poseer el reino celestial de estos amontonando montañas para llegar a él.
Júpiter los desplomó haciendo uso del rayo y los aplastó contra el suelo; la tierra empapada en sangre germinó
haciendo nacer una nueva generación de hombres:
“Mientras aquellos cuerpos feroces yacían aplastados por su propia mole, dicen que la Tierra,
regada y empapada de la abundante sangre de sus hijos, dio vida a aquel líquido caliente y, para
evitar que no subsistiera vestigio alguno de su estirpe, lo convirtió en figuras humanas. Pero también
aquella raza despreció a los dioses y fue violenta y avidísima de crueles carnicerías; bien se
reconocía que de sangre habían nacido” (versos 156-162).
Esta sanguinaria raza humana no merece por su comportamiento la aprobación de Júpiter, quien decide su
aniquilación contando con la aprobación de los demás dioses, a los que, tras convocarlos en asamblea,
convence con argumentos diversos y les pone como ejemplo al tirano Licaón: fue este convertido en rabioso
lobo, porque se atrevió a atentar contra la vida de Júpiter para poner a prueba la inmortalidad divina, cuando
el supremo dios, disfrazado de hombre, inspeccionaba la tierra para comprobar la maldad de la humanidad.
A pesar de la aprobación unánime de la asamblea ante la propuesta presentada, los dioses manifiestan su
preocupación por la pérdida total sobre la tierra de mortales que puedan honrarlos y llevarles ofrendas a sus
altares.
“A tales demandas el rey de los dioses responde que no tienen nada que temer, porque él se va a
ocupar de todo, y les promete una raza diferente de la gente anterior y que surgirá de un modo
prodigioso” (versos 250-252).
A continuación, con la ayuda de vientos, nubes, ríos y mares, se lleva a cabo la destrucción indiscriminada de
la vida terrestre bajo las aguas provocando un ‘diluvio universal’ que dejara sumergidas hasta las más altas
cumbres de las montañas.
No obstante en el último momento se apiadó Júpiter de una pareja de mortales, Deucalión y Pirra, que se
encontraban cerca del monte Parnaso
1
, por no ser merecedora de tal castigo divino:
“Cuando a aquel paraje, único que las aguas no habían cubierto, arribó Deucalión, conducido, con
la esposa que compartía su lecho, por una pequeña embarcación, ambos rindieron tributo de
adoración a las ninfas corícidas
2
, a las divinidades de la montaña y a la profética Temis que entonces
se encargaba de los oráculos. No ha habido hombre más excelente ni más amante de la justicia que
Deucalión, ni tampoco mujer alguna más temerosa de los dioses que la suya. Cuando Júpiter vio que
el mundo estaba cubierto de una líquida sábana formando un inmenso estanque, y que un sólo varón
quedaba de tantos miles y que una sola mujer quedaba de tantos miles, inocentes ambos, adoradores
de la divinidad ambos, dispersó los nubarrones, hizo, valiéndose del aquilón, que las lluvias cesasen,
y mostró al cielo la tierra y el empíreo la tierra. No persiste tampoco la cólera del mar, y el soberano
del piélago abandona su arma de tres puntas” (versos 318-331).
La tristeza invadió a la pareja al ver la desolación y al saberse solos sobre la tierra; sin embargo, piadosos con
los dioses, dirigieron a ellos sus plegarias y pidieron auxilio consultando al oráculo sagrado cómo podría
restituirse la raza humana; la respuesta obtenida fue la siguiente:
1
Residencia favorita de Apolo y de las Musas.
2
Ninfas que habitaban las grutas del monte Parnaso.