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IES “Fuente de la Peña” (Jaén)
Selección de “textos” de Ovidio (“Metamorfosis”)
Departamento de Latín
Por: Jaime Morente Heredia
LIBER PRIMUS (“Metamorfosis” de Ovidio)
“Es mi deseo exponer las transformaciones de los cuerpos en formas nuevas. Oh dioses, puesto que
también vosotros habéis sido autores de tales transformaciones, ayudadme en mi empresa y haced que
mi poema discurra sin interrupción desde el principio del mundo hasta la actualidad”
(versos 1-4).
Tras esta invocación a las divinidades pidiendo inspiración, como era habitual entre los poetas épicos para la
composición de sus poemas, Ovidio comienza su obra con la descripción del conjunto de transformaciones
necesarias para la creación del “cosmos” a partir del “caos”.
“Antes del mar, y de la tierra, y del cielo que todo lo cubre, en toda la extensión del orbe era uno sólo
el aspecto que ofrecía la naturaleza. Se le llamó Caos
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; era una masa confusa y desordenada, no más
que un peso inerte y un amontonamiento de gérmenes mal unidos y discordantes. Ningún Titán
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daba
todavía al mundo su luz; tampoco Febe
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renovaba en su creciente los cuernos recién aparecidos. Ni la
tierra se encontraba suspendida en medio de los aires que la rodeaban, en equilibrio por su propio
peso, ni Anfitrite
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había extendido todavía sus brazos marcando los confines de la tierra firme. Y por
dondequiera que había tierra, había también aire y agua, con lo que ni la tierra era sólida, m
vadeable el agua, ni el aire tenía luz; ningún elemento conservaba su propia figura. Cada uno era un
obstáculo para los otros, porque en un solo cuerpo lo frío luchaba con lo caliente, lo húmedo con lo
seco, lo blando con lo duro, y con lo desprovisto de peso lo que tenía peso.
A esta contienda puso fin un dios, una naturaleza mejor. Separó, en efecto, del cielo la tierra, y de la
tierra las aguas, y apartó el límpido cielo del aire espeso. Y una vez que así despejó estos elementos y
los sacó de la masa obscura, asignó a cada uno un lugar distinto y los unió en amigable concordia”
(versos 5-25).
Continúa el poema con la explicación de la existencia y distribución de vientos, lagos, ríos, montes, diferentes
temperaturas, nubes, nieblas, lluvias, truenos, etc.; y respecto a los seres vivos relata lo siguiente:
“Apenas había de este modo distribuido todas las cosas separándolas unas de otras por barreras
fijas, cuando los astros, que durante largo tiempo habían estado soportando el agobio de la densa
oscuridad, empezaron a resplandecer en toda la extensión del cielo. Y para que ninguna región
estuviera desprovista de los seres vivos que le corresponden, los astros y las formas divinas ocuparon
el suelo celeste, cayeron en suerte las aguas a los peces brillantes como lugar de habitación, la tierra
recibió a las fieras, a las aves el movedizo aire.
Aún se echaba de menos un ser viviente más noble, más dotado de espíritu sublime y que fuese capaz
de ejercer dominio sobre los restantes. Así nació el hombre, ya fuera que el artífice de la naturaleza,
como principio de un mundo mejor, lo creara de divinos gérmenes, ya que la tierra flamante y recién
separada del éter cimero retuviese aún gérmenes del cielo su pariente; esa tierra que el vástago de
Jápeto
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modeló, mezclándola con aguas de lluvia, hasta darle la figura de los dioses que todo lo
gobiernan; y mientras los demás animales están naturalmente inclinados mirando a la tierra, dio al
hombre un rostro levantado disponiendo que mirase al cielo y que llevase el semblante erguido hacia
las estrellas. Así, la tierra que antes era un objeto tosco y sin forma, se transformó vistiéndose de
figuras humanas antes desconocidas” (versos 69-88).
A continuación se inserta el famoso “mito de las edades” (oro, plata, bronce y hierro), que ya Hesíodo había
relatado en su obra “Los trabajos y los días”: la progresiva degradación de la vida por el comportamiento del
género humano. Esta selección de versos aislados es significativa de la narración ovidiana:
“La edad de oro fue la creada en primer lugar, edad que sin autoridad y sin ley, por propia iniciativa,
cultivaba la lealtad y el bien. No existían el castigo ni el temor, no se fijaban, grabadas en bronce,
palabras amenazadoras, ni las muchedumbres suplicantes escrutaban temblando el rostro de sus
jueces, sino que sin autoridades vivían seguros.” (Versos 89-94). Todavía no estaban las ciudades
ceñidas por fosos escarpados; no había trompetas rectas ni trompas curvas de bronce, ni cascos, ni
espadas; sin necesidad de soldados los pueblos pasaban la vida tranquilos y en medio de suave
calma. También la misma tierra, a quien nada se exigía, sin que la tocase el azadón ni la despedazase
reja alguna, por sí misma lo daba todo; y los hombres, contentos con alimentos producidos sin que
nadie los exigiera, cogían los frutos del madroño, las fresas de las montañas, las cerezas del cornejo,
las moras que se apiñan en los duros zarzales, y las bellotas que habían caído del copudo árbol de Jú-
1
Denominación del Ser compacto, el abismo o vacío anterior a todo lo demás, incluso los dioses, desprovisto de orden o
materia.
2
Sol.
3
Luna.
4
Personificación del mar a través del nombre de una Nereida (la esposa de Poseidón, el dios del mar).
5
Prometeo, hijo del Titán Jápeto.