Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z
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contemnunt, id docti senes extimescent?
más aldeanos desprecian, ¿es lo que van a tener
los doctos ancianos?
76. Omnino, ut mihi quidem videtur, studiorum
omnium satietas vitae facit satietatem. Sunt
pueritiae studia certa; num igitur ea desiderant
adulescentes? Sunt ineuntis adulescentiae: num
ea constans iam requirit aetas quae media
dicitur? Sunt etiam eius aetatis; ne ea quidem
quaeruntur in senectute. Sunt extrema quaedam
studia senectutis: ergo, ut superiorum aetatum
studia occidunt, sic occidunt etiam senectutis;
quod cum evenit, satietas vitae tempus maturum
mortis adfert.
En general, según yo opino, la consecución de
todos los anhelos produce la satisfacción de la
vida. Los caprichos de la infancia son
indiscutibles, pero ¿acaso los jóvenes los echan de
menos? También cuando llega la juventud tiene
sus propios entusiasmos, pero ¿acaso los reclama
la edad media y la adulta? Los apegos de la edad
madura tampoco se buscan en la vejez. Existen
también las últimas inclinaciones propias de la
vejez, que van desapareciendo como sucede con
los deseos propios de cada edad anterior. Sucede
lo mismo con las propias voluntades de la anciani-
dad. Cuando llega la saciedad de la vida se crea el
momento, ya maduro, para la muerte.
XXI. 77. Non enim video cur, quid ipse sentiam
de morte, non audeam vobis dicere, quod eo
cernere mihi melius videor, quo ab ea propius
absum. Ego vestros patres, P. Scipio, tuque, C.
Laeli, viros clarissimos mihique amicissimos,
vivere arbitror, et eam quidem vitam, quae est
sola vita nominanda. Nam, dum sumus inclusi in
his compagibus corporis, munere quodam
necessitatis et gravi opere perfungimur; est enim
animus caelestis ex altissimo domicilio
depressus et quasi demersus in terram, locum
divinae naturae aeternitatique contrarium. Sed
credo deos immortalis sparsisse animos in
corpora humana, ut essent, qui terras tuerentur,
quique caelestium ordinem contemplantes
imitarentur eum vitae modo atque constantia.
Nec me solum ratio ac disputatio impulit, ut ita
crederem, sed nobilitas etiam summorum
philosophorum et auctoritas.
Yo mismo no entiendo por qué motivo no me
atrevo a exponer mi opinión acerca de la muerte
pues, cuanto más cerca estoy de ella, creo que
vivo más consciente de su realidad. Yo pienso que
vuestros padres, el tuyo Escipión, el tuyo Lelio,
preclaros varones y muy amigos míos, viven su
vida, una vida digna de ser llamada así. Pues
mientras el alma, arrojada del domicilio celestial,
y casi hundida en la tierra, lugar opuesto a la
divina naturaleza y a la eternidad, está aprisionada
en esta estructura del cuerpo, tenemos que realizar
trabajos gravosos y obligaciones impuestas por
necesidad. Sin embargo creo, que los dioses
inmortales han infundido el alma en el cuerpo
humano para que haya quienes vigilen la tierra, y
contemplando el orden astral, imiten en el modo y
constancia de la vida. A mí me impulsa a creerlo,
no sólo la razón de este debate sino también la
reconocida autoridad y nobleza de los mejores
filósofos.
78. Audiebam Pythagoram Pythagoreosque,
incolas paene nostros, qui essent Italici
philosophi quondam nominati, numquam,
dubitasse, quin ex universa mente divina
delibatos animos haberemus. Demonstrabantur
mihi praeterea, quae Socrates supremo vitae die
de immortalitate aminorum disseruisset, is qui
esset omnium sapientissimus oraculo Apollinis
iudicatus. Quid multa? Sic persuasi mihi, sic
sentio, cum tanta celeritas animorum sit, tanta
memoria praeteritorum futurorumque prudentia,
tot artes, tantae scientiae, tot inventa, non posse
eam naturam, quae res eas contineat, esse
Yo había entendido que Pitágoras y los
pitagóricos, a quienes se denominaban filósofos
itálicos, casi colonos nuestros, jamás pusieron en
duda que tuviéramos un alma emanada de la
divina inteligencia universal. Lo demostraban con
aquellos argumentos que Sócrates había expuesto
sobre la inmortalidad del alma en el último día de
su vida. Sócrates, que, según el oráculo de Apolo,
es considerado el más sabio de todos los seres
humanos. ¿Qué más? Estoy convencido y así
pienso: puesto que tanta es la rapidez de
pensamiento de las almas, tantos los recuerdos de
las cosas pasadas y tanta la prudencia acerca de