Página 28 - senectute

Versión de HTML Básico

Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z
27
tantus illi cursus honorum fuit; atque huius
extrema aetas hoc beatior quam media, quod
auctoritatis habebat plus, laboris minus; apex est
autem senectutis auctoritas.
ellos
consideraban
necesarios
para
ser
denominados "senes", sin embargo su vejez fue
más feliz que la media del resto de los ancianos
porque tenían más poder y menos preocupaciones.
La corona de la vejez es la autoridad.
61. Quanta fuit in L. Caecilio Metello, quanta in
A. Atilio Calatino! in quem illud elogium: 'Hunc
unum plurimae consentiunt gentes populi
primarium fuisse virum.' Notum est carmen
incisum in sepulcro. Iure igitur gravis, cuius de
laudibus omnium esset fama consentiens. Quem
virum nuper P. Crassum, pontificem maximum,
quem postea M. Lepidum eodem sacerdotio
praeditum, vidimus! Quid de Paulo aut Africano
loquar aut, ut iam ante, de Maximo? quorum non
in sententia solum, sed etiam in nutu residebat
auctoritas. Habet senectus, honorata praesertim,
tantam auctoritatem, ut ea pluris sit quam omnes
adulescentiae voluptates.
¡Cuánta fue la autoridad de Lucio Cecilio
Metelo!, ¡Cuánta la de Atilio Calantino, en cuyo
honor se escribió aquel famoso elogio: "La
mayoría de los ciudadanos están de acuerdo en
que éste es un varón único, el más importante del
pueblo!" Este poema está grabado en su tumba, y,
con pleno derecho, su fama es conocida por todos.
Recientemente hemos conocido a otro gran
hombre: Publio Crasso, pontífice máximo, a quien
después Marco Lépido, le sucedió en ese mismo
cargo. ¿Qué he de decir de Paulo, o del Africano,
o, como he citado antes, de Máximo, cuya
autoridad residía, tanto en sus sentencias, como en
sus movimientos de cabeza? La vejez tiene tanta
autoridad que satisface mucho más que todos los
placeres juntos de la juventud, sobre todo la de
quien ha ejercido la magistratura.
XVIII. 62. Sed in omni oratione mementote eam
me senectutem laudare, quae fundamentis
adulescentiae constituta sit. Ex quo efficitur id
quod ego magno quondam cum assensu omnium
dixi, miseram esse senectutem quae se oratione
defenderet. Non cani, nec rugae repente
auctoritatem arripere possunt, sed honeste acta
superior aetas fructus capit auctoritatis extremos.
No obstante debéis recordar que en toda mi
disertación he defendido una buena ancianidad,
basada en unos buenos cimientos de la
adolescencia. Se deduce pues lo que dije en otro
momento con el aplauso de todos: que la
ancianidad es desgraciada si se tiene que defender
con discursos. Ni los cabellos blancos, ni las
arrugas hacen surgir de repente la autoridad. Los
frutos de la autoridad los produce la edad vivida
honestamente desde el principio.
63. Haec enim ipsa sunt honorabilia quae
videntur levia atque communia, salutari, adpeti,
decedi, adsurgi, deduci, reduci, consuli; quae et
apud nos et in aliis civitatibus, ut quaeque
optime
morata
est,
ita
diligentissime
observantur. Lysandrum Lacedaemonium, cuius
modo feci mentionem, dicere aiunt solitum
Lacedaemonem esse honestissimum domicilium
senectutis: nusquam enim tantum tribuitur aetati,
nusquam est senectus honoratior. Quin etiam
memoriae proditum est, cum Athenis ludis
quidam in theatrum grandis natu venisset,
magno consessu locum nusquam ei datum a suis
civibus; cum autem ad Lacedaemonios
accessisset, qui legati cum essent, certo in loco
consederant, consurrexisse omnes illi dicuntur et
senem sessum recepisse.
Cosas comunes como ser respetado, ser querido,
que le cedan el paso a uno, ser acompañado al
salir de casa y al volver a ella, ser consultado,
hechos que nos gusta sean cumplidos con toda
diligencia, son frutos honrosos, aunque parezcan
insignificantes, no sólo para nosotros sino
también para todos los ciudadanos. Cada cual se
adapta a las costumbres del mejor modo. Se
cuenta que Lisandro el Lacedemonio, a quien
mencioné anteriormente, solía decir que
Lacedemonia era un lugar muy adecuado para la
vejez. En efecto, jamás se ha agasajado tanto, ni
se ha honrado a la vejez en ninguna otra parte
como allí. Se cuenta que durante los grandes
juegos de Atenas, cuando se representaba una
obra en el teatro un anciano pasó por delante de
los atenienses y ninguno se levantó pasó después