Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z
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aetate crescunt, ut honestum illud Solonis sit,
quod ait versiculo quodam, ut ante dixi,
senescere se multa in dies addiscentem, qua
voluptate animi nulla certe potest esse maior.
la bebida, los banquetes, los juegos, el sexo, con
aquellos placeres de la mente? Ciertamente estos
son afanes de los estudiosos, de los prudentes y
bien formados, y crecen en proporción a la edad,
de ahí aquella afirmación de Solón que aparece en
un versículo de su obra: "Se envejece aprendiendo
cada día muchas cosas". Pienso que no puede
existir un placer mayor para el alma.
XV. 51. Venio nunc ad voluptates agricolarum,
quibus ego incredibiliter delector; quae nec ulla
impediuntur senectute et mihi ad sapientis vitam
proxime videntur accedere. Habent enim
rationem cum terra, quae numquam recusat
imperium nec umquam sine usura reddit, quod
accepit, sed alias minore, plerumque maiore cum
faenore. Quamquam me quidem non fructus
modo, sed etiam ipsius terrae vis ac natura
delectat. Quae cum gremio mollito ac subacto
sparsum semen excepit, primum id occaecatum
cohibet, ex quo occatio, quae hoc efficit,
nominata est, deinde tepefactum vapore et
compressu suo diffundit et elicit herbescentem
ex eo viriditatem, quae nixa fibris stirpium
sensim adulescit culmoque erecta geniculato
vaginis iam quasi pubescens includitur; ex
quibus cum emersit, fundit frugem spici ordine
structam et fcontra avium minorum morsus
munitur vallo aristarum.
Ahora me voy a referir a los placeres de los
trabajos de la tierra, con los que yo disfruto
enormemente, placeres que en absoluto les son
impedidos a los ancianos. Al contrario, a mí me
parece que están muy de acuerdo con la vida del
sabio. En efecto su actividad se relaciona con la
tierra, que nunca rehúsa lo que se le impone ni
tampoco devuelve con reproche lo que recibió.
Algunas veces con menor abundancia, pero en la
mayoría de las ocasiones, con creces. A mí,
aunque no me dedico mucho a ella, me agrada la
fertilidad natural de la tierra en sí misma. La tierra
acoge la semilla esparcida en el surco mullido de
arriba abajo. Primero la acoge en sus entrañas, de
ahí el nombre de "occatio"(rastrillaje); después
difunde la semilla arropada por la humedad de la
tierra, y, su propia calidez, hace brotar la verdura
en forma de hierba, que aferrada a las raíces,
crece espontáneamente erecta en un tallo nudoso.
Aún muy joven, se encierra en su vaina. Cuando
sale de ella muestra su fruto en forma de espiga y
se defiende de los picotazos de los insectos a
través de un reborde de aristas.
52. Quid ego vitium ortus, satus, incrementa
commemorem? Satiari delectatione non possum,
ut meae senectutis requiem oblectamentumque
noscatis. Omitto enim vim ipsam omnium, quae
generantur e terra; quae ex fici tantulo grano aut
ex acini vinaceo aut ex ceterarum frugum aut
stirpium minutissimis seminibus tantos truncos
ramosque procreet. Malleoli, plantae, sarmenta,
viviradices, propagines, nonne efficiunt, ut
quemvis cum admiratione delectent? Vitis
quidem, quae natura caduca est et, nisi fulta est,
fertur ad terram, eadem, ut se erigat claviculis
suis quasi manibus quicquid est nacta,
complectitur; quam serpentem multiplici lapsu
et erratico ferro amputans coercet ars
agricolarum, ne silvescat sarmentis et in omnis
partis nimia fundatur.
¿Qué voy a comentar acerca del cultivo de la vid
y de su crecimiento? Disfruto con este placer. Os
lo digo para que conozcáis perfectamente el
sosiego y las diversiones de mi vejez. En efecto,
no paso por alto la fuerza generadora de la tierra,
la cual hace que crezcan grandes troncos y ramas
a partir de un insignificante grano de trigo, de una
pepita de uva o de las diminutas semillas de otras
plantas. ¿Acaso este engendro de estaquillas,
plantones, semillas, vástagos, no producen placer
a quién los observa con admiración? Así la vid,
que es descendente por naturaleza, cae hacia la
tierra, a no ser que se le ponga una estaca. Esta
vid se asegura con sus propios zarcillos como si
fuesen manos, para mantenerse levantada, la
mayoría de las vides las encuentras así. La
habilidad de los agricultores, cortando con la
podadora la rama que serpentea errática de mil
maneras, guía a la vid para que no se enreden sus