Página 19 - senectute

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Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z
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habebant; vigebat in illa domo mos patrius et
disciplina.
casa estaban vigentes las costumbres patrias y la
disciplina.
38. Ita enim senectus honesta est, si se ipsa
defendit, si ius suum retinet, si nemini
emancipata est, si usque ad ultimum spiritum
dominatur in suos. Ut enim adulescentem in quo
est senile aliquid, sic senem in quo est aliquid
adulescentis probo; quod qui sequitur, corpore
senex esse poterit, animo numquam erit.
Septimus mihi liber Originum est in manibus;
omnia antiquitatis monumenta colligo; causarum
inlustrium quascumque defendi nunc cum
maxime conficio orationes; ius augurium,
pontificium, civile tracto; multum etiam Graecis
litteris utor, Pythagoreorumque more exercendae
memoriae gratia, quid quoque die dixerim,
audierim, egerim, commemoro vesperi. Hae sunt
exercitationes ingeni, haec curricula mentis, in
his desudans atque elaborans corporis vires non
magno opere desidero. Adsum amicis, venio in
senatum frequens ultroque adfero res multum et
diu cogitatas, easque tueor animi, non corporis
viribus. Quas si exsequi nequirem, tamen me
lectulus meus oblectaret ea ipsa cogitantem,
quae iam agere non possem; sed ut possim, facit
acta vita. Semper enim in his studiis
laboribusque viventi non intellegitur quando
obrepat senectus. Ita sensim sine sensu aetas
senescit nec subito frangitur, sed diuturnitate
exstinguitur.
La ancianidad es llevadera si se defiende a sí
misma, si conserva su derecho, si no está
sometida a nadie, si hasta su último momento el
anciano es respetado entre los suyos. Como en el
adolescente hay algo de senil, también en el
anciano hay algo de adolescente, lo reconozco.
Quien siga esta norma podrá ser anciano de
cuerpo pero no de espíritu. Tengo ahora entre mis
manos el libro
"Los Orígenes"
donde recopilo
todos los recuerdos de la antigüedad.
Precisamente ahora acabo de recopilar los
discursos más importantes de los asuntos
judiciales que yo defendí. Ahora me ocupo del
derecho de los augures, pontificio y civil, pero
todavía estudio con mucho interés la literatura
griega. Y, a la manera de los pitagóricos, recuerdo
por la noche todas las acciones realizadas a lo
largo del día para ejercitar la memoria. Estos son
los ejercicios del ingenio, los ejercicios de la
mente. Trabajando con el máximo esfuerzo en
estos asuntos, no echo de menos las fuerzas físi-
cas. También estoy siempre a disposición de los
amigos, voy con frecuencia al Senado y, de vez en
cuando, aporto propuestas muy meditadas y largo
tiempo observadas, no con las fuerzas corporales,
sino con las del espíritu. Si yo no estuviera en
situación de poder realizar estas cosas, desde mi
lecho me recrearía pensando en lo que no podría
ejecutar. Pero, según la conducta observada a lo
largo de mi vida, puedo llevarlas a cabo. Quien
vive en medio de estos afanes y trabajos, no sabe
en qué momento le puede sorprender la vejez. La
vida va transcurriendo sin darse uno cuenta, no se
quiebra de repente, la lámpara de la vida se va
extinguiendo poco a poco, día y noche.
XII. 39. Sequitur tertia vituperatio senectutis,
quod eam carere dicunt voluptatibus. O
praeclarum munus aetatis, siquidem id aufert a
nobis, quod est in adulescentia vitiosissimum!
Accipite enim, optimi adulescentes, veterem
orationem Archytae Tarentini, magni in primis
et praeclari viri, quae mihi tradita est cum essem
adulescens Tarenti cum Q. Maximo. Nullam
capitaliorem pestem quam voluptatem corporis
hominibus dicebat a natura datam, cuius
voluptatis avidae libidines temere et ecfrenate ad
potiendum incitarentur.
Entramos en el tercer reproche que se le tacha
a la vejez: que dicen que carece de placeres
¡O preclaro privilegio de la edad, si ésta en verdad
nos arrebatara lo que es el principal vicio en la
juventud! Escuchad el viejo discurso del Aretino
Arquitas, hombre de los más ilustres y preclaros,
que me transmitieron de joven estando yo en
Tarento con Quinto Máximo. Decía que ninguna
peste tan fuerte había sido concedida a los hom-
bres por la naturaleza como el placer corporal,
pues los deseos desenfrenados incitan sin control
al goce.