Página 17 - senectute

Versión de HTML Básico

Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z
16
cum tribunus militaris depugnavi apud
Thermopylas M'. Glabrione consule; sed tamen,
ut vos videtis, non plane me enervavit, non
adflixit senectus, non curia vires meas desiderat,
non rostra, non amici, non clientes, non hospites.
Nec enim umquam sum adsensus veteri illi
laudatoque proverbio, quod monet 'mature fieri
senem, si diu velis senex esse.' Ego vero me
minus diu senem esse mallem quam esse senem,
ante quam essem. Itaque nemo adhuc convenire
me voluit, cui fuerim occupatus.
después, cuando luché como tribuno militar en
Las Termópilas, siendo cónsul Manio Glabrión.
Pero como vosotros sabéis muy bien, la vejez no
me ha agotado profundamente, ni me ha
derribado: ni El Senado, ni la tribuna, ni los
amigos, ni mis clientes echan de menos mis
fuerzas. Yo jamás he estado de acuerdo con aquel
alabado y antiguo proverbio que advierte de que
"se hace uno viejo prematuramente si se quiere
ser viejo día a día". Yo nunca he querido ser
anciano ni por un solo instante antes de llegar a
serlo. Hasta ahora, aunque estuviera muy
ocupado, he recibido siempre a quien quiso
consultarme.
32. At minus habeo virium quam vestrum
utervis. Ne vos quidem T. Ponti centurionis
vires habetis; num idcirco est ille praestantior?
Moderatio modo virium adsit, et tantum
quantum potest quisque nitatur, ne ille non
magno desiderio tenebitur virium. Olympiae per
stadium ingressus esse Milo dicitur, cum umeris
sustineret bovem. Utrum igitur has corporis an
Pythagorae tibi malis vires ingeni dari? Denique
isto bono utare, dum adsit, cum absit, ne
requiras, nisi forte adulescentes pueritiam,
paululum aetate progressi adulescentiam debent
requirere. Cursus est certus aetatis et una via
naturae, eaque simplex, suaque cuique parti
aetatis tempestivitas est data, ut et infirmitas
puerorum, et ferocitas iuvenum et gravitas iam
constantis aetatis et senectutis maturitas naturale
quiddam habeat, quod suo tempore percipi
debeat.
También es verdad que tengo menos fuerzas
físicas que vosotros dos. Tampoco vosotros tenéis
las mismas fuerzas que el centurión Tito Pontus y
por eso ¿vale más él que vosotros? Un uso
moderado de las fuerzas es bueno y apoyarse en
ellas lo que cada uno pueda, también. Se dice que
Milón ingresó en el Olimpo porque en la
competición corrió en el estadio con una oveja
sobre sus hombros. Pero ¿acaso prefieres sus
fuerzas corporales al ingenio que la naturaleza dio
a Pitágoras? Uno debe servirse de este bien,
mientras lo tenga, pero cuando falte, no lo
busques. La adolescencia no debe buscar la
infancia ni la edad media, la juventud. El curso de
la edad está determinado y el camino de la
naturaleza es único y sencillo. A cada periodo de
la vida se le ha dado su propia inquietud: la
inseguridad a la infancia, la impetuosidad a la
juventud, la sensatez y la constancia a la edad
media, la madurez a la ancianidad. Estas
circunstancias se dan con la mayor naturalidad y
se deben aceptar en las diferentes etapas de la
vida.
34. Audire te arbitror, Scipio, hospes tuus avitus
Masinissa quae faciat hodie nonaginta natus
annos; cum ingressus iter pedibus sit, in equum
omnino non ascendere; cum autem equo, ex
equo non descendere; nullo imbri, nullo frigore
adduci ut capite operto sit, summam esse in eo
siccitatem corporis, itaque omnia exsequi regis
officia et munera. Potest igitur exercitatio et
temperantia etiam in senectute conservare
aliquid pristini roboris. XI. Non sunt in
senectute vires. Ne postulantur quidem vires a
senectute. Ergo et legibus et institutis vacat aetas
nostra muneribus eis, quae non possunt sine
Pienso que habrás oído contar, Escipión, lo que
hizo Masinisa, invitado de tu abuelo. Con sus
noventa años va a pie a todas partes, jamás va a
caballo. Y si monta a caballo nunca se apea de él
aunque llueva o hiele. Ni siquiera se cubre la
cabeza. Disfruta de una salud robusta que le per-
mite cumplir con sus obligaciones de rey. Puede
ser que el ejercicio y la templanza le ayuden a
conservar parte del vigor de la juventud en su
ancianidad. Supongamos que no haya fuerzas
suficientes en la ancianidad; pero tampoco se le
pide fuerzas a la vejez. Las leyes y las
instituciones excusan a nuestra edad de obliga-