Página 71 - Literatura

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escribir aislado en su celda: es el caso de los monjes cartujos y de los
cistercienses; este tipo de copia presupone que el copista trabajaba
leyendo directamente un modelo. En los
scriptoria
, por el contrario,
los monjes escribían colectivamente al dictado, de manera que era
posible realizar varias copias simultáneamente.
Las características del
scriptorium
dependían de cada monasterio,
podía ser un edificio aparte dentro del recinto, o bien contar con va-
rias dependencias alineadas en las galerías que rodeaban el claustro.
Los copistas trabajaban mientras había luz diurna, una vez cumplidas
sus demás obligaciones. Un manuscrito acabado implicaba muchas
horas de trabajo silencioso, forzando la vista, con una luz pobre y sin
posibilidad de utilizar velas o candiles, por el peligro que suponía pa-
ra el libro, y en una postura que no permitía apoyar la espalda. Con
la mano derecha, el copista utilizaba la pluma de ganso para escribir,
con la izquierda, el
rasorium
, con el que afilaba la pluma, alisaba la
superficie irregular del pergamino o corregía los errores. Cada día el
copista copiaba una porción del
exemplar
o modelo que le habían en-
comendado, sin distraerse y sin manifestar su opinión jamás. En una
especie de ”trabajo en cadena”, para copiar una obra podían alternar-
se más de un copista, o bien trabajar al mismo tiempo repartiéndose
los cuaterniones.
A finales de la Edad Media un copista con experiencia escribía una
media de dos o tres folios por día, mientras que uno no profesional
podía escribir hasta nueve o diez, pero lo hacía cometiendo más faltas.
Copiar una obra requería a menudo varios meses, lo que puede dar
idea del costo de un códice así. Eso sin contar con el trabajo de los
iluminadores. Los copistas que contaban con experiencia y habilidad
eran muy apreciados ya que resultaba de trascendental importancia
que no hubiera errores en el proceso de copia, y de ello dependía la
reputación del
scriptorium
. Un manuscrito terminado y revisado era
un objeto de gran valor, por eso el robo era visto como un crimen.
Copistas laicos comenzaron a trabajar a sueldo en los scriptoria de
los monasterios ya desde el siglo VIII, pero su número creció con el
nacimiento de las Universidades, entre los siglos XII y XIII, cuando
comenzaron a establecer sus talleres en las proximidades de estas
instituciones, debido a que la demanda de libros había aumentado
notablemente.
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desarrollarse la literatura romana, surgió la necesidad de con-
tar con una escritura caligráfica libraria. En un principio lo que
se dio fue la simple transposición a tinta de los antiguos modelos de
escritura de las inscripciones sobre piedra, y particularmente de los