50 la transmisión de la literatura antigua
(
dealbatae
), es decir, cubiertas de un barniz blanco, o ”enceradas” (
ce-
ratae
), recubiertas de cera. Para escribir (
exarare
) sobre las tablillas en-
ceradas, se practicaba un rebaje en la superficie de éstas, en el cual se
vertía cera derretida, que posteriormente se ahumaba para que resal-
tasen las letras grabadas. Las tablillas llamadas en latín
tabellae
o
cerae
,
recibían también el nombre de
pugillares
, porque se sostenían con el
puño izquierdo (
pugnus
) para escribir con la mano derecha. Las ta-
blillas se utilizaban sobre todo para los ejercicios escolares, cuentas o
borradores. Se escribía mediante un punzón de madera, marfil, hueso
o metal, llamado
stilus
o, con el nombre griego,
graphium
. Las tabli-
llas, unidas con cuerdas o con cierres, formaban una especie de libro;
según el numero de tablillas unidas se hablaba de
duplices
,
triplices
,
etc., o con las palabras griegas,
diptycha
,
triptycha
,
polyptycha
(de
πτύξ
,
”lámina”).
El códice de pergamino
A
c
omienzos de nuestra era comenzó a emplearse otro soporte pa-
ra la escritura: el códice (
codex
). Se trata de un conjunto de cua-
dernos formados al doblar una o más hojas y cosidos unos con otros.
Hubo códices de papiro, pero terminó por imponerse el de perga-
mino (
codex membraneus
). El poeta Marcial, en el siglo I d.C., ponderó
las ventajas de los códices frente a los volúmenes, pero el proceso de
sustitución no comenzaría a imponerse hasta dos siglos más tarde, y
no se completó definitivamente hasta el siglo IV.
Un códice estaba formado por cuadernos, que eran pliegos de un
cierto número de hojas plegadas por el centro y cosidas, llamadas
bifolios; los bifolios de encajaban unos con otros de manera que el
primer folio del cuaderno tuviera por detrás el último, el segundo
el penúltimo, y así sucesivamente. Según el número de bifolios ple-
gados que componen el cuaderno se habla de biniones (dos bifolios
plegados), terniones (tres), cuaterniones (cuatro), que era el preferi-
do para el pergamino, quiniones (cinco), seniones (seis), que era el
preferido para los códices en papel.
El pergamino de los códices debía ser fino y bien alisado, pues
se escribía por ambas caras. Los romanos teñían los pergaminos de
distintos colores, sobre todo amarillo o rojo, porque su blancura se
ensuciaba y molestaba a la vista. Las caras más ásperas del pergamino
(la parte del pelo) se disponían de manera que coincidiesen, lo mismo
que las más lisas, las de la carne; así se conseguía que no hubiese
contraste entre las dos partes, que solían tener diferente coloración.
Para controlar la paginación y evitar alteraciones durante la fase
de encuadernación, hubo diversos procedimientos. Numerar el últi-
mo folio de cada cuaderno era lo que se conocía como ”signatura”.
Un procedimiento parecido era el del ”reclamo”: se escribía al final
del cuaderno las primeras palabras del cuaderno siguiente. En el si-