Página 62 - Literatura

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48 la transmisión de la literatura antigua
hasta que Johannes Gutenberg perfeccionó la imprenta de caracteres
móviles hacia
1440
. Así se hizo posible la multiplicación de las obras
vetustas, a veces conservadas en un único ejemplar, y se garantizó su
preservación definitiva.
a
.
2 soportes de la escritura en la antigüedad
Los rollos de papiro
E
l
libro no ha tenido siempre la forma en que lo conocemos hoy en
día. Para nosotros, un libro es un conjunto de hojas que se han
cosido o encuadernado por uno de sus lados. Al leerlo basta con ir
pasando sus hojas de papel, una tras otra, con un ligero movimiento
de los dedos. La consulta se ve facilitada por la numeración de las
páginas y por los índices. Podemos sostener un libro con una mano
mientras lo leemos porque la mayoría son muy livianos, y si sus di-
mensiones no permiten una lectura cómoda, podemos colocarlo sobre
una mesa o atril. En la Grecia clásica, punto de arranque del grueso
de nuestra tradición literaria, no había libros de esas características,
ni había papel, y, lo que es más, se podían encontrar muy pocas per-
sonas capaces de leer. Los griegos conocían la escritura desde el siglo
IX a.C. (en que adaptaron el silabario fenicio a las peculiaridades de
su lengua, creando el primer alfabeto occidental) pero no pusieron
sus obras literarias por escrito hasta varios siglos después, cuando
la prevalencia del carácter oral de sus tradiciones comenzó a decre-
cer. Lo que existía era el rollo o volumen: una banda, más o menos
ancha, confeccionada con hojas de papiro encoladas sucesivamente y
enrollada en una especie de bastón. El texto se escribía en columnas
regulares sólo por una de las caras del papiro, la que quedaba hacia
el interior cuando estaba enrollado; así se evitaba el deterioro pro-
ducido por el roce. Los inconvenientes de este tipo de ”libros” eran
muchos: para leerlos había que desenrollarlos, colocándolos sobre las
rodillas y sujetando la parte enrollada con una mano, al tiempo que
con la otra se iba desenrollando con cuidado. Su capacidad era muy
limitada, debían emplearse varios rollos si se trataba de una obra ex-
tensa; efectuar una consulta o verificar una cita se convertía, además,
en una engorrosa tarea.
Elaboración del papiro y de los rollos
L
os
tallos de la planta, ricos en celulosa, se partían en trozos de
unos
40
50
cm. de largo. Luego se cortaban finas láminas lon-
gitudinales y se aplanaban con un mazo. Las láminas se extendían