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LA TRANSMI S I ÓN DE LA L I T E RATURA ANT I GUA
a
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¿
cómo se preservó la literatura antigua
?
U
na
parte del legado de la Antigüedad clásica grecolatina ha podi-
do llegar hasta nosotros por vía directa, y podemos apreciarlo
en testimonios que aún perviven a pesar del tiempo transcurrido y
de los efectos, a menudo destructivos, que las sucesivas generaciones
han obrado sobre él: monumentos, inscripciones, monedas, cerámi-
cas, mosaicos, esculturas, etc. son testimonios directos de esa época
remota. Sin embargo, otra parte del saber antiguo, quizá la principal,
se ha conservado en forma de libros manuscritos (códices), copiados
sucesivamente por los monjes medievales.
Hubo numerosos factores que influyeron en la transmisión de las
obras antiguas. En primer lugar habría que mencionar el hecho de
que los gustos varían de una época a otra, haciendo que se conser-
ven las obras de los autores más prestigiosos, en detrimento de otros
que caen en el olvido. Por razones parecidas, se pone mayor interés
en conservar lo nuevo, dejando que lo antiguo se pierda si se con-
sidera superado. La conservación de las obras menos leídas estaba
encomendada a las grandes bibliotecas, pero estas eventualmente po-
dían quedar destruidas por incendios, como ocurrió con la Biblioteca
de Alejandría destruida definitivamente en el
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por las invasiones
musulmanas.
Aunque en menor grado de lo que podría suponerse, la prevención
del cristianismo hacia la literatura pagana, también pudo determinar
la suerte de algunas obras. Quizá no de manera intencionada. La esca-
sez de materiales y su levado coste era un factor selectivo importante
para determinar qué obras se copiaban. La carestía de materiales nue-
vos paliada con el aprovechamiento de los viejos explica también el
fenómeno de los
codices rescripti
(palimpsestos).
Las recopilaciones, antologías y resúmenes, que comenzaron a ela-
borarse ya en época romana, fueron perniciosas para las obras más
voluminosas, que dejaron de copiarse. En los periodos en se produjo
un cambio en el soporte principal de las obras literarias, por ejemplo
cuando los códices sustituyeron a los rollos de pergamino (siglos III-
IV), o cuando se comenzó a usar la escritura minúscula para las obras
literarias (siglos VIII-IX), hubo una gran pérdida de obras; aquellas
que no interesaban no se transcribieron o, en su caso, se translitera-
ron.
Con todo, la suerte de las obras que no se perdieron y se transmitie-
ron con el correr de los siglos se mantuvo en permanente precariedad
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