4
.
3 horacio
(
65
–
8 a
.
c
. )
23
poética. Nació en Venusia pero se trasladó a Roma donde estudió en
la escuela del famoso gramático Orbilio. De allí partió a Atenas para
cursar filosofía. Se alistó como tribuno militar en el ejército de Bruto
y participó en la batalla de Filipos. Después compró un puesto de
secretario de la caja y archivo del Estado y, en esa época, comenzó a
componer poesía. Virgilio y Vario lo recomendaron a Mecenas a cuyo
círculo se incorporó. Augusto quiso nombrarlo secretario personal
suyo, pero el poeta supo rechazar este compromiso sin herirle. Sin
embargo, fue importante el encargo que le hizo con motivo de la
fiesta secular del año
17
a.C. Murió el mismo año que Mecenas y fue
enterrado junto a él en el Esquilino.
Su obra es muy amplia: el primer libro de
Sátiras
está fechado en
el año
35
; el segundo y los
iambi
o
Epodos
el
30
; en el
23
publica
tres libros de
Odas
; entre el
23
y el
20
compone el primer libro de
las
Epistulae
y en torno al
15
el segundo; en el
17
el citado
Carmen
saeculare
, por encargo de Augusto; entre el
17
y el
13
el cuarto libro
de
Odas
; y, por último, a esta última época corresponde también la
carta literaria a Augusto.
Los
iambi
tienen su origen en la primitiva época griega. Su maestro
fue Arquíloco de Paros; y Horacio los compondrá de acuerdo con su
estilo y su espíritu. Recoge de los griegos el trímetro yámbico, pero
no el ataque desenfrenado contra personajes de la vida pública; las
pocas personas a las que ataca apenas tienen importancia (Mevio, un
poetastro; la bruja Canidia,. . . ). Así el género yámbico se convierte en
manos de Horacio en algo muy personal. Los gramáticos dieron a la
colección el nombre de
Epodos
porque en la mayoría de las composi-
ciones un verso más breve sigue a otro más largo.
En sus
Sermones
entra en competencia con Lucilio, a quien pretende
renovar. Pero estas obras pertenecen al género de la sátira y no vamos
a profundizar en su análisis. Sus cuatro libros de
Carmina
(llamadas
también
Odas
) conquistan la primitiva lírica griega para la literatu-
ra romana. Recrea así la forma poética más excelsa e inaccesible de
la poesía helénica: Píndaro, Baquílides, Anacreonte, Alceo y Safo. La
métrica de su versificación es la eólica; para más de la mitad de sus
poesías emplea las estrofas alcaica o sáfica y, también es una novedad,
su atención severa a las cesuras. Igualmente, tomó temas de Alceo o
Píndaro (la mitología ocupa un lugar importante). Por supuesto, el
orden de los poemas no es cronológico, predomina el principio de la
variación temática y métrica; casi todos están dedicados a persona-
lidades (Mecenas, sobre todo; Augusto, Virgilio. . . ) y los unifica su
carácter pragmático: la esperanza de verse asociado a los nueve poe-
tas líricos que siguen el canon griego. El libro IV de
Odas
, bastante
posterior a los otros, nos muestra ya a un Horacio maduro y resig-
nado. Celebra en él grandes acontecimientos políticos, muestra los
desengaños del amor y ve próxima la llegada de la muerte.