No parece que Catulo tuviese mucho interés por los cargos ni por la participación en la vida política; sólo nos
consta, por poemas como el X, XXXI y XLVI, que -quizá intentando escapar de la pasión que lo ataba a Lesbia-
estuvo en Bitinia a las órdenes de Memio, gobernador de dicha provincia, y que, además de pasarlo mal allí,
volvió -como él mismo comenta jocosamente- sin haber obtenido ningún provecho material. Sin embargo, hay
que señalar de forma especial un pequeño apartado de poemas que integran el
ataque a personajes políticos
, la
invectiva, que carga sus tintas en César, sin olvidarse de Pompeyo y de Mamurra. En el XXIX los reúne a los
tres, dispara directamente contra Mamurra, pero con la clarísima intención, en absoluto oculta por el poeta, de
atravesar a los otros dos: ¿
Quién puede ver esto, quién puede aguantarlo,... que Mamurra posea lo que antes
poseía la Galia Cabelluda...?...¿Por qué protegéis a este malvado?... ¿Y con esas credenciales, dueños y
señores de la ciudad, suegro y yerno, habéis echado todo a perder?.
En el LVII empareja a César y a
Mamurra y les dedica todo un florilegio de insultos. Dos son los poemas en que aparece solo César: el LIV, en el
que Catulo confirma que sus versos han llegado al general y le han indignado; y el XCIII, dos versos lapidarios
con los que el poeta deja patentes su desdén e indiferencia por César. A Mamurra le llama
dilapidador
en el XLI
y XXIX, "adúltero" en el XCIV; le señala en varios poemas con el apodo de
Minga
(XCIV, CV, CXIV y CXV);
pone en ridículo sus intentos de hacer poesía en el CV; utiliza en el CXIV la ironía para dejar claro que
Mamurra, a pesar de sus posesiones, no tiene para comer, y en el CXV lo remata con
mucho más grande es el
dueño: no es un hombre, sino una gran minga amenazante.
No falta tampoco entre los temas de la poesía de Catulo el de la
querencia por los lugares
. Efectivamente, el
poeta muestra una especial predilección -dejando aparte a Roma, donde vivió intensamente- por otros sitios que
le dejaron una profunda huella: su ciudad natal, Verona, sus posesiones en Sirmión y Tíbur,
las ilustres
ciudades de Asia
(como él mismo dice en el XLVI), tan llenas de ecos literarios para el poeta.
Hasta tal punto siente una cariñosa inclinación por estos lugares, que a dos de ellos les dirige en vocativo sendos
poemas: a Sirmión el XXXI y a la finca de Tíbur el XLIV. De Sirmión, localidad cercana a Verona, habla
elogiosamente y en los términos cariñosos que pueden emplearse con quien le alegra a uno la vida
: Sirmión,
joyita de las penínsulas y de las islas,... ¡Salud!, preciosa Sirmión,....
En parecidos términos habla a su finca
de Tíbur, tanto para darle las gracias porque la estancia del poeta en ella le ha repuesto de una afección, como
para defenderla de los que pretenden menospreciarla.
Una breve mención merece también el tema del
cariño a las pequeñas cosas
. En efecto, centro de la poesía de
Catulo son las pequeñas cosas de su entorno: el gorrión de Lesbia, una barca, un papiro, los endecasílabos. El
poema IV lo protagoniza una barca que se pone a hablar para presumir de sus cualidades. Pide el poeta en el
XXXV a un papiro que le sirva de recadero con su amigo Cecilio:
Al delicado poeta, mi colega Cecilio,
querría, papiro, le dijeras que venga a Verona....
En el XLII busca Catulo la ayuda de sus amigos los
endecasílabos (forma de llamar a los endecasílabos falecios) para que acosen a la mujer que le ha robado unas
tablillas. De forma delicada o sentida -en cualquier caso, íntima- descarga el poeta su pesar en el gorrión de su
amada:
¡Ojalá pudiera yo, como ella, jugar contigo y aliviar las tristes cuitas de mi alma!
(II); y deplora en el
III la muerte de ese mismo gorrión porque acarreará la pena de Lesbia.
Para que no falte nada en esta galería de figuras protagonistas de la poesía catuliana, contamos con las
composiciones en las que
el poeta se convierte en personaje de su poesía
. Y, aunque muchos son los poemas
de la colección en los que encontramos el nombre propio de Catulo, por no decir que prácticamente en la
totalidad aparece la primera persona poética, aquí sólo vamos a comentar en unas pocas palabras aquellos en los
que Catulo se convierte en segunda persona, en los que se vuelve personaje -uno más entre tantos de su poesía-
al que el 'yo' anima o critica o desdeña.
Catulo, el poeta, se confiesa con Catulo, el personaje. Hay poemas en los que lamenta su suerte o recrimina su
conducta, como en el VIII:
Desdichado Catulo, ¡que dejes de hacer tonterías...!
; o en la última estrofa del LI,
estrofa con la que el poeta amonesta al personaje para que éste vuelva a poner los pies en la tierra tras sus