una salus haec est, hoc est tibi peruincendum; 15
hoc facias, siue id non pote siue pote.
o di, si uestrum est misereri, aut si quibus umquam
extremo, iam ipsa in morte, tulistis opem,
me miserum aspicite et, si uitam puriter egi,
eripite hanc pestem perniciemque mihi! 20
hei mihi, subrepens imos ut torpor in artus
expulit ex omni pectore laetitias.
non iam illud quaero, contra me ut diligat illa,
aut, quod non potis est, esse pudica uelit:
ipse ualere opto et taetrum hunc deponere morbum. 25
o di, reddite mi hoc pro pietate mea!
LXXVII
Rufe mihi frustra ac nequiquam credite amice
-frustra? immo magno cum pretio atque malo-,
sicine subrepsti mi atque intestina perurens
ei misero eripuisti omnia nostra bona?
eripuisti, eheu nostrae crudele uenenum 5
uitae, eheu nostrae pestis amicitiae!
LXXVIII
Gallus habet fratres, quorum est lepidissima coniunx
alterius, lepidus filius alterius.
Gallus homo est bellus: nam dulces iungit amores,
cum puero ut bello bella puella cubet.
Gallus homo est stultus nec se uidet esse maritum, 5
qui patruus patrui monstret adulterium.
LXXVIIIa
(........................................)
sed nunc id doleo, quod purae pura puellae
sauia conminxit spurca saliua tua.
uerum id non impune feres: nam te omnia saecla
noscent et, qui sis, fama loquetur anus.
LXXIX
Lesbius est pulcer: quid ni? quem Lesbia malit
quam te cum tota gente, Catulle, tua.
sed tamen hic pulcer uendat cum gente Catullum,
si tria notorum sauia reppererit.
LXXX
Quid dicam, Gelli, quare rosea ista labella
hiberna fiant candidiora niue,
mane domo cum exis et cum te octaua quiete
e molli longo suscitat hora die?
nescioquid certe est: an uere fama susurrat 5
grandia te medii tenta uorare uiri?
sic certe est: clamant Victoris rupta miselli
ilia et emulso labra notata sero.
desgraciado? Difícil es dejar de repente un largo amor.
Difícil es, pero consíguelo como sea: ésa es tu única
salvación, ésa debe ser tu victoria; hazlo, puedas o no
puedas.
¡Dioses!, si es propio de vosotros sentir compasión, o
si a alguno alguna vez en el instante último, ya en el
momento preciso de su muerte, le prestasteis ayuda,
volved los ojos a este desdichado que soy, y, si he
pasado mi vida honradamente, arrancadme esta peste
y esta perdición: ¡ay!, penetrándome hasta lo más
profundo de mis entrañas como un letargo, expulsó de
todo mi corazón las alegrías. Ya no deseo eso, que ella
a su vez me quiera, o, lo que no es posible, que quiera
ser pudorosa: yo sólo deseo estar bien y abandonar
esta horrible enfermedad. ¡Dioses!, concedédmelo por
mi amor a vosotros.
LXXVII
Rufo(317), a quien en vano e inútilmente he
creído mi amigo (¿en vano? Mucho peor: a un precio
grande y doloroso), ¿así te infiltraste dentro de mí y,
abrasándome completamente las entrañas, arrancaste a
este desdichado que soy toda nuestra dicha? Me la
arrancaste, ¡ay!, cruel veneno de nuestra vida, ¡ay!,
peste de nuestra amistad.
LXXVIII
Galo(318) tiene dos hermanos, de los
cuales uno tiene una esposa muy atractiva, el otro un
hijo atractivo. Galo es un hombre primoroso, pues
une dulces amores, cuando acuesta con el muchacho
primoroso a la muchacha primorosa. Galo es un
idiota, y no cae en la cuenta de que él es un hombre
casado que, en su faceta de tío, llega a mostrar el
adulterio a costa de un tío.
LXXVIII a
(319) ... Pero ahora lamento esto: que tu
sucia saliva haya meado los besos puros de una
muchacha pura. Pero eso no te lo vas a llevar sin
castigo: pues todos los siglos te conocerán y la vieja
fama dirá qué clase de hombre eres.
LXXIX
Lesbio(320) es guapo. ¿Cómo no? A él Lesbia
lo prefiere antes que a ti y a toda tu familia, Catulo. Y,
sin embargo, que ese guapo ponga en venta a Catulo
con su familia si ha encontrado tres besos de sus
conocidos.
LXXX
¿Qué voy a decir, Gelio(321), de por qué esos
rosados labios tuyos se vuelven más blancos que la
nieve de invierno, cuando de mañana sales de casa y
cuando la hora octava(322) te saca de la muelle
tranquilidad en los días largos? No sé qué hay de
cierto: ¿o es verdad lo que susurran las habladurías de
que tú devoras la crecida tiesura de la entrepierna de
un hombre? Es cierto, sí: lo gritan los costados, rotos,
del pobrecito Víctor(323) y tus labios marcados con
suero ordeñado.