Página 48 - catulo

Versión de HTML Básico

quod scibant Parcae non longo tempore abisse, 85
si miles muros isset ad Iliacos:
nam tum Helenae raptu primores Argiuorum
coeperat ad sese Troia ciere uiros,
Troia (nefas) commune sepulcrum Asiae Europaeque,
Troia uirum et uirtutum omnium acerba cinis: 90
quaene etiam nostro letum miserabile fratri
attulit. ei misero frater adempte mihi,
ei misero fratri iocundum lumen ademptum!
tecum una tota est nostra sepulta domus,
omnia tecum una perierunt gaudia nostra, 95
quae tuus in uita dulcis alebat amor.
quem nunc tam longe non inter nota sepulcra
nec prope cognatos compositum cineris,
sed Troia obscena, Troia infelice sepultum
detinet extremo terra aliena solo. 100
ad quam tum properans fertur simul undique pubes
Graeca penetralis deseruisse focos,
ne Paris abducta gauisus libera moecha
otia pacato degeret in thalamo.
quo tibi tum casu, pulcerrima Laudamia, 105
ereptum est uita dulcius atque anima
coniugium: tanto te absorbens uertice amoris
aestus in abruptum detulerat barathrum,
quale ferunt Grai Pheneum prope Cylleneum
siccare emulsa pingue palude solum, 110
quod quondam caesis montis fodisse medullis
audit falsiparens Amphitryoniades,
tempore quo certa Stymphalia monstra sagitta
perculit imperio deterioris eri,
pluribus ut caeli tereretur ianua diuis, 115
Hebe nec longa uirginitate foret.
sed tuus altus amor barathro fuit altior illo,
qui tunc indomitam ferre iugum docuit:
nam nec tam carum confecto aetate parenti
una caput seri nata nepotis alit, 120
qui, cum diuitiis uix tandem inuentus auitis
nomen testatas intulit in tabulas,
impia derisi gentilis gaudia tollens
suscitat a cano uolturium capiti:
nec tantum niueo gauisa est ulla columbo 125
compar, quae multo dicitur improbius
oscula mordenti semper decerpere rostro
quam quae praecipue multiuola est mulier:
sed tu horum magnos uicisti sola furores,
ut semel es faluo conciliata uiro. 130
aut nihil aut paulo cui tum concedere digna
lux mea se nostrum contulit in gremium,
quam circumcursans hinc illinc saepe Cupido
fulgebat crocina candidus in tunica.
quae tamenetsi uno non est contenta Catullo, 135
rara uerecundae furta feremus erae,
ne nimium simus stultorum more molesti:
saepe etiam Iuno, maxima caelicolum,
coniugis in culpa flagrantem concoquit iram
noscens omniuoli plurima furta Iouis. 140
atqui nec diuis homines componere +aequum est+
(.....................................
........................................)
+ingratum tremuli tolle parentis onus+.
nec tamen illa mihi dextra deducta paterna
fragrantem Assyrio uenit odore domum,
apoyando su resplandeciente planta en el gastado
umbral, se detuvo sobre sus parlanchinas sandalias,
como en otros tiempos, ardiendo de amor por su
esposo, llegó Laodamía(300) a la casa de Protesilao, en
vano comenzada, cuando una víctima con su sagrada
sangre aún no había apaciguado a los señores
celestiales.
(¡Que nada me agrade en absoluto, virgen
Ramnusia(301), lo que se emprende contra la voluntad
de los dioses!) Hasta qué punto un altar ayuno puede
desear una sangre piadosa lo aprendió Laodamía, tras
perder a su marido, obligada a dejar escapar el cuello
de su reciente esposo antes que la llegada de sucesivos
inviernos hubiese saciado en sus largas noches su
ávido amor hasta el punto de poder vivir con su
matrimonio roto: porque las Parcas(302) sabían que
desaparecería en no largo tiempo, si se iba como
soldado a la muralla iliaca; pues entonces, por el rapto
de Helena, Troya empezaba a traer hacia sí a los
principales varones de los argivos, Troya -nombre
maldito-, sepulcro común de Asia y Europa, Troya,
amarga ceniza de varones y de todas las valentías, que
incluso acarreó a mi hermano una deplorable muerte.
(¡Ay, hermano arrancado a mí, para mi desdicha; ay,
luz gozosa que te han arrancado, pobre hermano! Al
tiempo que tú ha quedado enterrada nuestra casa
entera, al tiempo que tú han perecido todas nuestras
alegrías, que, en vida, alimentaba tu dulce amor(303).
A él ahora tan lejos, no entre sepulcros conocidos ni
cerca de cenizas de parientes enterrado, sino en la
siniestra Troya, en la funesta Troya, lo retiene
sepultado en el confín del mundo una tierra extraña).
Cuentan que, por dirigirse entonces hacia ella desde
todas partes en tropel, la juventud griega abandonó los
hogares familiares, para que Paris, ufano con el robo
de la adúltera, no pasara un pacífico descanso en un
tálamo sosegado. Esta desgracia, a ti, bellísima
Laodamía, te arrebató entonces un marido más dulce
que tu vida y tu alma: la pasión del amor, tragándote
en tan gran torbellino, te había arrastrado hasta un
desgarrado abismo, como el de Féneo, cerca de Cilene,
que -dicen los griegos- seca el fértil suelo, evaporado
el pantano, y que -es fama- en otro tiempo excavó,
horadando las entrañas del monte, el falso hijo de
Anfitrión, en la época en que, por mandato de un amo
inferior, mató con su certera saeta a los monstruos de
Estinfalo, para que la puerta del cielo fuese hollada
por más dioses y Hebe no tuviera una larga
soltería(304). Pero tu profundo amor fue más
profundo que aquel abismo, amor que te enseñó a ti,
entonces indómita, a soportar el yugo.
Pues ni para un abuelo de avanzada edad tan querida
es la presencia de un nieto tardío que cría su única hija,
nieto que, encontrado por fin para heredar las riquezas
del abuelo, apenas ha incluido su nombre en el
registro del testamento, quita al pariente burlado las
perversas alegrías y hace alejarse al buitre de la cana