Página 47 - catulo

Versión de HTML Básico

omnia tecum una perierunt gaudia nostra,
quae tuus in uita dulcis alebat amor.
cuius ego interitu tota de mente fugaui 25
haec studia atque omnes delicias animi.
quare, quod scribis Veronae turpe Catullo
esse, quod hic quisquis de meliore nota
frigida deserto tepefactet membra cubili,
id, mi Alli, non est turpe, magis miserum est. 30
ignosces igitur, si, quae mihi luctus ademit,
haec tibi non tribuo munera, cum nequeo.
nam, quod scriptorum non magna est copia apud me,
hoc fit, quod Romae uiuimus: illa domus,
illa mihi sedes, illic mea carpitur aetas; 35
huc una ex multis capsula me sequitur.
quod cum ita sit, nolim statuas nos mente maligna
id facere aut animo non satis ingenuo,
quod tibi non utriusque petenti copia posta est:
ultro ego deferrem, copia si qua foret. 40
non possum reticere, deae, qua me Allius in re
iuuerit aut quantis iuuerit officiis,
ne fugiens saeclis obliuiscentibus aetas
illius hoc caeca nocte tegat studium:
sed dicam uobis, uos porro dicite multis 45
milibus et facite haec carta loquatur anus
<uersibus ut nostris etiam post funera uiuat>
notescatque magis mortuus atque magis,
nec tenuem texens sublimis aranea telam
in deserto Alli nomine opus faciat. 50
nam, mihi quam dederit duplex Amathusia curam,
scitis, et in quo me torruerit genere,
cum tantum arderem quantum Trinacria rupes
lymphaque in Oetaeis Malia Thermopylis,
maesta neque assiduo tabescere lumina fletu 55
cessarent tristique imbre madere genae.
qualis in aerii perlucens uertice montis
riuus muscoso prosilit e lapide,
qui, cum de prona praeceps est ualle uolutus,
per medium densi transit iter populi, 60
dulce uiatori lasso in sudore leuamen,
cum grauis exustos aestus hiulcat agros,
hic uelut in nigro iactatis turbine nautis
lenius aspirans aura secunda uenit
iam prece Pollucis, iam Castoris implorata: 65
tale fuit nobis Allius auxilium.
is clausum lato patefecit limite campum,
isque domum nobis isque dedit dominam,
ad quam communes exerceremus amores.
quo mea se molli candida diua pede 70
intulit et trito fulgentem in limine plantam
innixa arguta constituit solea,
coniugis ut quondam flagrans aduenit amore
Protesilaeam Laudamia domum
inceptam frustra, nondum cum sanguine sacro 75
hostia caelestis pacificasset eros.
nil mihi tam ualde placeat, Ramnusia uirgo,
quod temere inuitis suscipiatur eris.
quam ieiuna pium desideret ara cruorem,
docta est amisso Laudamia uiro, 80
coniugis ante coacta noui dimittere collum,
quam ueniens una atque altera rursus hiems
noctibus in longis auidum saturasset amorem,
posset ut abrupto uiuere coniugio:
aflicción por la muerte de mi hermano me arrancó
todo el empeño. (¡Oh hermano, arrancado a mí, para
mi desdicha!; tú con tu muerte has roto mi sosiego, tú,
hermano; al tiempo que tú ha quedado enterrada
nuestra casa entera, al tiempo que tú han perecido
todas nuestras alegrías, que, en vida, alimentaba tu
dulce amor(293). Pues, con tu desaparición, he
ahuyentado yo de mi alma entera estas aficiones y
todos los goces del espíritu). Por ello, eso que
escribes(294) de que es humillante para Catulo estar en
Verona, porque, aquí, cualquiera de alcurnia puede
entibiar sus helados miembros en la habitación que ha
abandonado, eso, mi querido Alio, no es humillante,
es más una desgracia. Me perdonarás, pues, si los
dones que mi aflicción me arrancó, ésos, no te los
proporciono porque no puedo. Pues, el no tener
conmigo una gran cantidad de libros se debe a que
vivimos en Roma: aquélla es mi casa, aquélla mi
residencia, allí se consume mi vida; hasta aquí me
sigue, de mis muchos, un solo cofrecillo. Como esto
es así, no querría que te hicieras la idea de que yo obro
con mala intención o con un espíritu no demasiado
noble, porque a ti, que me lo has pedido, no te he
proporcionado ninguna de las dos cosas:
espontáneamente te las ofrecería si tuviera alguna
posibilidad.
No puedo callar, diosas, en qué asunto me ayudó Alio
ni con cuán grandes servicios me ayudó, no sea que la
fugacidad de la vida con el olvido de las generaciones
cubra con ciega noche estos desvelos suyos; sino que
os lo diré a vosotros, vosotros luego decídselo a
muchos miles y haced que este papel, de viejo, hable,
para que viva en mis versos incluso después de la
muerte(295) y que, muerto él, se haga conocido más y
más, y la araña que teje en lo alto su tela transparente
no cumpla su tarea sobre el nombre, desconocido, de
Alio. Pues sabéis qué preocupación me trajo la doble
diosa de Amatunte(296) y en qué tipo de fuegos me
abrasó cuando ardía yo tanto como la roca Trinacria y
el manantial del golfo Maliaco en las Termópilas del
Eta(297), y, afligidos, mis ojos no dejaban de
consumirse en un llanto continuo ni mis mejillas de
humedecerse con triste lluvia de lágrimas.
Como límpido en la cumbre de un elevado monte
brota de una piedra musgosa un arroyo, y, cuando ha
rodado entre las peñas desde un valle inclinado,
atraviesa por el medio de un camino de frecuente
gentío, dulce alivio para el fatigado viajero en su
sudor, cuando agobiante el verano agrieta los campos
abrasados; o como, zarandeados en negro remolino,
en ese momento a los marinos les llega una brisa
favorable que sopla muy suavemente, implorada ya
con preces a Pólux, ya a Cástor(298): un socorro tal
fue para mí Alio. Él abrió con ancha linde un campo
vallado, y él me dio una casa y una dueña junto a la
cual entregarme a amores recíprocos. Hacia allí se
dirigió mi blanca diosa(299) con delicado pie y,