dicitur et miseram conscelerasse domum,
siue quod impia mens caeco flagrabat amore, 25
seu quod iners sterili semine natus erat
et quaerendus (... + ...) unde foret neruosius illud,
quod posset zonam soluere uirgineam.'
egregium narras mira pietate parentem,
qui ipse sui gnati minxerit in gremium! 30
'atqui non solum hoc dicit se cognitum habere
Brixia Cycneae supposita speculae,
flauus qua molli praecurrit flumine Mella,
Brixia, Veronae mater amata meae;
sed de Postumio et Corneli narrat amore, 35
cum quibus illa malum fecit adulterium.
dixerit hic aliquid: ''quid? tu istaec, ianua, nosti,
cui numquam domini limine abesse licet
nec populum auscultare, sed hic suffixa tigillo
tantum operire soles aut aperire domum?'' 40
saepe illam audiui furtiua uoce loquentem
solam cum ancillis haec sua flagitia,
nomine dicentem quos diximus, utpote quae mi
speret nec linguam esse nec auriculam.
praeterea addebat quendam, quem dicere nolo 45
nomine, ne tollat rubra supercilia:
longus homo est, magnas cui lites intulit olim
falsum mendaci uentre puerperium.'
LXVIII
Quod mihi fortuna casuque oppressus acerbo
conscriptum hoc lacrimis mittis epistolium,
naufragum ut eiectum spumantibus aequoris undis
subleuem et a mortis limine restituam,
quem neque sancta Venus molli requiescere somno 5
desertum in lecto caelibe perpetitur,
nec ueterum dulci scriptorum carmine Musae
oblectant, cum mens anxia peruigilat,
id gratum est mihi, me quoniam tibi dicis amicum
muneraque et Musarum hinc petis et Veneris. 10
sed tibi ne mea sint ignota incommoda, mi Alli,
neu me odisse putes hospitis officium,
accipe, quis merser fortunae fluctibus ipse,
ne amplius a misero dona beata petas.
tempore quo primum uestis mihi tradita pura est, 15
iocundum cum aetas florida uer ageret,
multa satis lusi; non est dea nescia nostri,
quae dulcem curis miscet amaritiem:
sed totum hoc studium luctu fraterna mihi mors
abstulit. o misero frater adempte mihi, 20
tu mea tu moriens fregisti commoda, frater,
tecum una tota est nostra sepulta domus,
molesta en saberlo.
(El poeta)
Yo lo quiero: no dudes en decírmelo.
(La puerta)
Primero, pues, eso que se cuenta de que
se me ha entregado una doncella es falso. A ella no la
habrá tocado el primero su marido, cuyo puñalito, que
le cuelga más lacio que una acelga tierna, nunca se le
levantó ni a la mitad de la túnica; dicen, en cambio,
que fue el padre quien violó el lecho de su hijo y
mancilló la desgraciada casa, bien sea porque su
perverso corazón ardía de ciego amor, bien porque el
hijo era impotente y de semen estéril y se tuvo que
buscar por donde fuera algo con más garra que
pudiera desatar el cinturón virginal.
(El poeta)
Me hablas de un padre extaordinario por
su admirable amor filial, ya que él mismo ha meado en
el regazo de su hijo.
(La puerta)
Pero no sólo eso dice que tiene conocido
Brixia, situada al pie de la atalaya cicnea, por la que
corre el dorado Mela con su suave corriente, Brixia,
amada madre de mi Verona, sino que habla de
Postumio y del amor de Cornelio(288), con los que
ella cometió un vil adulterio. A esto dirán una cosa:
"¿Cómo? ¿Sabes tú esas cosas, puerta, tú, que nunca
has podido alejarte del umbral de tu dueño ni escuchar
a la gente, sino que aquí fijada a la viga no haces otra
cosa que cerrar y abrir la casa?" A menudo la oí contar
entre cuchicheos, sola con sus esclavas, sus pecadillos
y decir por su nombre a los que he dicho, porque fiaba
ella en que yo no tenía ni lengua ni oreja. Además,
añadía a otro de quien no quiero decir su nombre para
que no levante el rojo entrecejo; es un hombre alto a
quien antaño el falso parto de un vientre mentiroso
acarreó un gran proceso.
LXVIII
(289) El hecho de que me envíes esta pequeña
carta, escrita con tus lágrimas, abrumado tú por una
suerte y una desgracia amarga, para que, como a un
náufrago zarandeado por las espumantes olas del mar,
te salve y te arranque del umbral de la muerte, pues ni
la sagrada Venus te deja descansar con muelle sueño,
abandonado en lecho célibe, ni las Musas te deleitan
con el dulce canto de los viejos escritores, cuando tu
corazón angustiado anda en vela: eso me es grato,
porque me consideras amigo tuyo y, en consecuencia,
me pides los dones de las Musas y de Venus.
Pero, para que no te sean desconocidos mis pesares,
mi querido Alio, ni creas que yo aborrezco el deber de
hospitalidad(290), entérate en qué vaivenes de la
fortuna me debato yo mismo, para que no pidas en
adelante de este desdichado que soy felices dádivas.
En el tiempo en que por primera vez se me entregó la
vestidura blanca(291), cuando mi edad en flor
disfrutaba de una primavera radiante, jugueteé
bastante con el amor. No me desconoce la diosa que
mezcla con las cuitas una dulce amargura(292); pero la