Página 45 - catulo

Versión de HTML Básico

nunc uos, optato quas iunxit lumine taeda,
non prius unanimis corpora coniugibus 80
tradite nudantes reiecta ueste papillas,
quam iocunda mihi munera libet onyx,
uester onyx, casto colitis quae iura cubili.
sed quae se impuro dedit adulterio,
illius, a, mala dona leuis bibat irrita puluis: 85
namque ego ab indignis praemia nulla peto.
sed magis, o nuptae, semper concordia uestras,
semper amor sedes incolat assiduus.
tu uero, regina, tuens cum sidera diuam
placabis festis luminibus Venerem, 90
unguinis expertem non siris esse tuam me,
sed potius largis affice muneribus.
sidera +cur iterent+ utinam coma regia fiam:
proximus Hydrochoi fulgeret Oarion!
LXVII
O dulci iocunda uiro, iocunda parenti,
salue, teque bona Iuppiter auctet ope,
ianua, quam Balbo dicunt seruisse benigne
olim, cum sedes ipse senex tenuit,
quamque ferunt rursus nato seruisse maligne, 5
postquam es porrecto facta marita sene:
dic agedum nobis, quare mutata feraris
in dominum ueterem deseruisse fidem.
'non (ita Caecilio placeam, cui tradita nunc sum)
culpa mea est, quamquam dicitur esse mea, 10
nec peccatum a me quisquam pote dicere quicquam:
uerum +istius populi ianua qui te+ facit!
qui, quacumque aliquid reperitur non bene factum,
ad me omnes clamant: Ianua, culpa tua est.'
non istuc satis est uno te dicere uerbo, 15
sed facere, ut quiuis sentiat et uideat.
'qui possum? nemo quaerit nec scire laborat.'
nos uolumus; nobis dicere ne dubita.
'primum igitur, uirgo quod fertur tradita nobis,
falsum est. non illam uir prior attigerit, 20
languidior tenera cui pendens sicula beta
numquam se mediam sustulit ad tunicam;
sed pater illius gnati uiolasse cubile
Licaón, me dirijo hacia el ocaso, como guía delante del
lento Boyero(277), que con dificultad se sumerge tarde
en el profundo Océano. Pero, aunque de noche me
pisan las huellas de los dioses(278), el día, sin
embargo, me devuelve a la cana Tetís(279) (con tu
permiso se me consienta hablar ahora, virgen
Ramnusia(280), pues yo no ocultaré la verdad por
ningún temor, ni siquiera aunque los astros me
desgarren con sus palabras hostiles para que no
descubra yo los secretos de mi pecho).
No me alegro tanto por estas cosas como me
atormento porque siempre estaré lejos, estaré lejos de
la cabeza de mi dueña, con la que yo, mientras fue
doncella en otro tiempo, desconocedora ella de toda
clase de perfumes de una casada, bebí muchos
vulgares(281).
Ahora vosotras, a las que unió en el día deseado la
antorcha nupcial, no entreguéis vuestros cuerpos a los
enamorados esposos desnudando vuestros pechos al
arrojar lejos el vestido, antes que el ónice(282)
derrame para mí gozosos dones, vuestro ónice,
vosotras que cultiváis vuestros derechos en casto
lecho. Pero la que se ha entregado a un deshonesto
adulterio, ¡ay!, que el polvo ligero beba vanos sus
regalos , pues yo no busco, de las indignas, ningún
premio. Más bien, recién casadas, quiero una cosa: que
siempre la armonía, siempre el amor habite todos los
días vuestras casas.
Y tú, reina, cuando contemplando las estrellas
aplaques a la diosa Venus los días de fiesta, no
permitas que yo, que soy tuya, me quede sin perfumes,
sino hazme participar de generosos regalos. Sigan su
curso los astros, vuelva yo a ser cabellera real(283):
¡Orión brillaría al lado del Acuario(284)!
LXVII
(285)
(El poeta)
Oh agradable para un
delicado marido, agradable para un padre, salud, y que
Júpiter te favorezca con su buena mano, puerta, que -
dicen- has servido beneficiosamente a Balbo(286)
antaño, cuando él mismo, anciano, poseyó la casa, y
que
-cuentan, en cambio- has servido dañinamente a su
hijo, después que te has convertido en casada, una vez
enterrado el anciano. ¡Anda!, dime por qué se cuenta
que, transformada, has abandonado la antigua lealtad
hacia tu dueño.
(La puerta)
(Válgame Cecilio, a quien ahora se me ha
entregado). No es culpa mía, aunque se dice que lo es,
ni nadie puede decir que yo he cometido falta alguna,
pero para la gente todo lo hace la puerta(287) y,
dondequiera que se encuentra algo no bien hecho,
todos gritan contra mí: puerta, la culpa es tuya.
(El poeta)
En ese punto no es bastante que tú lo
digas con sólo las palabras, sino que hagas que
cualquiera lo sienta y lo vea.
(La puerta)
¿Cómo puedo? Nadie pregunta ni se