Página 44 - catulo

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ubertim thalami quas intra limina fundunt?
non, ita me diui, uera gemunt, iuerint!
id mea me multis docuit regina querelis
inuisente nouo proelia torua uiro. 20
an tu non orbum luxti deserta cubile,
sed fratris cari flebile discidium?
quam penitus maestas exedit cura medullas!
ut tibi tunc toto pectore sollicitae
sensibus ereptis mens excidit! at te ego certe 25
cognoram a parua uirgine magnanimam.
anne bonum oblita es facinus, quo regium adepta es
coniugium, quod non fortior ausit alis?
sed tum maesta uirum mittens quae uerba locuta es!
Iuppiter, ut tristi lumina saepe manu! 30
quis te mutauit tantus deus? an quod amantes
non longe a caro corpore abesse uolunt?
atque ibi me cunctis pro dulci coniuge diuis
non sine taurino sanguine pollicita es,
si reditum tetulisset: is haut in tempore longo 35
captam Asiam Aegypti finibus addiderat.
quis ego pro factis caelesti reddita coetu
pristina uota nouo munere dissoluo.
inuita, o regina, tuo de uertice cessi,
inuita: adiuro teque tuumque caput, 40
digna ferat quod si quis inaniter adiurarit:
sed qui se ferro postulet esse parem?
ille quoque euersus mons est, quem maximum in oris
progenies Thiae clara superuehitur,
cum Medi peperere nouum mare, cumque iuuentus 45
per medium classi barbara nauit Athon.
quid facient crines, cum ferro talia cedant?
Iuppiter, ut Chalybum omne genus pereat,
et qui principio sub terra quaerere uenas
institit ac ferri fingere duritiem! 50
abiunctae paulo ante comae mea fata sorores
lugebant, cum se Memnonis Aethiopis
unigena, impellens nutantibus aera pennis,
obtulit Arsinoes Locridos ales equos.
isque per aetherias me tollens auolat umbras 55
et Veneris casto collocat in gremio.
ipsa suum Zephyritis eo famulum legarat,
Graiia Canopitis incola litoribus.
+hi dii uen ibi+ uario ne solum in numine caeli
ex Ariadneis aurea temporibus 60
fixa corona foret, sed nos quoque fulgeremus,
deuotae flaui uerticis exuuiae,
uuidulam a fluctu cedentem ad templa deum me
sidus in antiquis diua nouum posuit:
Virginis et saeui contingens namque Leonis 65
lumina, Callisto iuncta Lycaoniae,
uertor in occasum, tardum dux ante Booten,
qui uix sero alto mergitur Oceano.
sed quanquam me nocte premunt uestigia diuum,
lux autem canae Tethyi restituit 70
(pace tua fari hic liceat, Ramnusia uirgo;
namque ego non ullo uera timore tegam
nec, si me infestis discerpent sidera dictis,
condita quin uere pectoris euoluam):
non his tam laetor rebus quam me afore semper, 75
afore me a dominae uertice discrucior,
quicum ego, dum uirgo quondam fuit, omnibus expers
unguentis nuptae, uilia multa bibi.
que había sostenido por el botín de la virginidad.
¿Es acaso la pasión motivo de odio para las recién
casadas? ¿No se burlan ellas de las alegrías de sus
padres con lágrimas falsas que derraman con
abundancia tras el umbral de la habitación nupcial?
¡Que los dioses me asistan!: no son de verdad sus
gemidos. Eso me lo enseñó mi reina con sus muchas
quejas cuando su reciente marido iba a iniciar fieros
combates. ¿No es verdad que tú, abandonada, no
lloraste por tu lecho huérfano, sino por la lamentable
partida de tu querido hermano(270)? ¡Cómo devora la
preocupación hasta lo más profundo tus
apesadumbradas entrañas! ¡Cómo entonces tú, con la
angustia dueña de toda tu alma, arrebatados los
sentidos, perdiste la cordura! Pero yo, bien es cierto, te
sabía valiente desde que eras pequeña. ¿Te has
olvidado acaso de la brillante acción por la que
conseguiste una boda real, y a la que no se ha atrevido
ninguno más fuerte? ¡Qué palabras tristes dijiste
entonces al despedir a tu marido! ¡Por Júpiter, cuántas
veces te secaste los ojos con tus manos! ¿Qué dios tan
grande te ha cambiado? ¿Es porque los amantes no
quieren estar lejos del cuerpo que adoran? Y entonces
me prometiste a todos los dioses por tu dulce esposo
no sin el sacrificio de un toro, si obtenía el regreso. Él,
en no largo tiempo, había añadido el Asia conquistada
a los territorios de Egipto. Yo, entregada por esas
acciones a la asamblea celestial, cumplo los votos de
antaño con el regalo reciente. De mala gana, oh reina,
me separé de tu cabeza, de mala gana: lo juro por ti y
por tu cabeza, y todo el que jure en vano que se lleve
su merecido; pero, ¿quién pretenderá ser igual al
hierro? También fue derribado aquel famoso monte, el
mayor en las tierras, sobre el que pasa la célebre
descendencia de Tía(271), cuando los medos
descubrieron un nuevo mar y cuando la juventud
extranjera navegó con su flota por en medio del
Atos(272). ¿Qué pueden hacer unos bucles cuando
cosas tales ceden ante el hierro? ¡Júpiter!, que perezca
toda la raza de los cálibes(273) y el que primero se
aplicó a buscar venas bajo tierra y a modelar la dureza
del hierro.
Recién separadas, trenzas hermanas lloraban mi
destino, cuando el hermano del etíope Memnón(274),
impulsando el aire con el batir de sus alas, se presentó,
caballo volador de la locria Arsínoe(275); y él,
llevándome, alza su vuelo por las etéreas sombras y
me deposita en el casto regazo de Venus. La propia
Cefirítide había enviado allí a su criado, ella, habitante
griega de las costas de Canopo. Para que en la
divinidad del cielo no sólo estuviera fija la corona de
oro de las sienes de Ariadna(276), sino que también
refulgiera yo, devotos despojos de una cabeza rubia, la
diosa a mí, que llegaba a los templos de los dioses algo
humedecida por el llanto, me colocó como un nuevo
astro entre los antiguos. Pues tocando los luceros de la
Virgen y del feroz León, junto a Calisto, la hija de