Página 37 - catulo

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quercum aut conigeram sudanti cortice pinum
indomitus turbo contorquens flamine robur
eruit (illa procul radicitus exturbata
prona cadit, late quaecumuis obuia frangens),
sic domito saeuum prostrauit corpore Theseus 110
nequiquam uanis iactantem cornua uentis.
inde pedem sospes multa cum laude reflexit
errabunda regens tenui uestigia filo,
ne labyrintheis e flexibus egredientem
tecti frustraretur inobseruabilis error. 115
Sed quid ego a primo digressus carmine plura
commemorem, ut linquens genitoris filia uultum,
ut consanguineae complexum, ut denique matris,
quae misera in gnata deperdita laetabatur,
omnibus his Thesei dulcem praeoptarit amorem, 120
aut ut uecta rati spumosa ad litora Diae
uenerit, aut ut eam deuinctam lumina somno
liquerit immemori discedens pectore coniunx?
saepe illam perhibent ardenti corde furentem
clarisonas imo fudisse e pectore uoces, 125
ac tum praeruptos tristem conscendere montes,
unde aciem pelagi uastos per tenderet aestus,
tum tremuli salis aduersas procurrere in undas
mollia nudatae tollentem tegmina surae,
atque haec extremis maestam dixisse querelis, 130
frigidulos udo singultus ore cientem:
'Sicine me patriis auectam, perfide, ab aris,
perfide, deserto liquisti in litore, Theseu?
sicine discedens neglecto numine diuum
immemor, a, deuota domum periuria portas? 135
nullane res potuit crudelis flectere mentis
consilium? tibi nulla fuit clementia praesto,
immite ut nostri uellet miserescere pectus?
at non haec quondam blanda promissa dedisti
uoce mihi, non haec miserae sperare iubebas, 140
sed conubia laeta, sed optatos hymenaeos:
quae cuncta aerii discerpunt irrita uenti.
nunc iam nulla uiro iuranti femina credat,
nulla uiri speret sermones esse fideles;
quis dum aliquid cupiens animus praegestit apisci, 145
nil metuunt iurare, nihil promittere parcunt:
sed simulac cupidae mentis satiata libido est,
dicta nihil metuere, nihil periuria curant.
certe ego te in medio uersantem turbine leti
eripui et potius germanum amittere creui, 150
quam tibi fallaci supremo in tempore deessem:
pro quo dilaceranda feris dabor alitibusque
praeda neque iniacta tumulabor mortua terra.
quaenam te genuit sola sub rupe leaena,
quod mare conceptum spumantibus expuit undis, 155
quae Syrtis, quae Scylla rapax, quae uasta Charybdis,
talia qui reddis pro dulci praemia uita?
si tibi non cordi fuerant conubia nostra,
saeua quod horrebas prisci praecepta parentis,
at tamen in uestras potuisti ducere sedes, 160
quae tibi iocundo famularer serua labore
candida permulcens liquidis uestigia lymphis
purpureaue tuum consternens ueste cubile.
sed quid ego ignaris nequiquam conqueror auris
externata malo, quae nullis sensibus auctae 165
nec missas audire queunt nec reddere uoces?
ille autem prope iam mediis uersatur in undis,
corrientes del Eurotas(219) o los variados colores que
la brisa primaveral hace brotar, no apartó de él sus
ojos ardientes antes de recibir hasta lo más hondo en
todo su cuerpo la llama y encenderse toda ella en lo
más profundo de sus entrañas.
¡Ay, tú, que, desgraciadamente, avivando locuras con
tu inflexible corazón, sagrado niño(220), mezclas con
las penas las alegrías de los hombres; y tú que reinas
en Golgos y en la frondosa Idalio(221)!: ¡a qué oleajes
habéis arrojado a esa niña de alma ardiente, que
suspiraba día a día por su rubio huésped! ¡Cuántos
temores sufrió ella en su abatido corazón! ¡Cuánto
más pálida se quedó muchas veces que la amarillez del
oro, en tanto que Teseo, ansioso por luchar contra el
cruel monstruo, andaba buscando o la muerte o el
premio de la gloria! A los dioses hizo promesas y
votos que, aun con labios callados, no fueron
infructuosos ni vanos.
Pues, igual que en la cumbre del Tauro(222) a una
encina que bate sus ramas o a un pino de resinosa
corteza cargado de piñas un indomeñable remolino,
doblando con su soplo su resistencia, los sacó de cuajo
(arrancados de raíz, caen a lo largo en un vuelco,
quebrando cualquier cosa que haya por delante); así,
Teseo echó al suelo, domeñando su corpulencia, al
monstruo, que en vano lanzaba cornadas a los vacíos
vientos. Luego, a salvo y con inmensa gloria,
desanduvo el camino, guiando sus errantes pasos con
un hilo transparente, no fuera a ser que, mientras salía
de los recovecos del laberinto, lo engañaran los rodeos
inobservables del palacio.
Pero, ¿a qué, apartándome de mi primer canto, voy yo
a recordar más cosas?: cómo la hija, renunciando a la
presencia de su padre, a los abrazos de su
hermana(223), en fin, a los de su madre que,
desorientada, se alegraba por su pobre hija, antes que
todas estas cosas prefirió el dulce amor de Teseo. O
cómo en una nave llegó a la espumante playa de Día y,
vencidos sus ojos por el sueño, su prometido, de
ingrato corazón, la abandonó alejándose.
Cuentan que ella, enloquecida, con el corazón
abrasándosele, muchas veces profirió resonantes gritos
desde lo más profundo de su pecho; y que unas veces,
triste, subía a los escarpados montes y, desde allí,
dirigía su mirada al inmenso oleaje del piélago; y que
otras se lanzaba corriendo contra las olas del
estremecido mar que le salían al paso, subiéndose el
ligero vestido hasta las pantorrillas desnudas; y que
llena de pena dijo con queja postrera dejando salir
helados sollozos de su rostro humedecido: "¿Así a mí,
arrancada de los altares paternos, traidor, me
abandonaste, traidor, en la playa desierta, Teseo? ¿Así,
marchándote tras despreciar la voluntad de los dioses,
ay, ingrato, llevas a tu casa funestos juramentos falsos?
¿Es que nada pudo hacer cambiar la decisión de tu
alma cruel? ¿No pudiste echar mano de un poco de
compasión como para que tu inflexible corazón