regia, fulgenti splendent auro atque argento.
candet ebur soliis, collucent pocula mensae, 45
tota domus gaudet regali splendida gaza.
puluinar uero diuae geniale locatur
sedibus in mediis, Indo quod dente politum
tincta tegit roseo conchyli purpura fuco.
Haec uestis priscis hominum uariata figuris 50
heroum mira uirtutes indicat arte.
namque fluentisono prospectans litore Diae
Thesea cedentem celeri cum classe tuetur
indomitos in corde gerens Ariadna furores,
necdum etiam sese quae uisit uisere credit, 55
utpote fallaci quae tunc primum excita somno
desertam in sola miseram se cernat harena.
immemor at iuuenis fugiens pellit uada remis,
irrita uentosae linquens promissa procellae.
quem procul ex alga maestis Minois ocellis 60
saxea ut effigies bacchantis prospicit, eheu,
prospicit et magnis curarum fluctuat undis,
non flauo retinens subtilem uertice mitram,
non contecta leui uelatum pectus amictu,
non tereti strophio lactentis uincta papillas, 65
omnia quae toto delapsa e corpore passim
ipsius ante pedes fluctus salis adludebant:
sed neque tum mitrae neque tum fluitantis amictus
illa uicem curans toto ex te pectore, Theseu,
toto animo, tota pendebat perdita mente. 70
a, misera, assiduis quam luctibus externauit
spinosas Erycina serens in pectore curas
illa tempestate, ferox quo ex tempore Theseus
egressus curuis e litoribus Piraei
attigit iniusti regis Gortynia tecta. 75
Nam perhibent olim crudeli peste coactam
Androgeoneae poenas exsoluere caedis
electos iuuenes simul et decus innuptarum
Cecropiam solitam esse dapem dare Minotauro.
quis angusta malis cum moenia uexarentur, 80
ipse suum Theseus pro caris corpus Athenis
proicere optauit potius quam talia Cretam
funera Cecropiae nec funera portarentur.
atque ita naue leui nitens ac lenibus auris
magnanimum ad Minoa uenit sedesque superbas. 85
hunc simulac cupido conspexit lumine uirgo
regia, quam suauis expirans castus odores
lectulus in molli complexu matris alebat,
quales Eurotae progignunt flumina myrtos
auraue distinctos educit uerna colores, 90
non prius ex illo flagrantia declinauit
lumina, quam cuncto concepit corpore flammam
funditus atque imis exarsit tota medullis.
heu misere exagitans immiti corde furores
sancte puer, curis hominum qui gaudia misces, 95
quaeque regis Golgos quaeque Idalium frondosum,
qualibus incensam iactastis mente puellam
fluctibus in flauo saepe hospite suspirantem!
quantos illa tulit languenti corde timores!
quanto saepe magis fulgore expalluit auri, 100
cum saeuum cupiens contra contendere monstrum
aut mortem appeteret Theseus aut praemia laudis!
non ingrata tamen frustra munuscula diuis
promittens tacito succepit uota labello.
nam uelut in summo quatientem bracchia Tauro 105
cultiva los campos, los cuellos de los novillos se
aflojan, no se limpia la viña a ras de suelo con los
curvos rastrillos, el toro no remueve los terrones con
la inclinada reja del arado, la hoz de los podadores no
amengua la sombra del árbol, una sucia herrumbre se
cría en los arados abandonados. En cambio, la morada
de Peleo, por dondequiera que se extiende el opulento
palacio, resplandece con el fulgor del oro y de la plata.
Brilla el marfil en los suelos, relucen las copas de la
mesa, la casa entera goza con las espléndidas riquezas
reales. Se coloca en medio del palacio el gran lecho
nupcial de la diosa, que, limado con colmillos de la
India, cubre una púrpura teñida con el rosáceo jugo de
la concha. Este cobertor, en colores bordado con
antiguas imágenes de hombres, muestra las cualidades
de los héroes con admirable arte.
Mirando desde la rumorosa playa de Día(211),
Ariadna(212), con una incontenible locura en su
corazón, observa que Teseo se aleja con su rápida
flota, y ni siquiera todavía cree estar viendo lo que ve,
porque entonces, nada más despertar de un engañoso
sueño, la desdichada se comprende abandonada en la
arena solitaria. Por su parte, el joven, dándola al
olvido, golpea, en su huida, las olas con sus remos,
entregando vanas sus promesas al proceloso viento. A
él, desde lejos, de entre las algas, con ojillos tristes la
Minoida(213), como la imagen de piedra de una
bacante, lo mira - ¡ay!-, lo mira y se agita a merced de
las grandes olas de sus cuitas, sin sujetar en su rubia
cabeza el transparente tocado, sin cubrir su velado
seno con el ligero encaje, ni sujetar sus pechitos
blancos como la leche con el bien torneado sostén.
Todo lo cual, por doquier caído de su cuerpo, ante sus
propios pies, era juguete de las olas del mar. Pero ella,
en vez de preocuparse entonces de la suerte de su
tocado ni de su velo a merced de las olas, con todo su
corazón, con toda su alma, con todo su ser, perdida,
pendía sólo de ti, Teseo. ¡Ay, desdichada!, fuera de ti
con constante llanto te puso la Ericina(214),
sembrando en tu corazón punzantes cuitas desde el
momento en que el fiero Teseo hubo salido de las
sinuosas costas del Pireo para atracar junto al palacio
gortinio del injusto rey(215).
Pues cuentan que antaño Cecropia(216), obligada por
una peste cruel a expiar la muerte de Androgeón(217),
solía dar como festín al Minotauro(218) jóvenes
escogidos y la flor de las doncellas. El propio Teseo,
como su estrecho recinto amurallado estaba oprimido
por estos males, eligió entregar su cuerpo en defensa
de su querida Atenas antes que se llevaran a Creta tales
cortejos fúnebres de Cecropia sin cadáveres. Y así, en
su ligera nave y con las suaves brisas, llegó junto al
magnánimo Minos y a su imponente morada.
En cuanto lo contempló con ojos de deseo la todavía
doncella hija del rey, a la que un casto lecho que
exhalaba delicados olores alimentaba en el tierno
regazo de su madre, como los mirtos que crían las