nec quisquam apparet uacua mortalis in alga.
sic nimis insultans extremo tempore saeua
Fors etiam nostris inuidit questibus auris. 170
Iuppiter omnipotens, utinam ne tempore primo
Gnosia Cecropiae tetigissent litora puppes,
indomito nec dira ferens stipendia tauro
perfidus in Creta religasset nauita funem,
nec malus hic celans dulci crudelia forma 175
consilia in nostris requiesset sedibus hospes!
nam quo me referam? quali spe perdita nitor?
Idaeosne petam montes? a, gurgite lato
discernens ponti truculentum ubi diuidit aequor?
an patris auxilium sperem? quemne ipsa reliqui 180
respersum iuuenem fraterna caede secuta?
coniugis an fido consoler memet amore?
quine fugit lentos incuruans gurgite remos?
praeterea nullo litus, sola insula, tecto,
nec patet egressus pelagi cingentibus undis: 185
nulla fugae ratio, nulla spes: omnia muta,
omnia sunt deserta, ostentant omnia letum.
non tamen ante mihi languescent lumina morte
nec prius a fesso secedent corpore sensus,
quam iustam a diuis exposcam prodita mulctam 190
caelestumque fidem postrema comprecer hora.
quare, facta uirum mulctantes uindice poena
Eumenides, quibus anguino redimita capillo
frons expirantis praeportat pectoris iras,
huc huc aduentate, meas audite querelas, 195
quas ego, uae, misera extremis proferre medullis
cogor inops, ardens, amenti caeca furore.
quae quoniam uerae nascuntur pectore ab imo,
uos nolite pati nostrum uanescere luctum,
sed quali solam Theseus me mente reliquit, 200
tali mente, deae, funestet seque suosque!'
Has postquam maesto profudit pectore uoces
supplicium saeuis exposcens anxia factis,
annuit inuicto caelestum numine rector,
quo motu tellus atque horrida contremuerunt 205
aequora concussitque micantia sidera mundus.
ipse autem caeca mentem caligine Theseus
consitus oblito dimisit pectore cuncta,
quae mandata prius constanti mente tenebat,
dulcia nec maesto sustollens signa parenti 210
sospitem Erechtheum se ostendit uisere portum.
namque ferunt olim, classi cum moenia diuae
linquentem gnatum uentis concrederet Aegeus,
talia complexum iuueni mandata dedisse:
'gnate mihi longe iocundior unice uita, 215
gnate, ego quem in dubios cogor dimittere casus,
reddite in extrema nuper mihi fine senectae,
quandoquidem fortuna mea ac tua feruida uirtus
eripit inuito mihi te, cui languida nondum
lumina sunt gnati cara saturata figura: 220
non ego te gaudens laetanti pectore mittam
nec te ferre sinam fortunae signa secundae,
sed primum multas expromam mente querelas
canitiem terra atque infuso puluere foedans,
inde infecta uago suspendam lintea malo, 225
nostros ut luctus nostraeque incendia mentis
carbasus obscurata dicet ferrugine Hibera.
quod tibi si sancti concesserit incola Itoni,
quae nostrum genus ac sedes defendere Erechthei
quisiera apiadarse de mí? Pero no eran ésas las
promesas que un día me hiciste con cariñosa voz:
¡desdichada de mí!, no me mandabas esperar tales
cosas sino unas bodas alegres, un deseado himeneo,
cosas todas que dispersan vanas los aéreos vientos.
¡Que ya ninguna mujer confíe en el juramento de un
hombre, que ninguna espere que las palabras de un
hombre sean leales!. Mientras su pasión ardiente desea
vivamente obtener algo, no temen jurar, no ahorran en
promesas; pero, en cuanto el antojo de su ansioso
corazón ha quedado satisfecho, lo dicho nada les
inquieta, nada les preocupan sus falsos juramentos. En
verdad yo te arranqué, cuando te debatías en medio
del torbellino de la muerte, y decidí perder a mi
hermano(224) antes que abandonarte a ti, traidor, en
una situación límite. Por ello se me entregará como
botín, para ser despedazada, a las fieras y a los buitres,
y, muerta, no me sepultarán con tierra encima. ¿Qué
leona te parió al pie de una roca solitaria; qué mar te
arrojó, una vez concebido tú, de sus espumantes olas;
qué Sirtes, qué rapaz Escila, qué inmensa
Caribdis(225), a ti, que en lugar de una vida dulce
devuelves tales premios? Si no eran de tu agrado
nuestras bodas porque temías las órdenes crueles de tu
anciano padre, pudiste sin embargo llevarme a tu
morada para que te sirviera como esclava con alegre
celo, acariciando tus blancas plantas con aguas claras o
cubriendo tu lecho con vestiduras purpúreas.
"Pero, ¿a qué quejarme en vano, desquiciada por la
pena, a las brisas que nada saben, y que, por no estar
dotadas de ningún sentido, no pueden oír ni devolver
los gritos proferidos? Él, por su parte, se halla ya casi
en medio de las olas, en tanto que ningún mortal
aparece en las algas vacías. Así, la Suerte(226) cruel,
demasiado burlona en esta situación límite, no ha
prestado siquiera oídos a mis quejas.
"¡Júpiter omnipotente, ojalá nunca sus cecropios
navíos hubieran tocado las playas de Cnoso, ni,
portador de funestos tributos para el indomable toro,
el traidor navegante hubiera atado su soga en Creta, ni
este malvado, ocultando sus crueles planes bajo una
dulce apariencia, hubiera descansado como huésped
en nuestro palacio(227)! "Pues, ¿adónde me volveré?,
¿en qué esperanza me apoyo, perdida como estoy?
¿Me dirigiré a los montes del Ida(228)? ¡Ay!,
separándome con su ancho torbellino, la amenazadora
llanura del mar ¿dónde me aleja? ¿Esperaré la ayuda de
mi padre?; ¿acaso no lo abandoné yo misma por seguir
a un joven manchado con la muerte de mi hermano?
¿O es que me puedo yo consolar con el amor fiel de
mi esposo?: ¿no es quien huye hundiendo sus tenaces
remos en el torbellino? Además, la playa sin ningún
cobijo, la isla sola; no hay salida por rodearme las olas
del piélago: ninguna posibilidad de huir, ninguna
esperanza: todo está mudo, todo desierto, todo señala
a la muerte. Y, sin embargo, no languidecerán antes
mis ojos con la muerte ni mis sentidos se separarán de