Página 34 - catulo

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ita de quiete molli rapida sine rabie
simul ipsa pectore Attis sua facta recoluit, 45
liquidaque mente uidit, sine queis ubique foret,
animo aestuante rusum reditum ad uada tetulit.
ibi maria uasta uisens lacrimantibus oculis,
patriam allocuta maesta est ita uoce miseriter:
'Patria o mei creatrix, patria o mea genetrix, 50
ego quam miser relinquens, dominos ut erifugae
famuli solent, ad Idae tetuli nemora pedem,
ut aput niuem et ferarum gelida stabula forem
et earum omnia adirem furibunda latibula:
ubinam aut quibus locis te positam, patria, reor? 55
cupit ipsa pupula ad te sibi dirigere aciem,
rabie fera carens dum breue tempus animus est.
egone a mea remota haec ferar in nemora domo?
patria, bonis, amicis, genitoribus abero?
abero foro, palaestra, stadio et gymnasiis? 60
miser a miser, querendum est etiam atque etiam, anime!
quod enim genus figurae est, ego non quod obierim?
ego mulier... ego adolescens, ego ephebus, ego puer,
ego gymnasi fui flos, ego eram decus olei:
mihi ianuae frequentes, mihi limina tepida, 65
mihi floridis corollis redimita domus erat,
linquendum ubi esset orto mihi sole cubiculum.
ego nunc deum ministra et Cybeles famula ferar?
ego Maenas, ego mei pars, ego uir sterilis ero?
ego uiridis algida Idae niue amicta loca colam? 70
ego uitam agam sub altis Phrygiae columinibus,
ubi cerua siluicultrix, ubi aper nemoriuagus?
iam iam dolet quod egi, iam iamque paenitet.'
Roseis ut hinc labellis sonitus <citus> adiit
geminas deorum ad aures noua nuntia referens, 75
ibi iuncta iuga resoluens Cybele leonibus
laeuumque pecoris hostem stimulans ita loquitur:
'Agedum' inquit, 'age ferox i, fac ut hunc furor agitet,
fac uti furoris ictu reditum in nemora ferat,
mea libere nimis qui fugere imperia cupit. 80
age caede terga cauda, tua uerbera patere,
fac cuncta mugienti fremitu loca retonent,
rutilam ferox torosa ceruice quate iubam!'
Ait haec minax Cybele religatque iuga manu.
ferus ipse sese adhortans rapidum incitat animo, 85
uadit, fremit, refringit uirgulta pede uago.
at ubi umida albicantis loca litoris adiit
teneramque uidit Attin prope marmora pelagi,
facit impetum: illa demens fugit in nemora fera.
ibi semper omne uitae spatium famula fuit. 90
Dea magna, dea Cybele, dea domina Dindymei,
procul a mea tuos sit furor omnis, era, domo:
alios age incitatos, alios age rabidos.
través de los umbríos bosques, acompañada del
tamboril, como una novilla indomable que no se
somete al peso del yugo: veloces siguen las Galas a su
guía de pies ligeros. Y, en cuanto, agotaditas, tocaron
el templo de Cibeles, tras el excesivo esfuerzo, las
vence un sueño sin Ceres(198). Un sopor que da
pereza cubre sus ojos con resbaladiza languidez: en la
dulce quietud se les va el rabioso arrebato de su alma.
Pero, cuando el Sol(199) de dorado rostro iluminó con
sus ojos radiantes el blanco éter, la dura tierra, el fiero
mar, y expulsó con sus vigorosos caballos de
resonantes cascos las sombras de la noche, entonces a
Atis, ya despierta, la abandona, huyendo raudo, Sueño,
a quien la diosa Pasítea(200) acogió en su regazo
palpitante. Así, tras la dulce quietud, sin el agitado
frenesí, en cuanto la propia Atis trajo a la memoria sus
actos y vio con claridad sin qué y dónde estaba, con el
alma abrasándosele, volvió de nuevo sus pasos hacia la
playa. Allí, contemplando el vasto mar, con los ojos
llenos de lágrimas, habló así en medio de sus
desgracias con triste voz a su patria: "¡Oh patria que
me diste la vida, oh patria madre mía!: abandonándote,
¡desdichado de mí!, como suelen a su señor los
esclavos fugitivos, dirigí mis pasos a los bosques del
Ida, para vivir cerca de la nieve y de las heladas huras
de las fieras y acercarme, poseída, a todas sus guaridas,
¿dónde, en qué parajes puedo creer que te encuentras,
patria? Mis propias pupilas anhelan dirigir a ti su
mirada, mientras por poco tiempo está libre mi alma
del fiero frenesí. ¿Me llevarán hasta estos bosques
alejados de mi casa? ¿Voy a estar lejos de mi patria, de
mis bienes, de mis amigos, de mis padres? ¿Voy a estar
lejos del foro, de la palestra, del estadio y de los
gimnasios? Desdichado, desdichado de mí, he de
quejarme una y otra vez, alma mía. ¿Qué clase de
aspecto hay que yo no haya tomado? Yo, mujer; yo,
mozo; yo, efebo; yo, niño; yo, del gimnasio, he sido la
flor, y era yo entonces la gloria de la palestra. Mis
puertas estaban concurridas, mis umbrales tibios, mi
casa coronada de guirnaldas de flores, cuando, a la
salida del sol, tenía yo que abandonar mi alcoba.
¿Ahora me considerarán servidora de los dioses y
esclava de Cibeles? ¿Yo una Ménade, una parte de mí,
un hombre sin hombría seré? ¿Habitaré yo los parajes
del verdeante Ida vestidos de helada nieve? ¿Voy yo a
pasar mi vida al pie de las altas cimas de Frigia, donde
la cierva selvática, donde el jabalí correbosques? ¡Hasta
qué punto me lamento de lo que he hecho, hasta qué
punto me arrepiento!" En cuanto el veloz lamento de
sus labios de rosa alcanza los oídos gemelos(201) de
los dioses llevándoles esta inesperada revelación,
Cibeles, soltando el yugo uncido a los leones(202) y
azuzando al de la izquierda, enemigo del ganado, habla
así: "¡Ea! -dice-, avanza fiero, haz que lo atormente la
locura, haz que acosado por el arrebato encamine al
bosque sus pasos ese que con demasiado atrevimiento
pretende escapar de mis mandatos. ¡Ea!, sacúdete los