Página 33 - catulo

Versión de HTML Básico

LXIII
Super alta uectus Attis celeri rate maria
Phrygium ut nemus citato cupide pede tetigit
adiitque opaca siluis redimita loca deae,
stimulatus ibi furenti rabie, uagus animis,
deuolsit ilei acuto sibi pondera silice. 5
itaque ut relicta sensit sibi membra sine uiro,
etiam recente terrae sola sanguine maculans
niueis citata cepit manibus leue typanum,
typanum tuom, Cybele, tua, Mater, initia,
quatiensque terga tauri teneris caua digitis 10
canere haec suis adorta est tremebunda comitibus:
'Agite ite ad alta, Gallae, Cybeles nemora simul,
simul ite, Dindymenae dominae uaga pecora,
aliena quae petentes uelut exules loca
sectam meam executae duce me mihi comites 15
rapidum salum tulistis truculentaque pelagi
et corpus euirastis ueneris nimio odio,
hilarate erae citatis erroribus animum.
mora tarda mente cedat; simul ite, sequimini
Phrygiam ad domum Cybeles, Phrygia ad nemora deae, 20
ubi cymbalum sonat uox, ubi tympana reboant,
tibicen ubi canit Phryx curuo graue calamo,
ubi capita Maenades ui iaciunt ederigerae,
ubi sacra sancta acutis ululatibus agitant,
ubi sueuit illa diuae uolitare uaga cohors: 25
quo nos decet citatis celerare tripudiis.'
Simul haec comitibus Attis cecinit notha mulier,
thiasus repente linguis trepidantibus ululat,
leue tympanum remugit, caua cymbala recrepant,
uiridem citus adit Idam properante pede chorus. 30
furibunda simul anhelans uaga uadit, animam agens,
comitata tympano Attis per opaca nemora dux,
ueluti iuuenca uitans onus indomita iugi:
rapidae ducem secuntur Gallae properipedem.
itaque, ut domum Cybeles tetigere lassulae, 35
nimio e labore somnum capiunt sine Cerere.
piger his labante langore oculos sopor operit:
abit in quiete molli rabidus furor animi.
Sed ubi oris aurei Sol radiantibus oculis
lustrauit aethera album, sola dura, mare ferum, 40
pepulitque noctis umbras uegetis sonipedibus,
ibi Somnus excitam Attin fugiens citus abiit:
trepidante eum recepit dea Pasithea sinu.
campesinos y muchos novillos: así, la doncella,
mientras permanece sin que nadie la toque, mientras,
envejece sin cultivo; cuando ha conseguido un
casamiento adecuado a su debido tiempo, es más grata
a su marido y menos enojosa para su padre.
Y tú, doncella, no luches con un esposo de tal valía.
No es justo luchar contra aquel a quien tu propio
padre te entregó, tu propio padre con tu madre, a
quienes debes obedecer. Tu virginidad no es
completamente tuya, en parte es de tus padres: un
tercio es de tu padre, otro tercio corresponde a tu
madre, sólo un tercio es tuyo(191); no luches con los
dos, que entregaron a un yerno sus derechos
juntamente con la dote.
Himen oh Himeneo, ven, Himen oh Himeneo.
LXIII
Sobre profundos mares llevado Atis(192) en
raudo navío, en cuanto tocó el bosque frigio(193)
ansiosamente con paso acelerado y alcanzó los
umbríos parajes de la diosa(194), ceñidos de bosques,
aguijoneado allí por un frenesí de poseso, extraviada
su mente, se arrancó con una piedra afilada el peso de
su entrepierna.
Y entonces, apenas se dio cuenta de que sus miembros
se le habían quedado sin virilidad, manchando el suelo
de la tierra con su sangre todavía caliente, tomó,
rápida(195), con sus manos de nieve el ligero tamboril,
tu tamboril, Cibeles, el de los misterios, Madre, de tu
culto; y, golpeando la hueca piel de toro con sus
delicados dedos, se dispuso, trémula, a cantar así a sus
compañeras: "Ea, id juntas, Galas(196), a los
profundos bosques de Cibeles; id juntas, rebaño
errante de la diosa de Díndimo, vosotras que,
buscando cual desterradas parajes desconocidos,
siguiendo mi huella acompañantes mías y yo vuestra
guía, habéis atravesado el raudo mar y las amenazas
del piélago y habéis despojado de virilidad vuestro
cuerpo por un odio desmedido al amor. Alegrad el
ánimo de vuestra señora con los rápidos giros de
vuestra danza.
"Ceda ante vuestra decisión la perezosa lentitud; id
juntas, seguidme al templo frigio de Cibeles, a los
bosques frigios de la diosa, donde suena la voz de los
címbalos, donde retumban los tímpanos, donde el
flautista frigio arranca a su caña curva graves sonidos,
donde las Ménades(197) cubiertas de yedra agitan con
violencia su cabeza, donde celebran los sagrados
misterios con agudos alaridos, donde acostumbra
revolotear el famoso cortejo errante de la diosa,
adonde es oportuno que nos apresuremos con rápidas
danzas." En cuanto Atis, falsa mujer, cantó esto a sus
compañeras, el cortejo danzante de repente empieza a
aullar con sus trepidantes lenguas, el ligero tamboril
brama, los cóncavos címbalos rechinan, rápido el coro
con acelerado paso se dirige al verdeante Ida. Poseída
y ansiosa, errante y sin resuello va Atis al frente a