Página 29 - catulo

Versión de HTML Básico

uirgo adest. uiden, ut faces
splendidas quatiunt comas?
<cur moraris? abit dies:
prodeas, noua nupta. 80
neue repicias domum,
quae fuit tua, neu pedes>
tardet ingenuus pudor:
quem tamen magis audiens
flet, quod ire necesse est. 85
flere desine! non tibi, Aurunculeia,
periculum est,
ne qua femina pulcrior
clarum ab Oceano diem
uiderit uenientem. 90
talis in uario solet
diuitis domini hortulo
stare flos hyacinthinus.
sed moraris, abit dies:
prodeas, noua nupta. 95
prodeas, noua nupta, si
iam uidetur, et audias
nostra uerba. uide, ut faces
aureas quatiunt comas:
prodeas, noua nupta. 100
non tuus leuis in mala
deditus uir adultera
probra turpia persequens
a tuis teneris uolet
secubare papillis, 105
lenta sed uelut adsitas
uitis implicat arbores,
implicabitur in tuum
complexum. sed abit dies:
prodeas, noua nupta. 110
o cubile, quod omnibus
<dignum amoribus instruxit
ueste purpurea Tyros,
fulcit India eburnei>
candido pede lecti, 115
quae tuo ueniunt ero,
quanta gaudia, quae uaga
nocte, quae medio die
gaudeat! sed abit dies:
prodeas, noua nupta. 120
tollite, o pueri, faces:
flammeum uideo uenire.
ite, concinite in modum
'io Hymen Hymenaee io,
io Hymen Hymenaee'. 125
ne diu taceat procax
fescennina iocatio,
nec nuces pueris neget
desertum domini audiens
concubinus amorem. 130
da nuces pueris, iners
concubine! satis diu
lusisti nucibus: lubet
iam seruire Talasio.
concubine, nuces da! 135
sordebant tibi uilicae,
concubine, hodie atque heri:
nunc tuum cinerarius
todos los amores, ha adornado Tiro con purpúrea
colcha y la India sostiene con blanco pie del lecho
marfileño(173), ¡lo que viene para tu dueño, cuántas
alegrías, lo que puede disfrutar en el transcurso de la
noche, en medio del día! Pero el día se va: ¡adelante,
recién casada! Levantad las antorchas, esclavos: veo
venir el velo. ¡Ea!, cantad todos a una: "¡Io Himen
Himeneo io, io Himen Himeneo!" Que no calle por
más tiempo la procaz chanza fescenina(174) y que no
niegue nueces a los esclavos el favorito al oír que su
señor ha abandonado su amor.
Da nueces a los esclavos, favorito holgazán: ya te has
divertido bastante tiempo con las nueces; ya es el
momento de servir a Talasio. Favorito, reparte
nueces(175).
Las campesinas te resultaban despreciables, favorito,
hoy y ayer. Ahora al peluquero le toca afeitarte la cara.
Desdichado, ay desdichado favorito, reparte nueces.
Dicen que tú, perfumado marido, dejas de mala gana a
tus depilados esclavos: pero, déjalos. ¡Io Himen
Himeneo io, io Himen Himeneo! Sabemos que tú has
conocido sólo los placeres lícitos(176), pero para uno
que ya es marido ni ésos lo son. ¡Io Himen Himeneo
io, io Himen Himeneo! Y tú, novia, lo que tu hombre
te pida no se lo niegues, no vaya a ir a buscarlo a otro
sitio. ¡Io Himen Himeneo io, io Himen Himeneo! Ahí
tienes la casa -¡cuán poderosa y rica!- de tu hombre:
deja que ella te sirva - ¡Io Himen Himeneo io, io
Himen Himeneo!- hasta que tu canosa vejez,
moviendo trémulas tus sienes, diga sí a todo para
todos(177). ¡Io Himen Himeneo io, io Himen
Himeneo! Haz a tus pies de oro traspasar el umbral
con augurio propicio y entra por la pulida puerta. ¡Io
Himen Himeneo io, io Himen Himeneo! Mira cómo
tu único hombre, recostado en el sitial tirio(178), se
abalanza todo entero sobre ti. ¡Io Himen Himeneo io,
io Himen Himeneo! A él no menos que a ti le arde en
lo más profundo del corazón una llama, pero más a lo
hondo. ¡Io Himen Himeneo io, io Himen Himeneo!
Suelta el bien torneado brazo de la muchachita, joven
acompañante. Que se acerque ya al lecho del marido.
¡Io Himen Himeneo io, io Himen Himeneo! Vosotras,
honradas mujeres(179), de reconocida fidelidad a
vuestros ancianos maridos, poned en su sitio a la
muchachita. ¡Io Himen Himeneo io, io Himen
Himeneo! Ya puedes pasar, marido: tu esposa está en
el tálamo con su cabeza llena de flores,
resplandeciente como la blanca manzanilla o la roja
amapola.
Pero tú, marido, -¡válganme los dioses!-, no eres
menos guapo ni Venus te hace de menos. Pero el día
se va: apresúrate, no te entretengas.
No te has entretenido mucho, ya vienes. La propicia
Venus te ayude puesto que abiertamente deseas lo que
deseas y no ocultas tu honrado amor.
Que saque antes la cuenta de las arenas de África y de
las brillantes estrellas el que quiera contar los miles y