pineam quate taedam! 15
namque Vinia Manlio,
qualis Idalium colens
uenit ad Phrygium Venus
iudicem, bona cum bona
nubet alite uirgo, 20
floridis uelut enitens
myrtus Asia ramulis,
quos Hamadryades deae
ludicrum sibi rosido
nutriunt humore. 25
quare age huc aditum ferens
perge linquere Thespiae
rupis Aonios specus,
nympha quos super irrigat
frigerans Aganippe, 30
ac domum dominam uoca,
coniugis cupidam noui
mentem amore reuinciens,
ut tenax edera huc et huc
arborem implicat errans. 35
uosque item simul, integrae
uirgines, quibus aduenit
par dies, agite in modum
dicite 'o Hymenaee Hymen,
o Hymen Hymenaee', 40
ut lubentius, audiens
se citarier ad suum
munus, huc aditum ferat
dux bonae Veneris, boni
coniugator amoris. 45
quis deus magis est amatis
petendus amantibus?
quem colent homines magis
caelitum? o Hymenaee Hymen,
o Hymen Hymenaee. 50
te suis tremulus parens
inuocat, tibi uirgines
zonula soluunt sinus.
te timens cupida nouos
captat aure maritus. 55
tu fero iuueni in manus
floridam ipse puellulam
dedis a gremio suae
matris, o Hymenaee Hymen,
o Hymen Hymenaee. 60
nil potest sine te Venus,
fama quod bona comprobet,
commodi capere: at potest
te uolente. quis huic deo
compararier ausit? 65
nulla quit sine te domus
liberos dare, nec parens
stirpe nitier: at potest
te uolente. quis huic deo
compararier ausit? 70
quae tuis careat sacris,
non queat dare praesides
terra finibus: at queat
te uolente. quis huic deo
compararier ausit? 75
claustra pandite ianuae!
los mirtos de Asia de floridas ramas, que las diosas
hamadríades(168) crían con húmedo rocío para su
disfrute.
Por eso, ¡ea!, encaminando tus pasos hacia aquí,
apresúrate a abandonar las grutas aonias de la roca
tespia, que la ninfa Aganipe riega por arriba
refrescándolas(169).
Y llama a casa a la dueña, atando con el amor su
corazón ávido de su reciente esposo, como tenaz
hiedra que aquí y allá se enreda errante al árbol.
Y vosotras también a un tiempo, castas doncellas, a
quienes espera un día semejante, llevad el ritmo,
cantad: "¡Oh Himeneo Himen, oh Himen Himeneo!",
para que con más ganas, al oír que se le llama para su
obligación, dirija aquí sus pasos el guía de la propicia
Venus, el enlazador del buen amor(170).
¿Qué dios deben buscar más los amantes amados? ¿A
qué habitante del cielo venerarán más los hombres?
¡Oh Himeneo Himen, oh Himen Himeneo!
Tembloroso te invoca para los suyos el padre, en tu
honor las doncellas dejan libre de ceñidor su regazo.
Inquieto, acecha tu llegada, con anhelante oído, el
reciente marido.
Tú mismo pones en las manos del joven fiero a la
muchachita adornada de flores, apartándola del regazo
de su madre. ¡Oh Himeneo Himen, oh Himen
Himeneo! Sin ti Venus no puede obtener ningún
provecho que la buena tradición apruebe: pero puede,
si tú quieres. ¿Quién se atrevería a compararse a este
dios? Ninguna casa puede sin ti dar hijos, ni padre
hallar apoyo en su linaje: pero puede, si tú quieres.
¿Quién se atrevería a compararse a este dios? No
pueda la tierra que carezca de tus ritos dar protectores
a sus fronteras: pero que pueda, si tú quieres. ¿Quién
se atrevería a compararse a este dios? Abrid los
cerrojos de la puerta, la doncella se acerca. ¿No ves
cómo las antorchas agitan sus espléndidas cabelleras?
¿Por qué te entretienes? El día se va: ¡adelante, recién
casada! No vuelvas los ojos a la casa que fue tuya, ni a
tus pies(171) los retrase un natural pudor. Y ella,
prestándole demasiada atención, llora porque hay que
ir.
Deja de llorar. No hay peligro para ti, Aurunculeya,
que ninguna mujer más hermosa ha visto llegar un día
tan brillante del Océano(172).
Tal suele erguirse en el variopinto jardincillo de un
dueño rico la flor del jacinto.
Pero te entretienes, el día se va: ¡adelante, recién
casada! ¡Adelante, recién casada!, si ya te parece, y
escucha nuestras palabras. Mira cómo las antorchas
agitan sus cabelleras de oro: ¡adelante, recién casada!
Tu inconstante esposo, inclinado a malos adulterios o
a andar buscando vergonzosas deshonras, no querrá
dormir solo lejos de tus tiernas tetillas, sino que, igual
que la flexible vid se enreda en los árboles plantados al
lado, se enredará en tu abrazo. Pero el día se va:
¡adelante, recién casada! Oh estancia que, digna de