fui libenter in tua suburbana
uilla malamque pectore expuli tussim,
non inmerenti quam mihi meus uenter,
dum sumptuosas appeto, dedit, cenas.
nam, Sestianus dum uolo esse conuiua, 10
orationem in Antium petitorem
plenam ueneni et pestilentiae legi.
hic me grauedo frigida et frequens tussis
quassauit usque, dum in tuum sinum fugi
et me recuraui otioque et urtica. 15
quare refectus maximas tibi grates
ago, meum quod non es ulta peccatum.
nec deprecor iam, si nefaria scripta
Sesti recepso, quin grauedinem et tussim
non mi, sed ipsi Sestio ferat frigus, 20
qui tunc uocat me, cum malum librum legi.
XLV
Acmen Septimius suos amores
tenens in gremio: 'mea' inquit 'Acme,
ni te perdite amo atque amare porro
omnes sum assidue paratus annos,
quantum qui pote plurimum perire, 5
solus in Libya Indiaque tosta
caesio ueniam obuius leoni.'
hoc ut dixit, Amor, sinistra ut ante,
dextra sternuit approbationem.
at Acme leuiter caput reflectens 10
et dulcis pueri ebrios ocellos
illo purpureo ore sauiata
'sic', inquit, 'mea uita, Septimille,
huic uni domino usque seruiamus,
ut multo mihi maior acriorque 15
ignis mollibus ardet in medullis.'
hoc ut dixit, Amor, sinistra ut ante,
dextra sternuit approbationem.
nunc ab auspicio bono profecti
mutuis animis amant amantur. 20
unam Septimius misellus Acmen
mauult quam Syrias Britanniasque,
uno in Septimio fidelis Acme
facit delicias libidinisque.
quis ullos homines beatiores 25
uidit, quis uenerem auspicatiorem?
XLVI
Iam uer egelidos refert tepores,
iam caeli furor aequinoctialis
iocundis Zephyri silescit aureis.
linquantur Phrygii, Catulle, campi
Nicaeaeque ager uber aestuosae: 5
ad claras Asiae uolemus urbes!
iam mens praetrepidans auet uagari,
iam laeti studio pedes uigescunt.
o dulces comitum ualete coetus,
longe quos simul a domo profectos 10
diuersae uarie uiae reportant.
estupendamente en tu quinta de las afueras y expulsé
del pecho la mala tos que me produjo mi estómago no
sin merecerlo, mientras asisto a espléndidas cenas.
Pues, por querer ser convidado de Sestio, he leído su
discurso contra el candidato Ancio(128), lleno de
veneno y de pestes. Por culpa de esto, un escalofriante
catarro y una frecuente tos me sacudieron de
inmediato, hasta que huí a tu refugio y me curé con
descanso y ortigas(129).
Por ello, repuesto como estoy, te doy las más
profundas gracias, porque no me has hecho pagar mi
delito. Ya ni te pido que, si acepto los nefastos escritos
de Sestio, el frío haga agarrar catarro y tos no a mí
sino al propio Sestio, que sólo me invita cuando he
leído su mal libro.
XLV
Mientras Septimio tenía a Acme(130), su amor,
en sus brazos, le dijo: "Mi querida Acme, si no te
quiero con locura y no estoy preparado para quererte
en adelante cada día todos los años como para ser
capaz hasta de morir, que yo solo me enfrente en Libia
y en la abrasada India con un león de verdiazules
ojos." Cuando dijo esto, Amor, como antes por la
izquierda, estornudó por la derecha en señal de
aprobación(131).
Y Acme, echando suavemente hacia atrás la cabeza y
besando con su purpúrea boca los ojitos embriagados
de su dulce niño, dijo: "Sí, vida mía, Septimillo. A este
solo dueño siempre sirvamos, tal como un fuego
mucho mayor y más penetrante me arde en mis tiernas
entrañas." Cuando dijo esto, Amor, como antes por la
izquierda, estornudó por la derecha en señal de
aprobación.
Ahora, partiendo de un buen auspicio, quieren y se
quieren con deseos mutuos.
El pobrecito Septimio prefiere sólo a su Acme antes
que a las sirias y a las britanas(132).
Sólo en Septimio la fiel Acme tiene su delicia y su
placer. ¿Quién puede ver a hombre alguno más
dichoso? ¿Quién un amor con mejores auspicios?
XLVI
Ya la primavera trae sus tibios calores, ya la
furia del cielo invernal empieza a callar ante las dulces
brisas del Céfiro(133).
Dejemos, Catulo, las llanuras frigias y el fértil campo
de la abrasada Nicea(134): volemos a las ilustres
ciudades de Asia(135). Ya desbocado mi corazón ansía
viajar, ya mis pies se robustecen ufanos de entusiasmo.
Adiós, dulce compaña de amigos, a los que, tras haber
marchado a un tiempo lejos de casa, caminos distintos,
con variada fortuna, traen a ella.