acceptum face redditumque uotum,
si non illepidum neque inuenustum est!
at uos interea uenite in ignem,
pleni ruris et inficetiarum
Annales Volusi, cacata carta! 20
XXXVII
Salax taberna uosque contubernales,
a pilleatis nona fratribus pila,
solis putatis esse mentulas uobis,
solis licere quicquid est puellarum
confutuere et putare ceteros hircos? 5
an, continenter quod sedetis insulsi
centum an ducenti, non putatis ausurum
me una ducentos irrumare sessores?
atqui putate: namque totius uobis
frontem tabernae sopionibus scribam! 10
puella nam mi, quae meo sinu fugit,
amata tantum quantum amabitur nulla,
pro qua mihi sunt magna bella pugnata,
consedit istic. hanc boni beatique
omnes amatis, et quidem, quod indignum est, 15
omnes pusilli et semitarii moechi;
tu praeter omnes une de capillatis,
cuniculosae Celtiberiae fili,
Egnati, opaca quem bonum facit barba
et dens Hibera defricatus urina. 20
XXXVIII
Male est, Cornifici, tuo Catullo,
male est, me hercule, et laboriose
et magis magis in dies et horas.
quem tu, quod minimum facillimumque est,
qua solatus es allocutione? 5
irascor tibi. sic meos amores?
paulum quidlubet allocutionis,
maestius lacrimis Simonideis.
XXXIX
Egnatius, quod candidos habet dentes,
renidet usque quaque. si ad rei uentum est
subsellium, cum orator excitat fletum,
renidet ille. si ad pii rogum fili
lugetur, orba cum flet unicum mater, 5
renidet ille. quicquid est, ubicumque est,
quodcumque agit, renidet. hunc habet morbum
neque elegantem, ut arbitror, neque urbanum.
quare monendum est te mihi, bone Egnati.
si urbanus esses aut Sabinus aut Tiburs 10
aut parcus Vmber aut obesus Etruscus
aut Lanuuinus ater atque dentatus
aut Transpadanus, ut meos quoque attingam,
aut quilubet, qui puriter lauit dentes,
tamen renidere usque quaque te nollem: 15
nam risu inepto res ineptior nulla est.
nunc Celtiber es: Celtiberia in terra,
quod quisque minxit, hoc sibi solet mane
dentem atque russam defricare gingiuam,
ut quo iste uester expolitior dens est, 20
hoc te amplius bibisse praedicet loti.
Volusio, llenos de garrulería y estupideces, escritos de
mierda!
XXXVII
Picante taberna, la de la novena columna
tras los hermanos del píleo(110), y vosotros, sus
parroquianos, ¿os creéis que vosotros solos tenéis
polla, que a vosotros solos os está permitido joderos a
todas las mozas que haya y considerar a los otros unos
cabrones? ¿O es que, porque estáis sentados(111) uno
detrás de otro como idiotas cien o doscientos, creéis
que no voy a atreverme a llenaros la boca de una vez a
los doscientos espectadores? Pues creedlo: porque
inscribiré la fachada de toda vuestra taberna con
pichas. Pues mi niña, que ha huido de mis brazos, a la
que yo quiero tanto como nadie querrá a ninguna, por
la que me he peleado grandes guerras, se sienta ahí.
Todos la amáis, tan honrados y dichosos, pero, desde
luego (¡qué vergüenza!), sois todos unos miserables
chulos de callejón; y tú por encima de todos, único
entre los barbudos, hijo de la conejera Celtiberia,
Egnacio(112), a quien hace guapo una espesa barba y
una dentadura refregada con meado ibérico.
XXXVIII
Mal le va, Cornificio(113), a tu Catulo; le va
mal, ¡por Hércules!, y a trancas y barrancas, y más y
más de día en día y de hora en hora. Y tú (¡con lo
poquito y lo fácil que es!), ¿con qué palabras lo estás
consolando? Estoy enfadado contigo. ¿Así tratas mi
cariño? Poco te cuesta cualquier palabra, más triste
que las lágrimas de Simónides(114).
XXXIX
Egnacio(115), por tener blancos los dientes,
sonríe continuamente en todas partes. Si se acerca al
banquillo de un acusado, cuando el orador provoca el
llanto, él sonríe. Si hay lamentos junto a la pira de un
buen hijo, cuando la madre, desolada, llora a su único
hijo, él sonríe. Sea lo que sea, dondequiera que sea,
ocurra lo que ocurra, sonríe: tiene esa enfermedad ni
elegante, según creo, ni educada. Por eso, tengo el
deber de darte un consejo, buen Egnacio.
Si fueses de la Urbe, o sabino, o tiburtino, o un
ahorrador umbro, o un obeso etrusco, o un lanuvino
moreno y de buenos dientes, o traspadano (para
mentar también a los míos(116)), o quienquiera que
sea que se lava los dientes aseadamente, ni aun así
querría yo que tú sonrieras continuamente en todas
partes: pues no hay cosa más estúpida que una risa
estúpida. Pero, eres celtíbero: en tierra celtíbera, lo que
cada cual meó, con eso suele frotarse por la mañana
los dientes y las rojas encías, de modo que, cuanto más
limpios están esos vuestros dientes, más cantidad de
meado proclamarán que tú has bebido.