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XXXIV
Dianae sumus in fide
puellae et pueri integri:
<Dianam pueri integri>
puellaeque canamus.
o Latonia, maximi 5
magna progenies Iouis,
quam mater prope Deliam
deposiuit oliuam,
montium domina ut fores
siluarumque uirentium 10
saltuumque reconditorum
amniumque sonantum.
tu Lucina dolentibus
Iuno dicta puerperis,
tu potens Triuia et notho es 15
dicta lumine Luna.
tu cursu, dea, menstruo
metiens iter annuum
rustica agricolae bonis
tecta frugibus exples. 20
sis quocumque tibi placet
sancta nomine, Romulique,
antique ut solita es, bona
sospites ope gentem!
XXXV
Poetae tenero, meo sodali
uelim Caecilio, papyre, dicas,
Veronam ueniat, Noui relinquens
Comi moenia Lariumque litus:
nam quasdam uolo cogitationes 5
amici accipiat sui meique.
quare, si sapiet, uiam uorabit,
quamuis candida milies puella
euntem reuocet manusque collo
ambas iniciens roget morari, 10
quae nunc, si mihi uera nuntiantur,
illum deperit impotente amore.
nam quo tempore legit incohatam
Dindymi dominam, ex eo misellae
ignes interiorem edunt medullam. 15
ignosco tibi, Sapphica puella
musa doctior; est enim uenuste
Magna Caecilio incohata Mater.
XXXVI
Annales Volusi, cacata carta,
uotum soluite pro mea puella:
nam sanctae Veneri Cupidinique
uouit, si sibi restitutus essem
desissemque truces uibrare iambos, 5
electissima pessimi poetae
scripta tardipedi deo daturam
infelicibus ustilanda lignis,
et hoc pessima se puella uidit
iocose lepide uouere diuis. 10
nunc, o caeruleo creata ponto,
quae sanctum Idalium Vriosque apertos
quaeque Ancona Gnidumque arundinosam
colis quaeque Amathunta quaeque Golgos
quaeque Durrachium, Hadriae tabernam, 15
XXXIV
(102) En la devoción de Diana estamos,
muchachas y muchachos puros. A Diana cantemos,
muchachos y muchachas puros.
¡Oh hija de Latona!, excelso vástago del supremo
Júpiter, a quien tu madre junto al olivo de Delos parió,
para que fueras señora de los montes y de los lozanos
bosques y de los recónditos sotos y de los sonoros
torrentes.
A ti Juno Lucina te llaman en sus dolores las
parturientas, a ti te llaman Trivia poderosa y Luna por
tu luz prestada.
Tú, diosa, en el curso de los meses midiendo el
camino del año llenas de buenos frutos la rústica
morada del labrador.
Sé consagrada con cualquier nombre que te plazca, y
protege con tus buenas influencias, como has
acostumbrado desde antiguo, la raza de Rómulo.
XXXV
Al delicado poeta, mi colega Cecilio(103),
querría, papiro, le dijeras que venga a Verona(104),
tras abandonar las murallas de Como la Nueva y la
ribera del lago Lario.
Pues quiero que se entere de ciertos proyectos de un
amigo suyo y mío. Por lo cual, si tiene juicio, devorará
el camino, aunque una deslumbrante muchacha mil
veces lo llame y lo llame al marcharse y, echándole los
brazos al cuello, le ruegue que se quede; una
muchacha que ahora, si mis noticias son ciertas, muere
por él con un amor desesperado.
Pues, desde el momento en que leyó su esbozado
poema de la Señora de Díndimo(105), desde entonces,
a la pobrecilla un fuego le devora las entrañas.
Te perdono, muchacha más culta que la musa
sáfica(106): pues es precioso el poema de la
Gran
Madre
esbozado por Cecilio.
XXXVI
Anales
de Volusio(107), escritos de mierda,
cumplid el voto por mi niña. Pues ha prometido
solemnemente a la sagrada Venus y a Cupido que, si
yo volvía a ella y dejaba de dispararle terribles yambos,
daría al dios de paso tardo(108) lo más escogido de los
escritos del peor de los poetas para que se quemara
sobre leña maldita: y la perversísima muchacha ve
divertido y gracioso ofrecer eso a los dioses.
Ahora, oh tú, nacida en el azulado ponto, que habitas
la sagrada Idalio y la abierta llanura de Urio, y Ancona
y Cnido rica en cañas, y Amatunte y Golgos, y
Dirraquio, antesala del Adriático(109), acepta y recibe
el voto, si no es una fea y desagradable ofrenda.
Y vosotros, entretanto, ¡id al fuego,
Anales
de