Página 18 - catulo

Versión de HTML Básico

XXIII
Furi, cui neque seruus est neque arca
nec cimex neque araneus neque ignis,
uerum est et pater et nouerca, quorum
dentes uel silicem comesse possunt:
est pulcre tibi cum tuo parente 5
et cum coniuge lignea parentis.
nec mirum: bene nam ualetis omnes,
pulcre concoquitis, nihil timetis,
non incendia, non graues ruinas,
non facta impia, non dolos ueneni, 10
non casus alios periculorum.
atqui corpora sicciora cornu
aut si quid magis aridum est habetis
sole et frigore et esuritione.
quare non tibi sit bene ac beate? 15
a te sudor abest, abest saliua,
muccusue et mala pituita nasi.
hanc ad munditiem adde mundiorem,
quod culus tibi purior salillo est,
nec toto decies cacas in anno, 20
atque id durius est faba et lapillis;
quod tu si manibus teras fricesque,
non unquam digitum inquinare posses.
haec tu commoda tam beata, Furi,
noli spernere nec putare parui... 25
et sestertia quae sole precari
centum desine: nam satis beatus.
XXIV
O qui flosculus es Iuuentiorum,
non horum modo, sed quot aut fuerunt
aut posthac aliis erunt in annis,
mallem diuitias Midae dedisses
isti, cui neque seruus est neque arca, 5
quam sic te sineres ab illo amari.
'quid? non est homo bellus?' inquies. est:
sed bello huic neque seruus est neque arca.
hoc tu quamlubet abice eleuaque:
nec seruum tamen ille habet neque arcam. 10
XXV
Cinaede Thalle, mollior cuniculi capillo
uel anseris medullula uel imula oricilla
uel pene languido senis situque araneoso,
idemque Thalle turbida rapacior procella,
cum +diua mulierarios ostendit oscitantes+ 5
remitte pallium mihi meum, quod inuolasti,
sudariumque Saetabum catagraphosque Thynos,
inepte, quae palam soles habere tamquam auita.
quae nunc tuis ab unguibus reglutina et remitte,
ne laneum latusculum manusque mollicellas 10
inusta turpiter tibi flagella conscribillent,
et insolenter aestues uelut minuta magno
deprensa nauis in mari uesaniente uento.
XXIII
Furio(70), que no tienes ni esclavo ni arca ni
chinche ni araña ni lumbre, pero sí un padre y una
madre cuyos dientes pueden comer hasta piedras, te va
perfectamente con tu padre y con ese leño de la
esposa de tu padre. Y no es extraño: estáis realmente
todos bien de salud, digerís bien, nada teméis, ni
incendios ni grandes catástrofes ni crímenes ni las
trampas del veneno ni otros azares de peligro. Tenéis,
desde luego, unos cuerpos más secos que un cuerno o
si hay algo todavía más apellejado por el sol y el frío y
el hambre.
¿Cómo no te va a ir bien y dichosamente? De sudor
estás libre, estás libre de saliva, de mocos y de dañino
resfriado de nariz. A este aseo añádele uno mayor: que
tienes el culo más limpio que un salero(71), pues en
todo el año no cagas ni diez veces, y lo que haces es
más duro que un haba o que las piedras, y, si te
restregaras y frotaras con las manos, no podrías
mancharte ni un dedo. Esas comodidades tan
dichosas, Furio, no las desprecies ni las tengas en
poco... y los cien mil sestercios(72) que sueles pedir
olvídalos: ya eres bastante dichoso.
XXIV
Tú que eres la flor de los Juvencios(73), no
sólo de los de ahora sino de cuantos han sido y serán
luego en los años venideros, preferiría yo que hubieras
dado las riquezas de Midas(74) a ese que no tiene ni
esclavo ni arca(75) a que te dejaras querer por él. "¿Por
qué? ¿No es un hombre guapo?", dirás. Lo es: pero
este guaperas no tiene ni esclavo ni arca. Esto tú
déjalo aparte y dale toda la poca importancia que
quieras: es igual, ése no tiene ni esclavo ni arca.
XXV
Talo(76) julandrón, más blando que el pelo de
un conejo o el tuetanillo de un ganso o el lobulillo de
la oreja o el pene fláccido de un viejo o un lugar lleno
de telarañas; y, además, Talo, más rapaz que una
tempestuosa tormenta en cuanto la diosa señala a los
mujeriegos pasmados(77), devuélveme, el manto que
me robaste y el pañuelo de Sétabis y los bordados
bitinios(78), que sueles lucir en público como si fueran
de tus abuelos; despégalos ya de tus uñas y
devuélvemelos, no sea que tus costaditos de lana y tus
blanditas manos queden horriblemente garabateados
con correas pasadas por el fuego, y te agites sin
control como una barca diminuta atrapada en alta mar
por un viento furioso.