IES “Fuente de la Peña” (Jaén)
CÉSAR: “Coniuratio Catilinae”
Departamento de Latín
Por: Jaime Morente Heredia (JD)
simultates cum hostibus exercebant; ciues cum ciuibus de uirtute certabant. In suppliciis
deorum magnifici, domi parci, in amicos fideles erant.
(3) El valor en la guerra y la equidad en la
paz eran sus dos apoyos y los de la república. Para mí son pruebas muy claras de esto el que en
tiempo de guerra más veces castigaban a los que, llevados del ardor militar, peleaban contra el orden
que se les había dado o empeñados en la batalla tardaban en retirarse a la señal, que a los que
desamparaban las banderas y cedían su lugar al enemigo; y en la paz mantenían el imperio, más
premiando que haciéndose temer, y si eran agraviados, antes querían disimular que tomar
satisfacción.
X
(1) Pero después que con el trabajo y la justicia se acrecentó la república; que reyes grandes
fueron domados con las armas y sojuzgadas a viva fuerza naciones fieras y pueblos numerosos; que
Cartago, competidora del imperio romano, fue enteramente arruinada; que tierra y mar estaba llano a
su poder, entonces comenzó a airarse la fortuna y a confundirlo todo. Los mismos que habían de
buena voluntad sufrido trabajos, peligros, sucesos adversos y de dudoso éxito, se dejaron vencer y
oprimir del peso de la ociosidad y las riquezas que no debieran desear. Primero, pues, la avaricia,
luego fue creciendo la ambición, y estos dos fueron como la masa y material de los demás vicios.
Porque la avaricia echó por tierra la buena fe, la probidad y las demás virtudes; en lugar de las cuales
introdujo la soberbia, la crueldad, el desprecio de los dioses, el hacerlo todo venal. La ambición
obligó a muchos a ser falsos, a tener una cosa reservada en el pecho y otra pronta en los labios, a
pesar de las amistades y enemistades, no por el mérito, sino por el provecho, y, finalmente, a parecer
buenos más que a serlo. Esto en los principios iba poco a poco creciendo y una u otra vez se
castigaba; pero después que el mal cundió como un contagio, trocóse del todo la ciudad, y su
gobierno, hasta allí el mejor y más justo, se hizo cruel e intolerable.
XI
(1)
Sed primo magis ambitio quam auaritia animos hominum exercebat; quod tamen
uitium propius uirtutem erat.
(2)
Nam gloriam, honorem, imperium bonus et ignauus aeque
sibi exoptant; sed ille uera uia nititur; huic quia bonae artes desunt, dolis atque fallaciis
contendit.
(3)
Auaritia pecuniae studium habet, quam nemo sapiens concupiuit; ea, quasi
uenenis malis imbuta, corpus animumque uirilem effeminat, semper infinita, insatiabilis est,
neque copia neque inopia minuitur
. (4) S
ed postquam L. Sulla, armis recepta re publica, bonis
initiis malos euentus habuit, rapere omnes, trahere, domum alius, alius agros cupere, neque
modum neque modestiam uictores habere, foeda crudeliaque in ciues facinora facere
.
(5) Contribuyó también a esto el haber Lucio Sila, contra la costumbre de los mayores, tratado con
demasiada indulgencia y regalo al ejército que había mandado en Asia, a fin de tenerle a su
devoción. Los países deleitosos y amenos, junto con el ocio, hicieron muy en breve deponer a los
soldados su ánimo feroz. Allí se vio por primera vez el ejército del pueblo romano entregado a la
embriaguez y a la lascivia; allí comenzó a admirar el primor de las estatuas, pinturas y vasos
historiados, y a robarlos a los particulares y al público; allí a despojar los templos y a contaminar lo
sagrado y lo profano. En conclusión, estos soldados, después que obtuvieron la victoria, no dejaron
cosa alguna a los vencidos. Porque si en la prosperidad, aun los cuerdos difícilmente se moderan,
¿cuánto menos se contendrían unos vencedores de costumbres perdidas?.
XII
(1) Desde que empezaron a honrarse las riquezas y que tras ellas se iba la gloria, la autoridad y
el mando, decayó el lustre de la virtud, túvose la pobreza por afrenta y la inocencia de costumbres