Página 10 - catilina

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IES “Fuente de la Peña” (Jaén)
CÉSAR: “Coniuratio Catilinae”
Departamento de Latín
Por: Jaime Morente Heredia (JD)
por odio y mala voluntad. Así que de las riquezas pasó la juventud al, lujo, a la avaricia y la soberbia.
Robaba, disipaba, despreciaba su hacienda, codiciaba la ajena, y, abandonado el pudor y honestidad,
confundía las cosas divinas y humanas sin miramiento ni moderación alguna. Cosa es que asombra
ver nuestras casas en Roma y su campaña, que imitan en grandeza a las ciudades, y cotejarlas con los
pequeños templos de los dioses, fundados por nuestros mayores, hombres sumamente religiosos.
Pero aquéllos adornaban los templos con su piedad, las casas con su gloria, ni a los vencidos
quitaban sino la libertad de injuriar de nuevo; éstos, al contrario, siendo como son hombres cobardes
en extremo, quitan con la mayor iniquidad a sus confederados mismos lo que aquellos fortísimos
varones dejaron aún a los enemigos, después de haberles vencido; como si el usar del mando
consistiese solamente en atropellar y hacer injurias.
XIII
(1) Dejo de contar otras cosas, que nadie creerá sino los que las vieron; haber, digo, muchos
particulares allanado montes y terraplenado mares, gente en mi juicio a quien las riquezas no
sirvieron sino para desprecio y burla, porque pudiéndolas gozar honestamente, se daban prisa a
despreciarlas por modos vergonzosos. Ni era menor el exceso en la lascivia, en la glotonería y demás
regalo del cuerpo. Prostituíanse infamemente los hombres; exponían las mujeres al público su
honestidad; buscábase exquisitamente todo por mar y tierra para irritar la gula; no se esperaba el
sueño para el reposo de la cama; no el hambre, la sed, el frío, ni el cansancio; todo lo anticipaba el
lujo. Estos desórdenes inflamaban a la juventud, después que había disipado sus haciendas, para todo
género de maldades. Su ánimo envuelto en vicios, rara vez dejaba de ser antojadizo; y tanto con
mayor desenfreno se entregaba al robo y a la profusión.
XIV
(1) En una ciudad tan grande y tan estragada en las costumbres, fue cosa muy fácil a Catilina
tener cerca de sí, como por guarda, tropas de facinerosos y malvados. Porque, cuantos con sus
insolencias, adulterios y glotonerías habían destrozado sus patrimonios; cuantos por redimir sus
maldades o delitos habían contraído crecidas deudas: fuera de esto, los parricidas de todas partes, los
sacrílegos, los convencidos en juicio o que por sus excesos temían serlo; los asesinos, los perjuros y
finalmente aquellos a quienes algún delito, o la pobreza, o su conciencia traía inquietos, eran los
allegados y amigos de Catilina. Y si por accidente entraba en su amistad alguno libre aún de culpa,
con su cotidiano trato y añagazas se hacía en breve igual o semejante a los demás. Pero entre estas
amistades, ninguna apetecía tanto como la de los jóvenes, que por lo tierno y ocasionado de su edad
caían fácilmente en sus lazos; porque, según la pasión que más reinaba en ellos, a unos presentaba
amigas, a otros compraba perros y caballos; en suma, no perdonaba gasto alguno ni se avergonzaba
por nada, a trueque de tenerles obligados y seguros para sus ideas. Sé también que hubo quien creía
que los jóvenes que frecuentaban la casa de Catilina, eran tratados con poca honestidad en sus
personas; pero este rumor más se fundaba en conjeturas que en cosa alguna averiguada.
XV
(1)
Iam primum adulescens Catilina multa nefanda stupra fecerat, cum uirgine nobili,
cum sacerdote Vestae,
alia huiuscemodi contra ius fasque
. (2)
Postremo captus amore Aureliae
Orestillae, cuius praeter formam nihil umquam bonus laudauit, quod ea nubere illi dubitabat timens
priuignum adulta aetate, pro certo creditur, necato filio, uacuam domum scelestis nuptiis fecisse
. (3)
Quae quidem res mihi imprimis uidetur causa fuisse facinus maturandi
. (4)
Namque animus
impurus, dis hominibusque infestus, neque uigiliis neque quietibus sedari poterat: ita