Página 25 - catilina

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IES “Fuente de la Peña” (Jaén)
CÉSAR: “Coniuratio Catilinae”
Departamento de Latín
Por: Jaime Morente Heredia (JD)
piedad? Ha mucho que se han perdido en Roma los verdaderos nombres de las cosas, porque el
derramar lo ajeno se llama liberalidad, el arrojarse a insultos y maldades, fortaleza; a tal extremo ha
llegado la república. Sean, pues, enhorabuena liberales (ya que así lo llevan las costumbres) con la
hacienda de los confederados, no con nuestra sangre. Sean piadosos con los ladrones del erario, pero
por salvar la vida a cuatro malhechores no quieran arruinar al resto de los buenos.
Poco antes Cayo César habló en este lugar con gran delicadeza y artificio de la vida y de la
muerte, teniendo, a lo que parece, por falso lo que nos cuentan del infierno; es, a saber, que los
malos, por diferente rumbo que los buenos, son destinados a unos lugares tristes, incultos, horribles y
espantosos; y conforme a esto concluyó diciendo, que se les confisquen las haciendas y sus personas
se repartan por las cárceles de los municipios, no sea que si quedan en Roma los cómplices de la
conjuración el populacho ganado por dinero los saque por fuerza de la prisión, como si sólo hubiese
gente malvada en Roma y no sucediera lo mismo en toda Italia; o no fuese más de temer una
violencia, donde hay menores fuerzas para oponerse a ella. Por cuya razón es poco sano este consejo,
si César recela algo de parte de los conjurados; pero si sólo él deja de temer, cuando están todos tan
poseídos del terror, tanto más conviene que yo tema; y no sólo por mí, sino por vosotros. Tened,
pues, por cierto que lo que resolviereis contra Publio Léntulo y los demás reos, lo resolvéis al mismo
tiempo contra el ejército entero de Catilina y contra los conjurados; que cuanto con más calor y
aplicación tratéis este negocio, tanto decaerán ellos de ánimo, y que por poco que vean que aflojáis,
os insultarán con más orgullo.
(19)
Nolite existimare maiores nostros armis rem publicam ex parua magnam fecisse
. (20)
Si
ita res esset, multo pulcherrimam eam nos haberemus, quippe sociorum atque ciuium,
praeterea armorum atque equorum maior copia nobis quam illis est.
(21)
Sed alia fuere quae
illos magnos fecere, quae nobis nulla sunt: domi industria, foris iustum imperium, animus in
consulendo liber neque delicto neque lubidini obnoxius.
(22)
Pro his nos habemus luxuriam
atque auaritiam, publice egestatem, priuatim opulentiam; laudamus diuitias, sequimur
inertiam. Inter bonos et malos discrimen nullum, omnia uirtutis praemia ambitio possidet.
(23)
Ni puede ser otra cosa, puesto que en vuestras resoluciones nadie mira sino por sí; que en vuestras
casas servís a los deleites y placeres, aquí a vuestra codicia o al favor. De donde nace, que
desamparada la república, la invade cualquiera por su antojo. Pero dejemos esto.
Conspiraron unos ciudadanos principalísimos a abrasar la patria; llamaron por auxiliares a los
galos, mortales enemigos del nombre romano; tenemos a su caudillo con un ejército sobre nosotros,
y aún ahora estáis sin resolveros, dudando qué haréis de los enemigos cogidos dentro de vuestras
murallas. Digo que os apiadéis de ellos, porque son unos jóvenes que no tienen más delito que
haberse dejado llevar de la ambición, y aun añado que los dejéis ir armados. Yo sé que esta
intempestiva mansedumbre y piedad, cuando otro día tomen las armas, se convertirá en vuestra
ruina. A la verdad el apuro es grande, bien lo conocéis, pero afectáis no tener miedo.
SI, teméis, y mucho; más por vuestra inacción y flojedad, esperándoos el uno al otro, tardáis en
resolveros, fiados, a lo que parece, en los dioses inmortales, que en otras ocasiones libraron a esta
república de grandísimos peligros. Tened, pues, entendido que no se logra el favor de los dioses con
votos ni plegarias de mujeres; que cuando se vela, se trabaja y consulta desapasionadamente, todo
sale bien; pero si nos abandonamos a la pereza y desidia, es ocioso clamar a los dioses: nos son
entonces adversos y contrarios. En tiempo de nuestros mayores, Aulo Manlio, Torcuato, en la guerra
que tuvimos con los galos, mandó matar a un hijo suyo por haberse combatido con su enemigo
contra el orden que se había dado; y así aquel mancebo ilustre pagó con su cabeza la pena de su valor
mal contenido: ¿y vosotros os detenéis en resolver contra unos cruelísimos parricidas? Hacéis bien,