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IES “Fuente de la Peña” (Jaén)
CÉSAR: “Coniuratio Catilinae”
Departamento de Latín
Por: Jaime Morente Heredia (JD)
impulso de su generosidad para acreditar más su amor a la república, le pusieron al pecho las espadas
al tiempo que salía del Senado.
L
(1) D
um haec in senatu aguntur et dum legatis Allobrogum et T. Volturcio, comprobato
eorum indicio, praemia decernuntur, liberti et pauci ex clientibus Lentuli diuersis itineribus
opifices atque seruitia in uicis ad eum eripiundum sollicitabant, partim exquirebant duces
multitudinem, qui pretio rem publicam uexare soliti erant.
(2)
Cethegus autem per nuntios
familiam atque libertos suos lectos et exercitatos orabat in audaciam ut grege facto cum telis ad
sese irrumperent.
(3)
Consul ubi ea parari cognouit, dispositis praesidibus ut res atque tempus
monebat, conuocato senatu refert quid de eis fieri placeat, qui in custodiam traditi erant. Sed
eos paulo ante frequens senatus iudicauerat contra rem publicam fecisse.
(4) Decio Junio Silano,
que por hallarse designado cónsul fue preguntado el primero, votó por entonces, que debían
condenarse a muerte, y no sólo ellos, sino también Lucio Casio, Publio Furio, Publio Umbreno y
Quinto Anio, si pudiesen ser habidos. (5)
Sed Caesar, ubi ad eum uentum est, rogatus sententiam
a consule huiuscemodi uerba locutus est:
LI
(1)
"Omnes homines, patres conscripti, qui de rebus dubiis consultant, ab odio, amicitia,
ira atque misericordia uacuos esse decet.
(2) No es fácil que el ánimo descubra entre estos
estorbos la verdad, ni nadie acertó jamás siguiendo su capricho. Prevalece el ánimo, cuando se aplica
libremente; si nos preocupa la pasión, ella domina, el ánimo nada puede. Gran copia de ejemplares
pudiera yo traer, padres conscriptos, de reyes y repúblicas que por dejarse llevar de la compasión o
del enojo tomaron resoluciones muy erradas; pero más quiero acordaros lo que nuestros mayores,
sabiamente, y con grande acierto, ejecutaron en varias ocasiones contra lo que les dictaba su pasión.
En la guerra de Macedonia que tuvimos con el rey Perseo, la ciudad de Rodas, grande y opulenta,
que debía sus aumentos al favor del pueblo romano, nos fue desleal y contraria, pero después que,
concluida la guerra, se trató qué debería hacerse de los rodios, pareció a nuestros mayores dejarlos
sin castigo, por que no se dijese que sus riquezas, más que la injuria, nos habían hecho tomar las
armas. Asimismo en las tres guerras púnicas, habiendo los cartagineses en tiempo de paz y treguas
hecho muchas veces cosas indignas de contarse, jamás los nuestros, aun brindados de la ocasión,
quisieron imitarlos, porque no miraban tanto a lo que podían justamente hacer, como a lo que
correspondía a su decoro. Pues esto, esto mismo debéis vosotros, padres conscriptos, mirar
atentamente, no sea que la maldad de Publio Léntulo y de los demás reos se haga más lugar en
vuestros ánimos que vuestra dignidad; ni tiréis más a desahogar la ira, que a mantener la reputación
de vuestro nombre. Porque si en la realidad se hallase castigo correspondiente a su delito, me allano
desde luego a la novedad que se propone, pero si excede su maldad a cuanto pueda discurrirse, ¿a
qué fin apartarnos de lo que tienen establecido nuestras leyes?.
Los más de los que han votado hasta ahora se han lastimado con grande afectación y pompa de
palabras de la desgracia que amenaza a la república, contándonos menudamente cuán cruel guerra
sería ésta y cuántas las calamidades de los vencidos, que serían robadas las doncellas y los niños,
arrancados los hijos del regazo de sus madres, las matronas expuestas al desenfreno de los
vencedores, los templos y las casas saqueadas, que no habría sino muertes e incendios, y
últimamente que se llenaría todo de armas, de cadáveres, de sangre y de lamentos.
Pero, por los dioses inmortales, ¿a qué propósito esto? ¿Acaso para irritaros contra la conjuración?
Por cierto, que harán gran fuerza las palabras a quien no la hiciese la realidad de un hecho tan atroz.