Página 21 - catilina

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IES “Fuente de la Peña” (Jaén)
CÉSAR: “Coniuratio Catilinae”
Departamento de Latín
Por: Jaime Morente Heredia (JD)
reconvenido con su carta y sus conversaciones en que decía frecuentemente: «que los libros de las
`Sibilas pronosticaban el reino de Roma a tres de la familia Cornelia; que los dos habían sido Cina y
Sila y él era el tercero, a quien la suerte daba, que había de apoderarse de la ciudad, y, además de
esto, que aquel era el año veinte de la quema del capitolio; año que los adivinos, en vista de algunos
prodigios, habían muchas veces dicho en sus respuestas, que sería sangriento por guerras civiles. (3)
Igitur, perlectis litteris, cum prius omnes signa sua cognouissent, senatus decernit uti, abdicato
magistratu, Lentulus itemque ceteri in liberis custodiis habeantur
. (4)
Itaque Lentulus P.
Lentulo Spintheri, qui tum aedilis erat, Cethegus Q. Cornificio, Statilius C. Caesari, Gabinius
M. Crasso, Caeparius - nam is paulo ante ex fuga retractus erat- Cn. Terentio senatori
traduntur.
XLVIII
( Interea plebs, coniuratione patefacta, quae primo cupida rerum nouarum nimis bello fauebat,
mutata mente, Catilinae consilia execrari, Ciceronem ad caelum tollere: ueluti ex seruitute erepta,
gaudium atque laetitiam agitabat. (2) Porque al pronto creyó que cualquier otro desorden de los que
trae consigo la guerra civil, más que daño, podría ocasionar algún pillaje, pero el incendio desde
luego vio ser cosa atroz y enorme, y que había de ser muy funesto, pues todos sus haberes consistían
en lo que consumía diariamente la ciudad en el sustento y la decencia. ( Post eum diem quidam L.
Tarquinius ad senatum adductus erat, quem ad Catilinam proficiscentem ex itinere retractum aiebant.
(4)
Is cum se diceret indicaturum de coniuratione, si fides publica data esset, iussus a consule
quae sciret edicere, eadem fere quae Volturcius de paratis incendiis, de caede bonorum, de
itinere hostium senatum docet; praeterea se missum a M. Crasso qui Catilinae nuntiaret ne
eum Lentulus et Cethegus aliique ex coniuratione deprehensi terrerent, eoque magis
properaret ad urbem adcedere, quo et ceterorum animos reficeret et illi facilius e periculo
eriperentur.
(5) Sed ubi Tarquinius Crassum nominauit, hominem nobilem, maximis diuitiis,
summa potentia, alii rem incredibilem rati, pars tametsi uerum existimabant, tamen plerique, Crasso
ex negotiis priuatis obnoxii, conclamant indicem falsum esse deque ea re postulant uti referatur. (6)
Propónelo de nuevo Cicerón y resuélvese a pluralidad de votos que la noticia es falsa y que
Tarquinio se mantenga preso hasta declarar por sugestión de quién ha fabricado tan enorme
calumnia. (7)
Erant eo tempore qui existimarent indicium illud a P. Autronio machinatum, quo
facilius appellato Crasso per societatem periculi reliquos illius potentia tegeret.
(8) Otros decían
que Tarquinio era un echadizo de Cicerón, por medio de que Craso alborotase la república, tomando
a su cargo la protección de los malvados, según tenía de costumbre. Yo mismo oí después a Craso
decir públicamente que Cicerón era quien le había puesto tan afrentosa nota.
XLIX
(1) Pero esto se aviene mal con que en el mismo tiempo ni Quinto Catulo, ni Cayo Pisón
pudieron conseguir de él por amistad, por ruegos ni dinero, que los alóbroges u otro delator
nombrasen calumniosamente a Cayo César, de quien ambos eran mortales enemigos; Pisón, porque
César le había convencido en juicio de haber por cohecho sentenciado injustamente a muerte a cierto
transpadano; Catulo, porque siendo de avanzada edad y habiendo obtenido los primeros empleos, no
podía sufrir que en competencia suya se hubiese dado el pontificado a César, que era aún mozo. Y la
ocasión no podía ser mejor para autorizar la calumnia, porque César por su insigne liberalidad con
sus amigos y por los espectáculos magníficos que había dado al pueblo, se hallaba sumamente
adeudado. Pero al fin, desengañados de que no podían inducir al cónsul a tan gran maldad, ellos por
sí mismos (hablando a unos y a otros y fingiendo cosas que decían haber oído a Volturcio y a los
alóbroges) conciliaron a César tan grande aborrecimiento, que algunos caballeros romanos de los que
guardaban armados el templo de la Concordia, dejándose llevar de lo grande del peligro o del