IES “Fuente de la Peña” (Jaén)
CÉSAR: “Coniuratio Catilinae”
Departamento de Latín
Por: Jaime Morente Heredia (JD)
originase algún tumulto. Pero Quinto Cátulo leyó en el Senado otra carta muy diferente, la cual dijo
habérsele entregado de parte de Catilina. Su copia es ésta:
XXXV
(1) «Lucio Catilina a Quinto Cátulo. Salud. Tu gran fidelidad, que tengo bien experimentada, y
que en mis mayores peligros me ha sido muy apreciable y grata, me alienta a que me recomiende a ti.
Por esto no pienso hacer apología de mi nueva resolución, sino declarártela y sus motivos, para mi
descargo, pues de nada me acusa la conciencia; y esto lo puedes creer sobre mi juramento. Hostigado
de varias injurias y afrentas que he padecido, y viéndome privado del fruto de mi trabajo e industria,
y sin el grado de honor correspondiente a mi dignidad, tomó a mi cargo, como acostumbro, la causa
pública de los desvalidos y miserables: no porque no pudiese yo pagar con mis fondos las deudas que
por mí he contraído, ofreciéndose la liberalidad de Aurelia Orestila a satisfacer con su hacienda y la
de su hija aun las que otros me han ocasionado, sino porque veía a gentes indignas en los mayores
puestos y honores, y que a mí, por solas sospechas falsas, se me excluía de ellos. Por esto he
abrazado el partido de conservar el resto de mi dignidad por un camino harto decoroso, según mi
actual desgracia. Más quisiera escribirte, pero se me avisa que vienen sobre mí. Encárgote a Orestila
y te la confío y entrego, rogándote por la vida de tus hijos que la defiendas de todo agravio. Adiós."
XXXVI
(1) Sed ipse paucos dies commoratus apud C. Flaminium in agro Arretino, dum uicinitatem
antea sollicitatam armis exornat, cum fascibus atque aliis imperi insignibus in castra ad Manlium
contendit. (2)
Haec ubi Romae comperta sunt, senatus Catilinam et Manlium hostes iudicat,
ceterae multitudini diem statuit, ante quam sine fraude liceret ab armis discederet, praeter
rerum capitalium condemnatis
. (3)
Praeterea decernit uti consules dilectum habeant, Antonius
cum exercitu Catilinam persequi maturet, Cicero urbi praesidio sit.
(4)
Ea tempestate mihi
imperium populi Romani multo maxime miserabile uisum est,
pues obedeciéndole el mundo
entero, conquistado por sus armas, desde Oriente a Poniente y teniendo en sus casas paz y
abundancia de riquezas, que son las cosas que los hombres más estiman, hubo, sin embargo,
ciudadanos tan duros y obstinados, que más que gozar de estos bienes, quisieron perderse a sí y a la
república. Porque ni aun después de repetido el decreto del Senado, se halló siquiera uno entre tanta
muchedumbre, que llevado del interés del premio descubriese la conjuración o desampararse los
reales de Catilina; tal era la fuerza del mal, que como un contagio se había pegado a los más de los
ciudadanos.
XXXVII
(1) Ni pensaban sólo así los que tenían parte en la conjuración; sino absolutamente toda la
plebe, llevada del deseo de novedades, aprobaba el intento de Catilina; y en esto hacía según su
costumbre, porque siempre en las ciudades los que no tienen que perder envidian a los buenos,
ensalzan a los que no lo son, aborrecen lo antiguo, aman la novedad, y descontentos con sus cosas y
estado, desean que se mude todo, alimentándose entretanto de los alborozos y tumultos, sin cuidado
alguno, porque en todo acontecimiento pobres se quedan. Pero la plebe de Roma se había dejado
llevar del torrente de la conjuración por muchos motivos. En primer lugar, cuantos en todas partes
eran señalados por sus infamias y atrevimientos; cuantos habían perdido afrentosamente sus
patrimonios; cuantos por sus excesos y delitos andaban desterrados de sus patrias, todos habían
acudido a Roma como a una santina de maldades. Había también muchos que acordándose de la
victoria de Sila, y viendo a algunos que de soldados rasos habían llegado a senadores y a otros tan
ricos que en la ostentación y trato parecían reyes, se prometían para sí otro tanto, si tomaban las