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IES “Fuente de la Peña” (Jaén)
Antología de textos: M. T. Cicerón (
De amicitia
)
Departamento de Latín
Por: Jaime Morente Heredia (profesor de Latín)
LAELIUS
” o “
DE AMICITIA
INTRODUCCIÓN:
Esta obra es un pequeño tratado filosófico sobre la amistad, escrito en forma de diálogo
por Marco Tulio Cicerón en el año 44 a.C., después de la muerte de Julio César. Pocos meses
antes había escrito otro opúsculo sobre la vejez, “
De Senectute
”, y con anterioridad otra serie de
obras de carácter filosófico, todas ellas buscando el objetivo de, como él mismo dice, “ilustrar
con obras latinas todos los aspectos de la filosofía” (“
De Divinatione
”, II, 1, 4).
El tema de la amistad había sido tratado abundantemente por sobresalientes filósofos
griegos como Platón y Aristóteles. Aunque algunas ideas de estos están presentes en “De
amicitia”, la obra que, según parece, tuvo más a la vista, fue el perì filías, hoy perdido, de
Teofrasto, discípulo de Aristóteles, como lo asegura Aulo Gelio. También hay algún eco de la
obra de Jenofonte “
Recuerdos de Sócrates
” en alguna idea puesta en boca de Escipión. Pero
estas fuentes y otras menos importantes que podrían citarse, las utiliza con gran libertad Cicerón,
quien en sus escritos pretende exponer una concepción puramente romana de la vida.
El diálogo se supone haber tenido lugar el año 129 a. C., unos días después de la
misteriosa muerte de Escipión, posiblemente asesinado mientras dormía, el cual tenía una gran
amistad con Cayo Lelio
1
; este recibe en su casa a sus dos yernos, Quinto Mucio Escévola
2
y
Cayo Fannio
3
, quienes con la intención de reconfortar a su suegro entablan con él una
conversación sobre el amigo fallecido siendo el tema principal “la verdadera amistad” entre
ambos.
RESUMEN:
Comienza Cicerón esta obra con unas palabras para presentar a los personajes,
especialmente al protagonista, Lelio, a quien conocía de oídas por haber sido discípulo de su
yerno Quinto Mucio Escévola; y, un poco más adelante, se dirige a su gran amigo Ático (Cayo
Pomponio Ático) para justificar la elección de los personajes de sus diálogos y dedicarle la obra:
“Quinto Mucio, el augur, complacíase en recordar a menudo muchos rasgos de su suegro Cayo
Lelio, y no vacilaba en toda ocasión en llamarle sabio. Por mi parte, desde que tomé la toga viril, mi
padre me llevó a Escévola con la recomendación de que, en cuanto pudiera y me fuera permitido, no
me apartase nunca del lado del anciano. Así grababa yo en mi memoria muchas sabias disertaciones,
muchas breves y hermosas sentencias que de él oía y me afanaba en instruirme aprovechándome de
su ciencia. (1)”
1
El protagonista del diálogo, Cayo Lelio, fue uno de los miembros más distinguidos del círculo helenizante reunido
alrededor de Escipión. Nacido en 186 a. C., fue pretor en 145 y cónsul en 140. Acompañó a Escipión en varias de
sus campañas y fue su segundo en la de Numancia. Por su cuenta ganó, también en España, gran crédito como
general en la guerra contra Viriato. Pero era, ante todo, un intelectual: gran orador y apasionado por la filosofía
griega, lo que le valió el sobrenombre de “sabio”. Fue discípulo de Diógenes el estoico y de Panecio. Tanta era la
estima en que se le tenía como hombre de letras, que algunos le atribuían la paternidad de las comedias de su amigo
Terencio.
2
Quinto Mucio Escévola, llamado el Augur, para distinguirlo de sn sobrino el Pontífice, nació el 157 a. C. Fue
pretor en 121, cónsul en 117 y murió hacia el 88. Hijo de una familia de distinguidos jurisconsultos, lo fue él
también, y uno de los más célebres de Roma. Cicerón, de joven, fue llevado por su padre junto a Escévola, para que
a su lado se familiarizara con los principios del derecho romano y se aprovechara de su extensa experiencia política.
Gracias a esta circunstancia (así por lo menos lo dice en el proemio de esta obrita), pudo Cicerón oír las ideas sobre
la amistad que Escévola había recogido de labios de su suegro Lelio.
3
Cayo Fannio Estrabón, algo mayor que Escévola, se había distinguido en la tercera guerra púnica y en otras
campañas en Grecia y España. Fue tribuno de la plebe en 142 a.C. Escribió una obra histórica, que Salustio elogia
por la exactitud de sus datos, pero que Cicerón encontraba pobre de estilo.