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"LA MITOLOGÍA Y RELIGIÓN GRIEGAS"
(Luis Miguel Orbaneja García)
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«Comprender la religión griega, o lo que otros llaman el "estilo
religioso" griego, supone para la mentalidad moderna un esfuerzo
considerable. Primero, porque a través del tiempo fue evolucionando con las
restantes manifestaciones culturales del hombre. Pero, sobre todo, en segundo
lugar, porque, desde el "paganismo" hasta el mundo contemporáneo, lo
que ha cambiado es el propio significado de la religión, su papel y sus
funciones, su lugar en la conciencia individual y en el grupo.»
La
complejidad del mundo de las creencias griegas -en el que se entremezclan mito,
poesía, religión y culto-, hace aconsejable que se disponga de un panorama
global que ayude a entender la relación que en ocasiones
guardan tales elementos. El presente trabajo es sólo un resumen de sus
principales características, dirigido especialmente a los alumnos
de Bachillerato que se inician en el aprendizaje de los dioses y
héroes de la mitología clásica. Junto al texto básico, existe una serie de notas
bibliográficas que permiten profundizar con más detalle en otros
aspectos menos generales.
LAS CARACTERÍSTICAS MÁS IMPORTANTES QUE SUELE DESTACARSE EN LA RELIGIÓN GRIEGA SON:
Sin duda, los griegos experimentaron y
conocieron el PODER DIVINO en una gama muy rica de posibilidades, que
originaría un politeísmo1, compartido con otros pueblos de la Antigüedad (Cfr.
Heródoto2 y su teoría sobre el origen de esta
costumbre).
En cuanto a la función de sus dioses, los Olímpicos, que pertenecen a
la generación más importante, no es que hayan creado
el mundo 3,
sino que forman parte de él, como los mismos humanos, porque los tres (cosmos,
dioses y humanos) surgen de POTENCIAS PRIMIGENIAS.
1.1.Cosmogonía y Teogonía: las primeras generaciones
1.2.Dioses Mayores o Dioses Olímpicos
1.3.Dioses Menores
1.1. Cosmogonía y Teogonía: las primeras generaciones
Según nos relata Hesíodo4, al inicio del
mundo sólo existía C£oj, el Caos
(que significa algo así como "un bostezo" o desorden, el espacio puro
o la extensión sin ningún contenido, el vacío). Las sucesivas generaciones de
dioses representan, en este contexto, el complicado proceso que entraña el paso
del Caos al Cosmos, es decir, el paso de la ausencia de Orden
Universal, de Justicia Suprema y de Belleza Absoluta a su definitiva presencia.
En castellano la palabra Cosmos no sólo alude al universo sino que, en
algunos derivados, como cosmética, se utiliza en su acepción de
generador de belleza o de higiene. Sin duda, el concepto del Cosmos, dentro de
la mentalidad griega presuponía un ideal de hermoso orden justo.
Del Caos surgieron tres generaciones
de dioses.
1ª GENERACIÓN DE DIOSES.
URANO y GEA fueron la primera pareja de dioses y
potencias primigenias, "el Cielo y la Tierra", surgidas del Caos.
Junto a ellos apareció Eros, el poder cósmico del amor o de la
atracción que actúa sobre dioses y hombres haciendo que éstos se unan. De la
unión de Urano y Gea surgieron muchos seres poderosos como los TITANES o los
CÍCLOPES, a los que Urano, por miedo a ser destronado por su descendencia,
obligaba a permanecer dentro del seno de su madre.
Gea, harta de padecer los sufrimientos que
le provocaba el encierro de sus hijos, decidió aliarse con el más joven y
fuerte de Titanes, su hijo Crono, al que le hizo entrega de una hoz de oro para
que la utilizara contra su padre en una emboscada que, juntos, habían planeado.
Así lo hizo el osado Cronos, quien tomando la hoz con la mano derecha castró a
Urano. Luego, con la mano izquierda arrojó los genitales al mar, lanzándolos
hacia atrás por encima del hombro, con ese gesto característico que aún
seguimos reconociendo en la costumbre de tirar algunos cosas (un poco de sal,
una herradura...) para alejar la mala suerte: este gesto se llama apotropaico,
palabra que en griego significaba hacer que (el mal) se dé la
vuelta. La sangre de Urano fecundó a Gea, quien engendró a los GIGANTES y
a las FURIAS. Los órganos genitales, al caer al mar, engendraron a la diosa
AFRODITA, nombre que en griego significaba precisamente la nacida de la
espuma del mar (V. el cuadro de Botticelli El nacimiento de Venus).
El carácter negativo que tiene en el mito la mano izquierda puede ser puesto en
relación con la mala reputación con que se asocia aún hoy el término siniestro,
sinónimo de funesto o malintencionado, en contraste con el
sentido que le damos a la palabra diestro. Finalmente, el motivo del
hijo menor que con actitud valerosa salva a la prole se repite en ocasiones en
el mito y puede reconocerse aún en los cuentos populares infantiles (Los
siete cabritillos, Pulgarcito...).
2ª GENERACIÓN DE DIOSES
La muerte violenta de Urano a manos de su
propio hijo supone el paso a la siguiente generación: Crono y
su esposa Rea, dos potencias primigenias que representan,
respectivamente, el Tiempo y la Naturaleza. Los romanos identificaron a Crono
con Saturno, y a Rea con Cibeles. Esta diosa
en la mitologia es representada sobre un carro que simboliza la superioridad de
la madre Naturaleza, a la que incluso se subordinan los poderosos leones que
tiran del carrro. La leyenda los relaciona con una singular pareja mitológica, Hipómenenes
(Melanión, en otras versiones) y Atalanta,
que compitieron en una carrera de velocidad. La astucia de Hipómenes -inspirado
por la diosa del amor, ya que el premio era la mano de Atalanta- hizo caer al
suelo unas manzanas de oro que atrajeron la atención de Atalanta y la
distrajeron de la carrera, que perdió. El mito concluye con la unión impía de
los amantes dentro de un recinto sagrado de Zeus, quien, irritado, los
convirtió en leones. Más tarde Cibeles, compadecida, los habría uncido a su
carro.
La generación de los Titanes tampoco trajo
consigo el establecimiento de un orden justo, pues el comportamiento
de Crono, respecto a su descendencia, se vio condicionado por la maldición que
pronunció su padre antes de morir: Urano profetizó la muerte de Crono también a
manos de uno de sus hijos. Para evitar este oráculo Crono devoraba a sus hijos
nada más nacer. En griego el nombre de Crono (Ð crÒnoj)
se relacionaba con la palabra que significa tiempo (V. en castellano
los términos crónica, cronómetro, sincronía, diacronía,
etc.). Desde esta perspectiva, el tiempo actúa con los hombres como el Titán
cruel de la mitología, devorando o destruyendo los cuerpos de los seres vivos
hasta los huesos. Este mito ha sido motivo de atención en la obra de algunos
artistas como Rubens o Goya cuyos cuadros Saturno devorando a sus hijos
nos legaron una reflexión más o menos sombría sobre el paso del tiempo.
Precisamente, al implacable Crono se le suele representar con una hoz, objeto
que también se halla asociado a la imagen iconográfica de la Muerte segando las
almas de los vivos.
LA 3ª GENERACIÓN O GENERACIÓN DE LOS DIOSES OLÍMPICOS:
La predicción de Urano terminó cumpliéndose,
pues Rea, cansada de la actitud destructiva de Crono hacia sus vástagos, salvó
a Zeus, el más joven de sus hijos, dando a tragar a Crono una
piedra envuelta en pañales. Rea, a continuación, puso a salvo a Zeus en una
gruta del monte Ida, en Creta. En la entrada colocó a los CORIBANTES o CURETES,
con el fin de que disimularan con sus estruendosas danzas guerreras el llanto
del niño. También dejó en la gruta a la cabra AMALTEA (en otras versiones
Amaltea es simplemente una ninfa) para que Zeus se alimentara con su leche.
Cuando aquélla murió, Zeus con la piel del animal creó la égida, el manto de
piel de cabra que más tarde Zeus regaló a su hija predilecta ATENEA, sobre la
cual la diosa llevaba prendida la cabeza de la gorgona Medusa para amedrentar a
los enemigos. La égida, palabra que en castellano también puede
significar protección o defensa, debe su nombre a que en griego se decía
"aix, aigós" (¹ a‡x, a„gÒj). Asimismo, con el
cuerno de la cabra Zeus creó la Cornucopia o cuerno de la
abundancia, en homenaje a la función nutricia de Amaltea, y del que el
poseedor podía extraer todos los alimentos que deseara.
Al hacerse mayor Zeus se enfrentó a su
malvado padre, consiguiendo, con la ayuda de la diosa METIS, que Crono tomara
un vomitivo y expulsara de este modo a todos sus hermanos que había devorado.
Pero lo primero que Crono devolvió fue la piedra que se había tragado en lugar
de Zeus. Esta piedra, llamada ÓNFALOS, en griego significaba ombligo (Ð ÑmfalÒj), y Zeus la puso en el pico de dos águilas para que
la dejaran caer en el preciso lugar donde se encontrasen después de dar
la vuelta al mundo cada una por un lado. Este lugar fue DELFOS, a los pies del
monte PARNASO, morada de las MUSAS, donde la piedra-ombligo de Zeus marcaba el
centro de la tierra. Los griegos instituyeron en él el santuario del dios APOLO
que albergó uno de sus oráculos más influyentes en la vida social y cultural de
Grecia: el oráculo de Apolo, en cuyo templo estaban grabadas las famosas
sentencias de Conócete a ti mismo o Nada en demasía, que
invitaban a los hombres a reconocer que sólo eran mortales y a saber guardar en
sus vidas una oportuna moderación, respectivamente. En el interior de este
templo los griegos interpelaban la voluntad de los dioses a través de la
PITONISA.
Zeus y sus hermanos declararon la guerra a
los Titanes, que estaban dirigidos por el gigante Atalante. Esta lucha se
conoce con el nombre de TITANOMAQUIA o, en otras versiones, GIGANTOMAQUIA (V. otros
términos del castellano con esta acepción de lucha, como tauromaquia
o naumaquia) y fue representada en la antigúedad por muchos artistas,
como el propio FIDIAS en el templo del PARTENÓN en la Acrópolis de la Atenas de
Pericles del S. V a. C. Los dioses de la tercera generación salieron
victoriosos y confinaron a los Titanes en el Tértaro y a los gigantes los
enterraron bajo enormes montañas.
Finalmente, la generación de Zeus fue la
última, aquella que representaría la Justicia Suprema, la misma que el padre de
todos los dioses y hombres haría extensiva a la Tierra mediante el concurso de
la fuerza del famoso HERACLES (en latín conocido como HÉRCULES).
También consiguió esquivar las ocasiones en
que parecía que se cumpliría de nuevo la maldición antigua de morir a manos de
uno de sus propios hijos, y, así, cuando Metis estaba a punto de tener un hijo
de Zeus, éste puesto en sobreaviso de que el hijo que naciera de ambos llegaría
a ser más poderoso que su propio padre, evitó el oráculo tragándose embarazada
a la diosa Metis. Con el paso del tiempo -continúa la leyenda- Zeus llegó a
sentir un fuerte dolor de cabeza, y llamó a su hijo Hefesto (Vulcano, en latín)
para que le dividiera con su afilada hacha el cráneo. Una vez superada la
inicial resistencia del desconfiado hijo, Zeus consiguió que cumpliera el
encargo, y de la cabeza abierta de Zeus nació la diosa ATENEA en persona, a la
que coronó la diosa VICTORIA. Quizá el mito nos parezca menos chocante si
caemos en la cuenta de que Metis en griego significaba prudencia, y que la hija
predilecta del todopoderoso Zeus no es otra que una hija nacida de su cabeza,
como si el mito nos viniera decir que la Sabiduría invicta es fruto de la
Prudencia y de la Justicia. Tal es el asunto mitológico que debió contener uno
de los frontones del Partenón, el templo que los atenienses dedicaron a su
diosa políada, protectora de la ciudad.
Zeus gobernó junto a sus hermanos e hijos
desde el OLIMPO. En la geografía griega el Olimpo era un monte de nieves
perennes de las regiones del norte, en el cual los griegos situaron la sede de
los dioses de esta tercera generación. Esta es la causa de que a estos dioses
los poetas los denominaran DIOSES OlÍMPICOS, siendo Zeus el más poderosos de
todos. En honor suyo se instauró un santuario en la famosa ciudad de OLIMPIA,
en el Peloponeso, que adoptó el epíteto de Zeus Olímpico, y donde se
celebraban cada cuatro años los juegos atléticos más famosos de la antigúedad,
origen e inspiración de los actuales Juegos Olímpicos.
1.2. Dioses Mayores o Dioses Olímpicos
Los poetas griegos HOMERO y
HESÍODO fueron los que, principalmente, fijaron en sus
obras las CARACTERÍSTICAS de estas divinidades (y así le agradó al pueblo
griego imaginarlas, por lo menos hasta época clásica, años en que empezaría a
extenderse la revisión crítica de los nuevos intelectuales sobre unos dioses
cada vez más alejados de la creencia popular y cada vez más adscritos a la
propaganda de la Polis-Estado):
*
Tenían relaciones (benéficas o dañinas) con el hombre. Aunque éstas solían
limitarse a una relación externa que no llegara a traspasar la frontera que los
dividía.
- ZEUS (JÚPITER en latín): dios del
cielo y sus fenómenos se halla en la cima, como padre de los dioses y los
hombres (pat»r ¡ndrîn
te qeîn). Zeus es "el que amontona
las nubes" y el que aventaja a todos, el potentísimo, al que todos
obedecen, fundador del orden y garante de la justicia, padre y antepasado, es
el dios más importante y con el que van a ser emparentados de una manera o de
otra los demás dioses. (Sobre las relaciones consanguíneas Cfr. la opinión de F.
Engels de los matrimonios primitivos por grupos5 ). Sobre su nacimiento ya mencionamos más arriba que
su madre Rea lo salvó de ser devorado por su padre Crono, y que lo llevó
a una cueva de Creta, donde lo confió a la cabra Amaltea para que
lo alimentara. (luego, al morir ésta, en su honor, de su piel de cabra, a‡g = cabra, hizo la
"égida" y de su cuerno, la "cornucopia" o cuerno del
abundancia); como los llantos de Zeus amenazaban con descubrirlo, también puso
su madre delante de la entrada de la cueva a los Coribantes o Curetes,
unos guerreros que danzaban continuamente, entrechocando sus armas y
escudos para producir enorme ruido, que ocultara la voz del dios niño. Una vez
criado, destronó a su padre y se hizo con el poder. Son sus atributos reales el
rayo, con el que fulmina a sus enemigos, el trueno, que utiliza como vehículo
del enfado, el cetro y la corona; se transforma en águila (otro símbolo del
poder que pervive en nuestras sociedades) o en toro (como dios de la
fertilidad). El famoso oráculo de Dodona estaba ligado a su nombre y
culto. Con Apolo y Palas Atena forman la gran tríada de dioses de máxima
importancia e influencia. Es también salvador (swt»r) y protector del orden moral y social del Estado y de él suelen poceder
muchas generaciones de héroes: eso explica sus prolíficas relaciones amorosas.
LAS PRINCIPALES UNIONES DE ZEUS
| Uniones Divinas: | Hijo/Hija |
| con TEMIS | HORAS, MOIRAS (=PARCAS) |
| con DÍONE | AFRODITA |
| con EURÍNIME | GRACIAS (=CÁRITES) |
| con LETÓ | APOLO y ÁRTEMIS |
| con MNEMOSINE | MUSAS |
| con DEMÉTER | PERSÉFONE (=PROSÉRPINA) |
| Uniones Humanas: | Hijo/Hija |
| con ALCMENA | HERACLES (=HÉRCULES) |
| con EUROPA | MINOS, SARPEDÓN, RADAMANTE |
| con LEDA | HELENA y DIÓSCUROS (Cástor y Pólux) |
| con MAYA | HERMES |
| con DÁNAE | PERSEO |
| con TAIGETA | LACEDEMÓN |
| con SÉMELE | DIONISO (BACO) |
| con ANTIOPE | ANFIÓN y ZETOS |
| con NÍOBE | ARGOS y PELASGOS |
| con ELECTRA | DÁRDANO, JASÓN y HARMONÍA |
| con PLUTO | TÁNTALO |
| con IO | EPAFO |
- HERA (JUNO), hermana y esposa de
ZEUS en el mito. Es la diosa protectora del matrimonio: representa los derechos
de la mujer como esposa, no como madre. El mito nos la presenta con frecuencia
como la esposa celosa perseguidora de las uniones mortales (Io, Alcmena,
etc.) y de los hijos que éstas dieron a Zeus (Heracles...). A menudo su
símbolo es el pavo real.
-ATENA (MINERVA) es la hija
predilecta de ZEUS. Es diosa de la Sabiduría y de la Guerra Protectora de la
ciudad: en rivalidad con su tío Posidón, fue nombrada protectora de la ciudad
Atenas, que lleva su nombre (esta competición se contaba en uno de los
frontones del Partenón, donde se veía que Atena había ofrecido a la ciudad el
olivo, mientras que Posidón había ofrecido un manantial de agua salada, surgido
del golpe de su tridente en medio de la Acrópolis, y el caballo alado Pegaso:
los atenienses escogieron el regalo más práctico de la diosa). Como diosa
virgen (parqšnoj) se le rinde culto en el "Partenón", al
que estaban adscritas las jóvenes "doncellas" de las clases
influyentes de la ciudad. Sus atributos son el casco, la lanza y la
"égida" (la piel que le regaló Zeus, en memoria de la cabra Amaltea,
que lo amamantó en su niñez), sobre la que suele llevar la cabeza de la
gorgona Medusa, para "petrificar" a sus enemigos. Se la suele
asociar a la lechuza, (símbolo de la inteligencia). También se la relaciona con
el arte de hilar y de tejer (V. el cuadro de Las Hilanderas de
Velázquez) y en las Grandes Panateneas las jóvenes nobles le ofrecían un manto,
por ellas elaborado, en reconocimiento de su protección (el famoso friso del
Partenón esculpido por Fidias conmemora esta procesión). También se la
relaciona con la música: se le atribuía la invención de la flauta (aÙlÒj); después se cuenta que sintió aversión a este instrumento, porque le
afeaba la cara, y lo arrojó, siendo recogido por el sátiro Marsias. Apolo
desolló vivo a Marsias, que se atrevió a competir con él en el arte de tocar la
flauta (V. el famoso grupo escultórico de MIRÓN que recoge la anécdota,
en la que Marsias ante Atena recoge la flauta). Según el mito, nació de la
cabeza de Zeus, debido a que Crono, al ser destronado violentamente, le había
vaticinado que existía un oráculo que decía que también Zeus moriría a manos de
su hijo. Casado, en primeras nupcias, con Metis (La Prudencia), cuando
Zeus se enteró de que estaba embarazada, para evitar el cumplimiento del
oráculo, se la tragó entera. Con el tiempo, Zeus sintió un fuerte dolor de
cabeza e hizo que Hefesto se la dividiera en dos: de ella salió Atena, coronada
por la Victoria ( "sabiduría " < Justicia + Prudencia).
- POSIDÓN (NEPTUNO): es hermano de
ZEUS. Es dios del Mar y de la Tierra, que recorre montado en un carro
provocando terremotos: sus epítetos son a menudo "el dios que conmueve la
tierra" o "dios de los terremotos" y el epíteto de (†ppioj de caballo) ha sido explicado como el ruido que hacen los cascos de
este animal, semejante al correr del agua bajo la tierra. Los atributos de
Posidón son el tridente y cualquier símbolo marítimo. Fue un dios violento,
padre de hijos violentos, aunque conservó cierta bondad arcaica. En la Odisea
es uno de los dioses principales, padre de Polifemo y enemigo, por
tanto, de ODISEO. Su culto fue renovado después de las Guerras Médicas y se
hizo muy importante en el Peloponeso y en Atenas, donde pese a quedar derrotado
ante Atena, por el patronazgo de la ciudad, compartió con su sobrina el favor
de los atenienses, señores del mar.
-HADES (PLUTÓN): hijo de CRONO, le
correspondió, en el reparto que realizó su padre entre los hijos, el temido
mundo subterráneo. Por ello es quizá un dios pobre en mitos y culto. Entra en
el mito a formar parte del círculo de DEMÉTER y es el raptor de su hija Perséfone.
Señor de los Infiernos, es sombrío y triste, un dios terrible, pero no un
dios malo. Su reino y morada, llamado también con su nombre, el Hades, tenía su
entrada en el oeste; estaba vigilada por el perro Cerbero (que era
amansado por los pasteles que era costumbre que portaran los muertos). Dentro
de ella estaba la laguna Estigia, donde el barquero Caronte cruzaba
las almas que le traía HERMES PSICOPOMPO ("el conductor de almas); el
barquero cobraba a cada mortal un óbolo, una moneda de ínfimo valor, que los
griegos solían poner, para este fin, en la boca de los muertos. Luego se
pasaban varios ríos: el Periflegetonte ("el río que está rodeado de
llamas"), el Cocito o "río de las lamentaciones", el Leteo
o "río del olvido", que las almas debían atravesar para dejar los
recuerdos de la vida terrenal, hasta llegar a la pradera de Asfódelo, donde
residen las almas de los difuntos, que viven una vida sin sabor ni color. Más allá
se situaban el Elíseo o Isla de los Bienaventurados, una especie
de paraíso a donde iban las almas buenas y de los héroes, mientras que el
TÁRTARO era el lugar de castigo de los malos: Allí algunos padecían castigos
eternos, como Ticio, el gigante atado y con dos buitres que le desgarran
el hígado, cuyo pecado fue intentar violar a Leto; Tántalo, en
perpetua sed y hambre (el río se secaba cuando iba a beber o los árboles le
escondían sus frutos), por haber querido igualarse a los dioses; Sísifo, condenado
a subir una gran piedra a lo alto de una colina eternamente, pues la piedra, al
llegar casi a la cima, volvía descender; Ixión, que trató de seducir a Hera
y fue atado a una rueda que gira eternamente; y las Danaides, que se
ven obligadas, sin fin, a llenar una gran tinaja sin fondo con cántaros rotos,
por haber asesinado a sus maridos. Los símbolos de Hades suelen ser la
calavera, los huesos y el ciprés.
-DEMÉTER (DIANA) es hija de CRONO y
REA (Gea en Homero). El mito la hace hermana y esposa de Zeus. Su culto la
relaciona con el ciclo de la vegetación y como madre de Perséfone
(Prosérpina), también es diosa del mundo subterráneo. Es diosa de los
campos y de los cereales. Cuando Hades raptó a su hija Perséfone (Prosérpina),
por enamorarse de ella, la diosa dejó los campos estériles, en venganza, y Zeus
intervino, haciendo que Hades devolviera su hija una temporada del año (momento
en que la diosa se siente feliz y los campos florecen) y pasar la otra parte
del año junto a su esposo en el Hades ( época del año en que los campos
permanecen improductivos). Según algunos poetas, fue ella la fundadora de los Misterios
de Eleusis y la que enseñó, por medio de Triptólemo, la agricultura
a los mortales. Las fiestas en su honor se llaman Tesmoforias, un culto
femenino del que estaban excluidos los hombres, con ritos de fertilidad
(paralelismo entre la fecundidad de la mujer y la fertilidad del campo). Sus
atributos son la espiga, los cereales, la "cornucopia" o cuerno de la
abundancia, el cuerno de la cabra Amaltea del cual, en memoria de que fue la
madre nutricia de ZEUS, siempre salen abundantes alimentos. En el mito, se
transforma en yegua, perseguida por Posidón transformado, a su vez, en caballo.
-ÁRTEMIS (DIANA) es hermana gemela de
Apolo e hija de Zeus y Leto (Latona) con la que se había unido en
forma de cisne. El mito nos la presenta como la diosa virgen, que huye del
matrimonio con dioses o mortales y protectora, por ello, de jóvenes como Hipólito
que han elegido este estado. Es una diosa muy popular, soberana de los
montes poblados de bosques y fieras salvajes; así se la conoce como pÒtnia qhrîn, "señora de los animales", la diosa de la
caza y de los bosques, que suele recorrer en compañía de su cortejo y de los
animales de presa. Es la cazadora sobre el Taigeto y otros montes y a su
alrededor danza un coro de ninfas. En las fiestas de las Apaturias, en
Atenas, le eran ofrecidos los cabellos de los jóvenes que entraban en la
mayoría de edad y de las muchachas que se casaban. El arte la representó
principalmente como la cazadora, con sus atributos, el arco y las ciervas o los
perros. Más tarde fue identificada con la diosa de la Luna y con Hécate,
y su atributo era la antorcha.
-APOLO (APOLO) es tal vez el dios más
importante y con mayor repercusiones en la vida política de los griegos:
apoyados en su autoridad, los Estados griegos fundan sus instituciones legales.
Preside el Santuario de Delfos, donde hay un oráculo suyo, por el que
predice lo oculto y el futuro; sobre el templo estaba escrito aquello de
"Conócete a ti mismo" gnîqi seautÒn.
También es dios de la belleza, y de las artes, especialmente de la música, por
la que, según Platón, había llegado a ser el más noble educador de los hombres.
Incluso, como Orfeo, encantaba a las fieras y las piedras le seguían con
su son. Él preside los actos de purificación (V. Edipo Rey de Sófocles).
Son sus atributos, el carcaj y las flechas, la desnudez y el aura que lo
identifica a veces con el Sol.
-DIONISO (BACO) es hijo de ZEUS y de
la mortal Sémele. Su nombre significa "nacido
dos veces" 6.
Es dios de la viña, del vino y del delirio místico: en esta vertiente fue un
dios que tuvo mucha influencia en la religión popular denominada precisamente
"Dionisismo". También es el dios en cuyo honor se realizaban en
Atenas las fiestas llamadas "Dionisias", donde surgió, como un
elemento más de la fiesta, el Teatro. Sus símbolos son el pámpano, la vid, etc.
-HEFESTO (VULCANO) es hijo despechado de HERA, quien lo engendró sola,
en venganza del nacimiento de Atena. Es el dios del fuego y del arte de la
forja. Es llamado el broncista (calkeÚj) porque es
forjador en su taller, donde construye hermosas armaduras para los héroes: por
ejemplo, haciendo las armas de Aquiles o el cetro de Agamenón. Como
artesano e inventor, sus símbolos son la fragua, el yunque...: es el patrón de
los artesanos y de él y de Atena aprende el herrero su oficio. En el Ática,
donde la población era en gran parte artesana e industrial, tenía un culto
considerable: en Atenas tenía un templo, al lado del ágora, el Teseion,
y un altar propio en el Erecteion. De él se dice que suele trabajar en
el interior de los volcanes en compañía de los cíclopes. El mito nos lo
presenta cojo, debido a que Zeus lo arrojó del Olimpo en medio de una disputa
conyugal; para resarcirlo, lo casó con la bella Afrodita (Cfr. la
historia de Hefesto-Afrodita-Ares7 que está en la
base del famoso cuadro de Velázquez La fragua de Vulcano). Su presencia
causaba la risa de los dioses.
-ARES (MARTE), hijo de ZEUS y HERA,
es el poderoso y temido dios de la Guerra cruenta y destructora. Sus atributos
son los artilugios de guerra: casco, lanza... Como dios de culto es muy raro:
apenas si parece más que una personificación del combate vociferante y furioso.
En Atenas es conocida la colina llamada Areópago, que parece recordar su
nombre: en ella existía un tribunal de origen aristocrático, encargado de
juzgar los delitos de sangre.
-AFRODITA (VENUS) es en Homero hija
de ZEUS y Dione, aunque en Hesíodo nace de la "espuma" que
brotó del mar (de donde le vendría su nombre) alrededor del miembro viril
cortado a Urano por su hijo Crono. Se acercó a Citera y llegó
después a Chipre, recibiendo así el sobrenombre de Cipria (KÚprij). Como diosa del amor y de la fertilidad tuvo un culto muy extendido.
Es diosa de la belleza, de los jardines y de las flores; con ella son
comparadas las mujeres hermosas y todos, mortales y dioses, ceden ante su
poder; para ello tiene un poderoso cinturón que atrae al amor al que lo
contempla. Fue madre del troyano ENEAS, fundador más tarde de la raza de los
latinos.
-HERMES (MERCURIO) es hijo de ZEUS y Maya.
Es el mensajero de los dioses, junto con Iris. Como impenitente
viajero, es el amigo de los comerciantes y del comercio o las comunicaciones.
Sus atributos son la piedra, el mojón con el falo. Eran éstos los
"hermes", que se colocaban a lo largo de los caminos para proteger,
como símbolo apotropaico que expulsa el mal, a los caminantes, o delante de las
casas para proteger a sus habitantes. También porta como atributos las alas,
que simbolizan la rapidez con que se cumple el encargo de los dioses, el
sombrero de caminante o el "caduceo", símbolo del poder delegado de
Zeus, y con poderes mágicos o benéficos (de ahí pasaría a ser símbolo de la
Medicina, y por ejemplo, hoy mismo puede verse en las farmacias): además, es el
patrón de la magia y también protege la astucia y la picardía, incluso a los
ladrones. Como "psicopompo", conduce las almas de los muertos hasta
la presencia de Caronte, en el Hades. Finalmente, Hermes, el
joven, el hermoso, el ágil, es también protector de certámenes y gimnasios.
Inventor de la lira y de la flauta, comparte con Apolo el reino de la música.
Su culto y sus templos, pese a esta popularidad, fueron muy escasos.
Como divinidades de rango inferior o
marginal distinguiremos, de forma esquemática, los siguientes:
Cuatro GRUPOS DE DIOSAS:
-Las Musas : nueve divinidades femeninas a las que se les
atribuía la protección de la poesía y las artes.
-Las Horas , divinidades que presidían las estaciones del
año y velaban por las cosechas.
-Las Parcas o Moiras, tres
divinidades que presidían el Destino humano: sus atributos eran el hilo y las
tijeras con las que cortaban el hilo de la vida.
-Las Gracias, diosas de la gracia y la belleza, eran tres
también.
Los DIOSES CAMPESTRES
(a los que el arte representó mitad hombre, mitad macho cabrío): PAN:
dios de campos y pastores. FAUNO: protector de la agricultura. SÁTIROS:
protectores de los bosques. forman el cortejo de Dioniso. SILENO: cuida
de Dioniso en su infancia y lo acompaña. Las NINFAS suelen acompañarlos
: las "Dríadas": ninfas de los árboles y las "Oreidas":
ninfas de las montes.
Los DIOSES MARINOS
(cuya facultad más destacada es que cambian de forma física y lo escuchan
todo): OCÉANO y NEREO eran dioses del mar primitivos a los que
fue desplazando en sus atribuciones el dios Posidón. El arte los representa en
compañía de las NINFAS: "Náyades o Nereidas",
ninfas de los ríos y mares.
Los DIOSES DOMÉSTICOS
(propios de la vida privada): como HIMENEO: dios de las bodas o PLUTO:
dios de la riqueza.
Los DIOSES ALEGÓRICOS
surgen en época helenística con gran ímpetu, coincidiendo con el desgaste de
los dioses olímpicos, ya por entonces alejados de la religiosidad popular: se
prefieren dioses más cercanos a la realidad cotidiana de los hombres como la
FORTUNA o el DESTINO, la VENGANZA...
2. LA AUSENCIA DE DOGMAS Y RIQUEZAS DE MITOS
2.1
Introducción
2.2
El ciclo Troyano
2.3
El ciclo Tebano
2.4
El ciclo del Minotauro
2.5
El ciclo de los Argonautas
2.6
El ciclo de Heracles
2.7
Antropogonía
Es esta otra de las características
principales de la religión griega: la ausencia de dogmatismo, debido a la falta
de revelación8.
En su lugar, fueron los poetas, adiestrados en la memorización y en la
composición oral, primero, y luego, en la escrita, quienes fueron forjando y
transmitieron el saber mitológico de los griegos. Para una imprescindible definición
de "mito" 9,
su FUNCIÓN, sus TEMAS y TIPOS remitimos a la famosa obra de C. García Gual
La Mitología.
Pero los mitos se fueron alterando a través
de los sucesivos recuentos, fundamentalmente debido a tres factores: la
relación estrecha entre la mitología y la poesía (lo que le confería un amplio
margen de libertad), la aparición de la escritura alfabética (que provocó que
la mitología quedara unida a la literatura, y, por tanto, expuesta a la crítica
y a la ironía) y la aparición en el siglo VI a. C. de la filosofía y el
racionalismo, y su prolongación en la Ilustración sofística y la filosofía
posterior (que hizo que frente al saber mítico existiera un intento de
explicación del mundo y la vida humana mediante la razón).
En cuanto a las sagas mitológicas más
significativas, destacan los ciclos mitológicos que se cuentan en las epopeyas
y en las tragedias sobre los héroes. Los grandes héroes suelen ser hijos de un
dios y una mortal (HERACLES, PERSEO...), aunque otros eran hijos de simples
mortales (ODISEO, EDIPO...). Son de carácter variado: hay héroes civilizadores,
que limpian el mundo de monstruos (Heracles, JASÓN). Otros son héroes guerreros
(AQUILES, AGAMENÓN); o lo uno y lo otro, como ODISEO. Pero lo que les distingue
es su valor sobrehumano, su arrojo, su anhelo de gloria, que suelen recibir
culto en algún lugar concreto, donde son tenidos como héroes fundadores de la
estirpe (como TESEO) y que llevan a cabo empresas imposibles para los humanos,
como viajes fantásticos (JASÓN) o la bajada al mundo de los muertos (como ORFEO
o HERACLES), por todo lo cual a veces consiguen la inmortalidad o la gloria
eterna. Las sagas más importantes son:
Un conjunto de mitos relativos a la Guerra
de TROYA (ILION) y el regreso ("nostoi") a la patria de los héroes
que intervinieron. A él pertenecen los mitos en torno a la boda de Tetis y
Peleo, el juicio de Paris10 y los héroes Aquiles,
Agamenón, y Odiseo, entre otros, contados principalmente en la Ilíada
y la Odisea11 de HOMERO y en
obras trágicas como la trilogía de la Orestíada, de ESQUILO, a cuyos
argumentos remitimos para su conocimiento. Fundamentalmente, el mito narraba
cómo todo tuvo su origen en las bodas de Tetis y Peleo y el rapto
de Helena, reina de Esparta y mujer de Menelao, hermano de Agamenón.
La bella Helena fue seducida por el bello Paris, hijo de Príamo,
que la llevó consigo, en su nave, hasta TROYA. Los reyes griegos se unieron
luego bajo el mando de Agamenón para vengar la afrenta y recuperar a Helena:
Tardaron diez años en tomar la ciudad amurallada de Troya tras un tenaz
asedio. Y los sobrevivientes tuvieron un penoso regreso a sus hogares: así Ulises,
que anduvo errante por el mar diez años antes de regresar definitivamente a
su patria ÍTACA, o Agamenón, que murió asesinado por su propia mujer y
su amante nada más pisar el suelo de MICENAS. Odiseo, el astuto, fue
quien ideó, en el mito, el truco que permitió la conquista de TROYA: la
invención del caballo de madera, en el que se escondieron unos cuantos
guerreros que, cuando los troyanos lo introdujeron en la ciudad, abrieron sus
puertas para la conquista.
Reúne también un conjunto de mitos, narrados
tanto en la Epopeya como en el Teatro trágico, en torno a la figura de la
familia de los Labdácidas: Cadmo el antepasado, Lábdaco, el
fundador de la estirpe, y sus descendientes Layo, Edipo12 (con su madre
y esposa Yocasta) y sus hijos Eteocles, Polinices, Antígona e Ismene.
La historia sería más o menos como sigue:
Antecedentes más remotos: Cadmo, hermano de Europa, es enviado
por su padre (junto con la madre, Teléfasa, y los demás hermanos, Cílix,
Fénix y Taso) en busca de su hermana, cuando ésta es rapatada por Zeus.
Como no la encuentran y su padre les ha prohibido volver sin ella, cuando
muere la madre, decide consultar al oráculo y éste le ordena que siga a una
VACA que se encontrará al salir, y que funde una ciudad donde esa vaca le
indique. Así sucede y para fundar la ciudad, en el lugar en que la vaca se
tumba, decide sacrificar la vaca en agradecimiento a los dioses. Para el
sacrificio necesita agua y envía a sus compañeros a buscarla a una fuente, pero
ésta se halla custodiada por un DRAGÓN que se come a los que han ido. Ante esto
acude el propio Cadmo y mata al dragón. A continuación, para tener
acompañantes, siembra algunos de los dientes del dragón y de éstos nacen
hombres armados. Después de quedarse sólo con 5 (eliminando a los restantes
mediante el procedimiento de "arrojar la piedra y esconder la mano")
funda Boiwt…a, BEOCIA (< boàj, "vaca"), cuya capital es TEBAS, donde se
establecerán después de purificarse por haber matado un dragón, animal de Ares.
Este dios, agradecido por su comportamiento, le dará como esposa a Harmonía (hija
de Ares y Afrodita). Cadmo y Harmonía tienen varios
hijos, como Sémele, la madre de Dioniso, y, sobre todo, Polidoro
(polÚj
= mucho y dîron =regalos).
Labdácidas: de Polidoro nace Lábdaco (el de las piernas
desiguales como la letra lambda, es decir, "el cojo"). y de él
nacería Layo (l£ioj, "el zurdo" o "el torcido, el de
conducta desviada": según el mito, fue el que inventó la homosexualidad
entre los hombres; se enamoró y raptó al joven Crisipo, hijo de Pélope.
Esta acción provocó la maldición de Pélope y la desgracia sobre Layo
y sus descendientes). Se casa con Yocasta (también conocida en otros
mitos como Epicasta): 'Ioc£sth ("la que es famosa por su hijo"). Un
oráculo les advierte que no deben tener hijos, porque su destino es, si los
tienen, que el padre muera a manos de su hijo y que, tras ello, el hijo se case
con su propia madre, con la que tendría una descendencia abominable. Un día en
que Layo bebe más de la cuenta se une a su mujer y de esa unión nace un
hijo, Edipo. Para que no se cumpla el oráculo, cuando nace el niño, le
taladran los talones para atarlos y se lo entregan a un sirviente de palacio
para que lo abandonen en el monte Citerón. En ese monte lo recoge un
pastor de la región limítrofe Corinto, y se lo lleva a su rey, Pólibo
(polÚj mucho boàj buey), que no tiene hijos y lo adopta. Al Ver el
estado de los pies del niño le pone como nombre Edipo (o„dšw hinchar y poÚj, podÒj pie). Allí se cría hasta que un día, en una fiesta
con los amigos le llaman "espurio", por lo que consulta sobre su
origen a la que considera su madre, y para confirmar lo que le dice se va al oráculo
de Delfos. Éste le dice que su destino es "matar a su padre y casarse
con su madre". Para evitarlo, decide no volver a Corinto, junto a
los que considera sus padres, y emprende el camino que lo llevará a Tebas. Ya
cerca de la ciudad, en una encrucijada, se encuentra con un carro en el que va
el rey de Tebas, Layo, con sus criados. El palafrenero del rey ordena a Edipo
que deje el camino libre y, como no le hace caso, le hiere un caballo. Edipo
se enfada, les hace frente y mata a todos menos a un servidor que sale
huyendo. Edipo llega, al fin a las inmediaciones de Tebas, donde
se encuentra con un monstruo, una Esfinge, que proponía un enigma a los
que pasaban por allí y, en caso de no acertara, los devoraba, por lo que era
grande el temor en que vivían los tebanos. Edipo acierta el enigma, la esfinge
se suicida y los tebanos agradecidos le dan como premio la mano de la reina
que se acaba de quedar viuda. Se casan así Edipo y Yocasta, y de
esa unión nacen Eteocles ('etšoj
"bueno" y klšoj "fama" ), Polinices (polÚj "mucho" y ne‹koj "disputa"), Antígona (¢nt… "en frente, en contra" y gon» "nacida") e Ismene. Al cabo de un
tiempo se desencadena una peste en Tebas. Se consulta al adivino Tiresias
y éste indica que, según el oráculo, la peste no terminará mientras no se
castigue al asesino de Layo. Después de múltiples peripecias, se
descubre todo y ante el horror Yocasta se ahorca y Edipo se saca
los ojos y maldice a sus hijos, indicando que el uno morirá a manos del otro. Edipo
se va al exilio, teniendo como lazarillo a Antígona, que, una vez
muerto su padre en Colono, regresa a Tebas. Entretanto, se hace
cargo del gobierno en Tebas primero Creonte (hermano de Yocasta)
y después de él los hijos de Edipo, quienes, para que no se cumpla
la maldición de su padre, deciden turnarse anualmente en el mando, haciendo un
sorteo para ver a quién le toca ocupar el trono en primer lugar. Sale
beneficiado Eteocles, y Polinices, para no causar problemas, se
marcha a Argos, donde se casa con la hija del rey. Al cumplirse el año
regresa a Tebas y reclama el mando, pero Eteocles no lo cede y se
inicia la lucha. Tebas está amurallada y tiene siete puertas. Hasta ella
llega el ejército de Polinices, de los llamados "siete contra
Tebas". En cada puerta se coloca para defenderla a un excelente
defensor y en la principal se sitúa Eteocles. Por su parte el ejército
atacante, elige para cada puerta a los seis mejores y reservan para enfrentarse
a Eteocles a su hermano Polinices. Se enfrentan los dos hermanos
y ambos se matan entre sí. Creonte vuelve a ocupar el trono, da honras
fúnebres a Eteocles, pero prohibe que se entierre al hermano invasor Polinices,
por considerarlo causante de los problemas. Antígona, novia de Hemón,
el hijo de Creonte y Eurídice, se "enfrenta" a la
orden del dirigente y entierra a su hermano siguiendo los dictados sagrados de
los lazos de familia, impuestos por los dioses y las leyes no escritas. Por
este acto piadoso fue condenada a muerte y encerrada viva en la tumba de los Labdácidas.
Se ahorca en prisión, y Hemón se suicida sobre su cadáver. También Eurídice,
al enterarse, se suicida.
Este ciclo recoge una serie de episodios
localizados en la isla de Creta. Allí existió un rey legendario llamado Minos13 quien había
osado engañar contrariar al dios Posidón, prometiéndole sacrificios si
éste le ayudaba el dios, una vez cumplida su parte, al ver que el rey no le
daba lo prometido, en venganza, un día que la reina, Pasífae, caminaba
junto a la orilla, hizo nacer de la espuma del mar un poderoso toro que atacara
y violara a la mujer del rey. De esta espantosa unión nació un ser monstruoso,
el Minotauro, llamado Asterión, por llevar en la frente el signo
de la estrella que declaraba su origen divino. Minos, avergonzado de tan
brutal estirpe, mandó al famoso constructor de la época, Dédalo y a su
hijo Ícaro, que construyeran un palacio donde encerrar al Minotauro. Una
vez creado el palacio, Minos ordenó, a la manera de los faraones de Egipto,
que los constructores perecieran en él, sellando las puertas para que no
escaparan y pudieran comunicar a otros los planos del edificio. Por su parte,
el hábil constructor Dédalo, diseñó unas alas de cera con las que salió
volando en compañía de su hijo; posteriormente, la audacia del joven Ícaro le
hizo acercarse demasiado al sol, con lo que la cera de las alas se derritieron,
precipitándose al mar donde murió. En su memoria Dédalo recogió las alas
y las depositó en un santuario en Italia. En cuanto al palacio donde
quedó encerrado el Minotauro, era una construcción adornada con la
"doble hacha", por lo que aquel palacio fue conocido como el palacio
de la doble hacha o "Laberinto" ("laberinqÒj"). Dado que se trataba de una construcción de
intrincados e iguales corredores y pasillos, a partir de entonces se denomina
"laberinto" a todo lugar donde es fácil perderse. Era el Minotauro
un ser que devoraba carne humana, por lo que Minos obligó a todos
sus súbditos a rendir tributo al monstruo en forma de una comitiva anual de
siete jóvenes y siete doncellas. Entre aquéllos se encontraban los habitantes
de Atenas, situada en la región continental llamada Ática,
cuyo rey Egeo hizo incluir a su hijo Teseo entre los jóvenes
sacrificados para el Minotauro. Previamente, había concertado con su hijo la
misión secreta de destruir al monstruo y que, en caso de que todo resultara
bien, se lo hiciese notificar desde lejos a su regreso, cambiando las velas del
barco. Así pues, partió Teseo, en compañía de los demás jóvenes, hasta Creta.
Allí, al serle presentada la corte, se enamoró de Ariadna, hija de Minos
y hermanastra del Minotauro. Antes de partir a su destino, Teseo le
reveló su terrible secreto y Ariadna prometió ayudarlo en su empresa,
ofreciéndole un ovillo de lana ("el hilo de Ariadna") par que
le sirviera de guía en los intrincados pasadizos y pudiera salir del palacio
una vez muerto el Minotauro. Teseo así lo hizo, mató al Minotauro y
escapó en compañía de Ariadna, pero en su viaje de vuelta, como ya no le
era útil a sus fines, dejó abandonada a Ariadna en la isla de Delos,
donde la descubrió el dios Dioniso. En cuanto al héroe, al avistar
tierra, se olvidó del consejo de su padre de cambiar las velas, por lo que Egeo,
pensando que no había tenido éxito en su misión, se suicidó al mar que
desde entonces lleva su nombre. El investigador e historiador Evans fue
el que dio explicación a este mito, sacando a la luz con sus excavaciones, en
el s. XIX, una civilización que en memoria del rey legendario llamó Civilización
Minoica o Cretense. Evans inició sus investigaciones en las tiendas
de antigüedades de Atenas, donde había hallado unas gemas con
grabaciones que podrían identificarse como cierto tipo de escritura. Como estas
gemas, más que en Atenas, abundaban en Creta, usadas normalmente como
amuletos, cuando la marcha de los turcos (1.900) se lo permitió, acudió a esta
isla y empezó sus investigaciones que le condujeron al descubrimiento de una
serie de tablillas y un conjunto de edificios enormes. Esto le llevó a la
conclusión de que había existido en la isla una civilización más antigua que la
del continente sobre la que había ejercido, además, su dominio y así explicaría
el fondo real en el que se basa la leyenda del Minotauro. El laberinto
sería sin más el extraordinario palacio en que vivía un monarca poderoso (Minos,
de ahí "civilización minoica"); los jóvenes y doncellas serían el
vasallaje que Grecia Continental debía pagarle por estar bajo su dominio y la
muerte del Minotauro a manos de Teseo sería la sublevación de
Micenas (en el Continente) contra Creta, acabando así con la
talasocracia de la isla.
2.5 El
ciclo de los Argonautas:
Reúne esta saga todo un conjunto de mitos en
torno a las figuras preponderantes de Jasón en busca del vellocino de
oro en la nave Argos (junto a otros grandes héroes, compañeros de viaje)
y la hechicera Medea. Sobre estos mitos las fuentes más antiguas son Hesíodo
(c. S.VII a. C.), quien lo menciona en algunos pasajes de su Teogonía
956-62 y 992-1002; el poeta Píndaro (453 a. C.), quien le dedica su Pítaca
IV; y el trágico Eurípides (431 a. C.), quien escribió una tragedia
que lleva el nombre de la heroína: Medea. Sin embargo, la obra más
extensa que se nos conserva sobre este tema fue un poema épico, de cerca de
6.000 versos, compuesto por el alejandrino Apolonio de Rodas hacia
mediados del s. III a.C. En esquema este es el argumento del mito: Jasón era
hijo del rey tesalio Esón, quien fue destronado por su hermanastro Pelias
(hijo de Posidón), pasando a gobernar la ciudad de Yolco. Su
madre, para salvarlo de su tío, se lo entregó al centauro Quirón para
que lo educase. Mientras tanto, Pelias se enteraba por un oráculo que le
aguardaba un odioso destino: ser abatido por el primer hombre al que viera en
público con una sola sandalia. Precisamente Jasón, al cumplir los veinte
años, se presentó en Yolco para reclamar la corona, que por herencia le
correspondía, con una extraña indumentaria: una piel de pantera, dos lanzas y
una sola sandalia; la otra la había perdido al cruzar un río a una anciana que
posteriormente se le reveló como la diosa Hera, con cuya ayuda contó en
lo sucesivo. Pelias, sobresaltado al recordar el oráculo, aparentó
acceder a las peticiones de Jasón, pero le pidió que antes consiguiese
el Vellocino de oro: la piel áurea de un carnero alado y divino que le
había sido regalado a Eetes, rey de la Cólquide, por Frixo, quien
hasta allí había llegado huyendo junto con Hele, su hermana muerta en la
huida, de su madrastra Ino. Eetes colgó la piel del carnero en una
encina y puso a su pie un dragón que lo custodiase. Accedió Jasón, y,
tras reunir héroes de toda Grecia, emprendió el viaje hacia la Cólquide en
la nave Argo, una nave mágica con capacidad de hablar,
construida con la ayuda de Atena por Argo, un hijo de Frixo. Esta
expedición fue conocida como la expedición de los Argonautas y tras
múltiples aventuras -atravesar por entre Escila y Caribdis, luchar
con las Arpías o esquivar hábilmente la lucha con las amazonas-
consiguió llegar hasta su objetivo, la Cólquide, en el Mar Negro.
Jasón se apoderó entonces del vellocino gracias a la inestimable ayuda de los
poderes mágicos de la hechicera Medea, hija de Eetes, el rey de
la Cólquide. Con ella escapó y de regreso se valió de Medea para
ella hiciera que todas las hijas de Pelias, excepto Alcestis, descuartizaran
e hirvieran a su padre en un caldero haciéndolas creer que lo rejuvenecerían.
Se vengaba así del asesinato que aquél, creyendo a todos los argonautas
muertos, había perpetrado en la familia de Jasón. Como consecuencia, Jasón y Medea
tuvieron que refugiarse en Corinto, donde vivieron juntos hasta que Jasón
abandonó a Medea por Glauce (Creúsa en otras leyendas), hija
de Creonte, rey del país. Tomó venganza Medea regalando primero a la
novia un vestido que la abrasó e inmolando después a sus dos hijos que había
tenido con Jasón. Enloquecido y abandonado por los dioses por no haber
respetado el juramento de fidelidad hecho a Medea, encontró la muerte Jasón
al derrumbarse parte del maderamen de la nave Argo, junto a la cual
esta descansando.
Por último, esta larga saga acoge todos los
mitos relacionados con el héroe, sin duda más popular en el Mediterráneo, y sus
descendientes: Heracles, Hércules para los romanos. Dada la enorme extensión
de sus aventuras, las leyendas heracleas se suelen clasificar en tres grandes
categorías: El ciclo de los Doce Trabajos o tareas realizadas por orden
de Euristeo. Las empresas ejecutadas por cuenta propia, hazañas
independientes realizadas al frente de ejércitos y Las pequeñas aventuras
secundarias, que le acontecen durante la realización de los trabajos. (Para un
mayor detalle remitimos al DIccionario de Mitología griega y romana de
Pierre Grimal, p.239 y ss.) :
Heracles14 es hijo
de Alcmena y Anfitrión, rey de Tirinto, aunque su
verdadero padre es, en realidad, Zeus, quien se unió a ella tomando la
apariencia del marido. Para muchos, Heracles representa el enviado de Zeus
entre los mortales para eliminar los monstruos que asolaban la tierra,
llevándoles así la Justicia divina que representaba en el plano divino la
generación de los dioses olímpicos.
El ciclo de los Doce Trabajos realizadas
por orden de Euristeo: llevado de una locura transitoria, tal vez enviada
por la diosa Hera, Heracles mata a sus propios hijos, que había tenido
con Deyanira. Acude luego al oráculo de Delfos en busca de
consejo de cómo expiar su delito y allí se le ordena acudir a Tirinto y
servir durante doce años a su primo Euristeo, quien por artimañas de la
diosa Hera gobierna allí en lugar de Heracles. Si realizaba con
éxito todos los trabajos que le impusiera su primo, obtendría como premio el
descanso e incluso la inmortalidad. Los trabajos encomendados fueron: 11 trabajo: capturar el león de Nemea que asolaba la región, en el
Peloponeso. Invulnerable a las flechas, lo estranguló con sus poderosas manos;
a partir de entonces, la clava y la piel del león son los atributos con que se
conoce a este héroe. 2.Mató a la Hidra de Lerna, de nueve cabezas con la
facultad de reproducirse si eran cortadas. Heracles la mató sepultando su
cabeza bajo una gran roca; la sangre del monstruo sirvió para envenenar sus
flechas. 3. Capturó al jabalí de Erimanto, al que llevó sobre sus
hombros ante el atemorizado Euristeo, quien, según gustó el arte representarlo,
se escondía en un enorme caldero. 4. Mató a la cierva de pezuñas de
bronce y cuernos de oro del monte de Cerinia. 5. Ahuyentó a las temibles
aves del lago Estínfalo, de picos y garras de bronce que atacaban a los
hombres y las cosechas; mientras volaban las abatió con su arco y flechas.
6.Limpió en un solo día los enormes establos de Augías, rey de la Élide,
cambiando para ello el curso de dos ríos. 7. Capturó al toro salvaje de
Creta, padre del Minotauro. 8.Domó las yeguas del héroe Diomedes,
que se alimentaban de carne humana. Se apañó para que devoraran a su amo, tras
lo cual se volvieron del todo mansa. 9. Se apoderó tras feroz lucha del cinturón
de Hipólita, reina de las amazonas (la tribu guerrera de mujeres: "las
que se cortaban un pecho", para poder dispara mejor con el arco). 10.
Robó, en los confines de occidente, el abundante ganado de Gerión, un
monstruo de tres cuerpos y tres cabezas, y, de regreso, erigió en el estrecho
de Gibraltar las llamadas columnas de Hércules. 11.
Capturó al Can Cerbero (hermano de la hidra de Lerna y del león
de Nemea), un monstruo de tres cabezas que guardaba la entrada al Hades.
12. Cogió, tras matar a la serpiente, las manzanas de oro del jardín de
las Hespérides que Gea había dado a Hera como presente de
bodas. Hera hizo guardar los frutos por un dragón de cien cabezas. En el
camino, liberó en el Cáucaso a Prometeo, matando al águila que
cada día le devoraba el hígado; también tuvo que sostener la bóveda del cielo
de Atlas, quien quiso engañar al héroe para que lo relevara en tan
pesada tarea, pero Heracles logró engañarlo a él haciendo que la cogiera
de nuevo.
Las empresas ejecutadas por cuenta propia: 1. Intervino en la primera guerra de Troya. 2.
Luchó, como el único aliado mortal de los olímpicos, en la Gigantomaquia. 3.
intervino en la guerra contra el rey Augías, quien se había negado a
pagarle el salario por limpiarle sus establos. 4. Mandó una expedición contra Pilos,
donde Neleo, su rey, se había negado a purificarlo: mató a todos sus
hijos salvo a Néstor, el héroe de Troya. 5. Luchó contra Esparta
y ayudó a que Tindáreo recuperase el trono. 6. Intervino en las
guerras de Tesalia.
Las pequeñas aventuras secundarias: 1.Luchó contra los centauros, quienes en una
comida a la que le habían invitado se volvieron contra él por acción de la
bebida. 2. Intervino en la expedición de los argonautas, en ayuda de Jasón.
A mitad de camino tuvo que abandonar la expedición, porque la nave Argo manifestó
que no quería llevarlo encima porque pesaba mucho. 3. Bajó hasta el Hades para
librar de las garras de la muerte a Alcestis, esposa del rey Admeto que,
ocultando su dolor por la muerte reciente, había dado hospitalidad a
Heracles.4. Mató al famoso ladrón Caco, que le había robado parte del
ganado. 5. Liberó de su tormento al titán Prometeo, encadenado en el Cáucaso
por Zeus por haber robado el fuego para dárselo a los hombres.
6.Mató a Alcineo, bandido del istmo de Corinto, a Cicno, bandido
hijo de Ares, y a su hermano Licaón, a Ematión, rey de Arabia
hijo de Eos, a Busiris, rey de Egipto de costumbres
hostiles con los huéspedes y a Anteo, uno de los gigantes hijos de Gea.
En la Mitología Griega existen versiones
diferentes sobre el origen de la Humanidad y de la Cultura:
-Según Hesíodo, los hombres tienen igual
principio que los inmortales, sólo que su raza fue degradándose hasta la actual
(mito de las razas: primera raza o la raza de oro, segunda raza o raza de
plata, tercera raza o raza de bronce, cuarta raza o raza de los héroes o
semidioses, y quinta raza o raza actual). En el origen los hombres incluso
llegaron a compartir mesa con los dioses, y así se les representan en algunos
pasajes mitológicos como las bodas de TETIS y el mortal PELEO, a cuyo banquete
acudieron todos los dioses, menos la diosa IRIS o diosa de la Discordia, quien
se vengó arrojando sobre los comensales una manzana de oro con la leyenda
"para la diosa más hermosa". La disputa subsiguiente entre las diosa
Hera, Atena y Afrodita obligaría a Zeus a delegar su decisión en la persona del
joven pastor Paris, príncipe troyano, cuya decisión de elegir a la diosa
Afrodita originaría la Guerra de Troya, la guerra entre griegos y troyanos para
vengar el rapto por parte de Paris de Helena.
-Según otros relatos el creador del hombre
fue PROMETEO, el titán, que lo modeló con arcilla, y Atenea sopló aliento de
vida sobre la imagen de barro. Prometeo es el benefactor de la humanidad por excelencia.
También ayudó a los hombres, según el mito etiológico sobre el sacrificio, al
engañar a Zeus haciendo que éste decidiera escoger para los dioses la parte en
apariencia más lustrosa del buey que, en cambio, sólo contenía los huesos,
mientras que dejó para los hombres la parte más sabrosa de la carne: "Por
eso en la Tierra, y desde entonces, los hijos de los hombres queman los huesos
desnudos de las víctimas sobre altares perfumados". El hombre se queda con
la carne mientras que los dioses sólo reciben el humo de la grasa quemada.
Prometeo además benefició al hombre entregándole el Fuego sagrado que había
robado del Olimpo, con el que dotó a los hombres de Inteligencia. También les
enseñó las artes y las ciencias. Tras el robo del Fuego, Zeus, enfurecido,
castigó a los hombres enviándoles a través de EPIMETEO a PANDORA como esposa
(la primera mujer, en la mitología griega), quien traía de parte de los dioses
como regalo de bodas la famosa caja de Pandora. (El mismo nombre
de Pan-dora en griego significa todos los regalos).
Pese a la advertencia de su hermano Prometeo de rechazar cualquier obsequio
procedente de los inmortales, Epimeteo hizo caso omiso y aceptó a Pandora
quien llevada de la curiosidad abrió la caja de donde salieron todos los males que
desde entonces aquejan a la humanidad. Sin embargo le dio tiempo a cerrar la
caja cuando sólo quedaba la esperanza, de donde existe el dicho de que La
esperanza es lo último que se pierde. En cuanto a prometeo, Zeus lo
castigó encadenándolo en una roca en el Cáucaso, donde todas las mañanas un
águila le roía el hígado, que volvía a crecer durante la noche.
-En otros mitos los hombres son autó-ctonos, es decir, nacidos de la tierra, como en la conocida leyenda del diluvio universal del que sólo se salvan DEUCALIÓN y PIRRA, hijo de Prometeo y de Epimeteo, respectivamente. Cuando terminó el diluvio y ambos hubieron desembarcado del arca que habían construido por consejo de sus padres para sortear la crecida de las aguas, ambos buscaron compañeros preguntando al oráculo de Apolo en Delfos la forma de obtenerlos. La respuesta fue que arrojara tras de sí los huesos de su madre, y ellos entendieron que se trataba de la Madre-Tierra, cuyos huesos debían de ser las piedras. De las piedras que arrjó Deucalión nacieron los hombres y de las arrojadas por Pirra las mujeres.
3. IMPORTANCIA DE RITOS EXTERNOS
3.1
El Culto
3.2
La Plegaria
3.3
Los Sacrificios
3.4
Restos de Etapas Anteriores
3.5
Las Fiestas
3.6
Los Oráculos
El culto a los dioses consistía
en plegarias y sacrificios. Frente a las religiones monoteístas, donde la
creencia arraiga siempre en la
esfera de lo sobrenatural15
y, en consecuencia, la fe suele hacer referencia alguna forma de revelación
(así fue necesario que Dios, para darse a conocer a sus criaturas, eligiese
revelarse a alguna de ellas), a diferencia de éstas, el politeísmo griego no
descansa en la revelación. Nada hay que fundamente, desde lo divino y por él,
la apremiante verdad. Así pues, la adhesión se apoya en el USO: las
costumbres humanas ancestrales, los nÒmoi, transmitidos desde siempre por la tradición.
"Como la lengua, el modo de vida, los modales en la mesa, el vestido, la
subsistencia, el estilo de comportamiento en privado y en público, el culto no
necesita otra justificación que su existencia misma: expresa la forma en que
los griegos han regulado desde siempre sus relaciones con el más allá.
Apartarse del culto equivaldría a dejar de ser ellos, como si perdieran el uso
de la lengua". Por eso, a la religión griega se le suele denominar "religión
cívica" o "de la polis", de la sociedad, donde
se consagra un orden colectivo en que integra al individuo, más que ocuparse del
alma (por lo menos hasta la aparición de las religiones mistéricas).
En cuanto a la importancia que tiene el ritual
externo, se debe, fundamentalmente a que la práctica de la religión es
concebida como algo parecido a una transacción comercial en la que se
aplicaría las siguientes fórmulas: do ut des ("doy
para que me des"), en relación con las divinidades benéficas
(fundamentalmente las celestiales). do ut abeas ("doy
para que te alejes"), en relación con las divinidades malignas o
infernales. Los ritos más importantes eran la PLEGARIA (o SÚPLICA), los
SACRIFICIOS, y los JURAMENTOS:
Suponía una pofesión de
fe, el reconocimiento del hombre frente a los dioses y un efecto altamente
consolador, y consistía en una LLAMADA, con epítetos adecuados al dios, una
fundamentación o RECUERDO de favores ya recibidos del dios y o de ofrendas ya
hechas al dios y la SÚPLICA concreta de lo que se pedía. las condiciones
externas del suplicante pasaban por estar purificado previamente, portar
vestidos limpios y la elevación de las manos .
Eran fundamentalmente
conviviales y podían ser de dos tipos:
-Incruentos (sin derramamiento de sangre) que consistían
normalmente en ofrecer a los dioses productos del campo: granos de maíz, cebada...
o en una LIBACIÓN: acto de derramar sobre el suelo un líquido, como
vino, miel, leche...
-Cruentos (con sangre), en los que se inmolaban para los
dioses favorables animales de tez blanca, domésticos y comestibles: bueyes,
cabras, ovejas, gallinas...; y para los dioses infernales, animales de color
negro. También debían cumplir otros requisitos: que fueran animales sanos y sin
defectos, que fueran purificados previamente, y que fueran hembras para las
diosas y machos para los dioses. Los sacrificios de animales para los dioses
celestiales eran los más habituales, pues en ellos la víctima se descuartizaba,
se quemaban los huesos envueltos en grasa, cuyo humo se creía destinado a los
dioses, y la carne se asaba en el fuego y se repartía entre los asistentes.
Precisamente en estos actos públicos, generalmente financiados por el Estado,
el ateniense del pueblo alcanzaba a comer carne, ya que su dieta era bastante
pobre y compuesta sólo de pescado, higos, queso, frutas, etc.
Otra característica notable del culto es
que, aun existiendo sacerdotes destinados al culto de algunos dioses (que en
ocasiones eran miembros de la misma familia) en Grecia no existió casta
sacerdotal (a la manera de las
"iglesias" modernas), sino que todo ciudadano podía ser elegido para
desempeñar esta función que, como cualquier otro cargo público, tenía una
duración limitada.
3.4
Restos de etapas anteriores
Finalmente, el ritual griego, conserva HUELLAS
DE ETAPAS ANTERIORES de un estadio de la religión más primitivo: el FETICHISMO
(o culto a las piedras), que tanta difusión tuvo entre los druidas celtas; el ANIMISMO
(o concebir como animados seres que no lo son: p. ej. ríos...); el TERIOMORFISMO
(o la representación de los dioses simbolizados por animales).
Eran actos civiles
y religiosos en los que se exaltaban tanto el sentimiento religioso como el patriótico.
En la mayoría de ellas se incluían concursos gimnásticos, atléticos,
literarios, musicales y dramáticos. Cada ciudad tenía preferencia por
determinados dioses, pero también había fiestas de carácter panhelénico, como Las
fiestas Olimpíacas, celebradas cada cuatro años en Olimpia en honor de
Zeus, origen de las famosas competiciones gimnásticas y deportivas de la
antigüedad y del mundo actual: las Olimpíadas. Algunas veces un grupo de
estados vecinos se unían para rendir culto a alguna divinidad común; pero la
mayoría de las fiestas eran actos programados por cada polis, a lo largo de
varios días, durante los cuales acudían a las ciudades gentes de polis vecinas
dispuestas a contemplar o participar en las distintas competiciones. Toda
ciudad tenía sus fiestas y sus cultos públicos, y, sobre todo, en Atenas no
había mes en que no hubiera alguna. Entre las que se celebraban en Atenas las
más conocidas fueron:
Las Panateneas. Se celebraban anualmente en el mes de mayo, en
honor de Atena, patrona de la ciudad; pero cada cuatro años, en julio, se
celebraban con especial solemnidad las Grandes Panateneas en las que, a parte
de los habituales juegos gimnásticos y competiciones poéticas y musicales, se
celebraba una solemne procesión, con la participación de todo el pueblo, y en
la que los jóvenes llevaban hacia el altar animales para el sacrificio y el
peplo que jóvenes escogidas tejían cada año para la diosa.
Las Tesmoforias. Se celebraban en honor de Deméter y su hija
Perséfone durante los días 11, 12 y 13 de octubre. Eran fiestas de fecundidad y
sólo podían participar en ellas las mujeres casadas, estando absolutamente
prohibida la presencia de los hombres.
Las Dionisias. En honor de Dioniso se celebraban tres grandes
fiestas: las Dionisias agrarias, las Leneas y las Grandes
Dionisias, de importancia transcendental para el mundo occidental, pues en
ellas tuvo origen el Teatro (la Tragedia y la comedia).
Los oráculos fueron de vital importancia
para la vida sociopolítica de las polis griegas. Su enorme fe en ellos hizo que
algunos de los más famosos, como el de Apolo en Delfos, influyeran en
los acontecimientos históricos, al ser consultados por los dirigentes y las
ciudades, bien para conocer la voluntad divina, bien para solicitar consejo
antes de emprender una gran empresa. De forma sucinta, un "oráculo"
designaba tanto la respuesta de la divinidad cuando era preguntada por el
futuro, como el santuario y el lugar a donde se le iba a consultar. Unos no
tenían más que fama local y otros internacional, pero todos se caracterizan por
su ritualismo y la marcada fe que ponían los consultantes (sacerdotes y el
pueblo griego en general) en la palabra divina. Los procedimientos oraculares
eran diversos para averiguar la palabra de los dioses. Entre los oráculos más
importantes e internacionales de la antigüedad se encuentran:
El oráculo de Dodona, de origen muy primitivo, y consagrado a Zeus, que
daba su respuesta a través de una encina sagrada.
El
oráculo de Apolo17
en Delfos fue, sin duda, el
más popular. De corte aristocrático, no sólo acudían a él particulares devotos,
sino que su visita era imprescindible para las autoridades de la polis ante un
asunto de envergadura; por esta razón, sus consejos, muy bien orientados hacia
la superación de los conflictos entre las ciudades, contribuyó a establecer un
punto de unión entre todos los griegos, independientemente de sus leyes o
costumbres. Según la leyenda, en Delfos era donde había ido a parar por
voluntad de Zeus la piedra que se tragó su padre Crono (el ónfalo,
literlamente "ombligo"). Hasta allí, a los pies del monte Parnaso,
llegó Apolo y fundó uno de sus principales santuarios, después de
vencer a la serpiente Pitó que moraba en el lugar. Estableció su
oráculo, haciendo que una sacerdotisa, llamada Pitia o Pitonisa, en
memoria de la serpiente Pitó, transmitiera las respuestas. La Pitia se
sentaba en un trípode forrado de la piel de la serpiente. En una etapa anterior
practicaba la "cleromancia" (agitaba en un recipiente piedras blancas
y negras y sacaba a suerte la respuesta), pero en época clásica, una vez
purificada con agua de la fuente Castalia, próxima al santuario, entraba
a lo más profundo del templo, donde en trance por quemar hojas de laurel o por
otros procedimientos pronunciaba palabras inconexas. Al otro lado de la sala,
separados de ella por una cortina, los sacerdotes del templo interpretaban en
forma lógica sus palabras y las transcribían para los consultantes, tras el
pago de un "pelanos" o tasa por consulta.
Con el tiempo, estos cultos no llegaban a
colmar las esperanzas de muchos, para quienes la religión debía ofrecerles algo
más que respuestas a sus problemas materiales; por eso, alcanzaron gran
difusión determinadas doctrinas y ritos esotéricos, que en Grecia surgieron
principalmente en torno a Deméter y Dioniso, pero cuyos rasgos
comunes eran la esperanza de una vida tras la muerte sólo para los iniciados
(los "mystes"), su práctica no oficial y ritos secretos (las
"orgia"), aunque sin contradecir por ello la religión cívica,
pues la ciudad los reconocía oficialmente y se organizaban bajo su control y
con su tutela, y la admisión de todos los individuos, tras una serie de ritos
iniciáticos, sin distinción de sexo o condición social. Lo más admitido en
torno a este tema es distinguir, al menos en época clásica, entre tres tipos de
fenómenos religiosos: Los Misterios, El Dionisismo y El orfismo.
4.1
Los Misterios
4.2
El Dionisismo
4.3
El Orfismo
Los Misterios de
Eleusis o misterios eleusinos fueron los más extendidos y los de mayor
prestigio. Consistían en una serie de doctrinas y prácticas en torno a la
figura de las diosas Deméter y su hija Perséfone, como diosa ctónicas del mundo
subterráneo. Su culto implicaba los "mystes", los
"elegidos" que gracias a su iniciación gozarían de una suerte diferente
en esta y en la otra vida. Sus ritos se hacían casi todo a la luz pública, con
procesiones de la ciudad hasta su santuario en Eleusis, cerca de Atenas, y el
secreto se reservaba para el interior del templo. Allí lo que sabemos es que
los iniciados se sometían a una serie de pruebas por las que al final del
proceso sufrían una conmoción de orden emocional (no esotérica) que los
transformaba interiormente, algo así como una iluminación mística. Poseían una
estricta jerarquía de grados.
Estaba también integrado
en la religión cívica. Fundamentalmente eran prácticas rituales en torno a la
figura de Dioniso, dios de la "mania" o "locura", que
introducían una experiencia sobrenatural, algo extraño al culto oficial: se
producía una especie de revelación o epifanía del dios, provocado por un trance
colectivo, basado en la ingesta de alcohol, danzas y cantos frenéticos. Sus
ceremonias estaban repartidas entre las fiestas oficiales y sus prácticas, casi
ninguna secretas, se hacían en nombre de la colectividad, de la ciudad,
consagrando la unión cívica de ésta con el dios. Los participantes se unen en
grupos llamados "Tíadas", y sus miembros, a través del trance,
entraban en contacto con la divinidad . Ahora bien, el culto contenía dos
aspectos opuestos: en su paroxismo, a los fieles aportaba la alegría
sobrenatural de una evasión momentánea hacia la edad de Oro, donde reina la
confraternidad, pero a aquellos que lo rechazaban les entraba la "mania"
(locura y horror) que los retornaba al caos y a un mundo sin leyes; en este
sentido, eran frecuentes las ceremonias de "diasparagmos" o
descuartizamiento de animales y la "omophagia" o la "acto
de comérselos crudos. Estos actos venían a anular la distancia con el dios y
eran fruto de una nostalgia de una unión completa con la divinidad: mediante el
éxtasis, el "enthusiasmos" y el delirio la criatura humana
encarna el dios y, además el dios estaba dentro del fiel, de los instruidos
como "backchoi". Eran frecuentes que las ciudades organizaran
grupos, como las Tíadas de Atenas, que consistían en una especie de
colegios femeninos oficiales que cada cierto tiempo actuaban de "bacantes"
o "ménades", mujeres que realizan ritos frenéticos, en plena
montaña.
Es una nebulosa de
aparición tardía y que reúne por una parte una tradición de libros sagrados
(atribuidos a Orfeo y a Museo) con teogonías, cosmogonías y
antropogonías heterodoxas o no oficiales (el origen de todo es el Huevo
primordial o Noche, la unidad perfecta, la plenitud de una totalidad cerrada);
de otra parte, a personajes predicadores itinerantes (con forma de vida
contraria a la norma, vegetarianos, con dotes curativas, y con recetas de
purificación para esta vida y de salvación para la otra).
Finalmente, hubo otras manifestaciones
religiosas de gran importancia, como el culto del dios ASCLEPIO (ESCULAPIO
en latín) que desde finales de época clásica alcanzaría un auge enorme entre
las clases populares. Al ser un dios con poderes curativos, hasta su santuario
en Olimpia acudían multitud de peregrinos para sanar mediante la acción
del sueño donde se les presentaba el dios en forma de serpiente.
En cuanto a otras prácticas
pseudorreligiosas, a mediada que el mundo griego se transformaba en época
helenística, la Superstición se apoderó de las prácticas comunes, quizá
preconizando la mentalidad de otras etapas de la Historia de la Humanidad.
Todo panteón, como el de los griegos,
supone dioses múltiples, cada cual con sus funciones propias, ámbitos reservados,
modos de acción particulares y patrones específicos de poder. Estos dioses que,
en sus relaciones mutuas, componen una sociedad jerarquizada en las que las
competencias y los privilegios son objeto de un reparto bastante estricto, se
limitan y se complementan unos a otros.
J.P. Vernant. MIto y religión en la Grecia Antigua. Ed. Ariel. P. 7
LII. De los pelasgos oí decir igualmente
en Dodona que antiguamente invocaban en común a los dioses en todos sus sacrificios,
sin dar a ninguno de ellos nombre o dictado peculiar, pues ignoraban todavía
cómo se llamasen. A todos designaban con el nombre de "Theoi"
(dioses), derivado de la palabra "Thentes" (en latín
"ponentes"), significando que todo lo podían los dioses en el mundo,
y todo lo colocaban en buen orden y distribución. Pero habiendo oído con el
tiempo los nombres de los dioses venidos del Egipto, y más tarde el de
Dionisio, acordaron consultar al oráculo de Dodona(1) sobre el uso de nombres
peregrinos. Era entonces este oráculo, reputado como el más antiguo entre los
griegos, el único conocido en el país; y preguntando si sería conveniente
adoptar los nombres tomados de los bárbaros, respondió afirmativamente; y desde
aquella época los pelasgos empezaron a usar en sus sacrificios de los nombre
propios de los dioses, uso que posteriormente comunicaron a los griegos.
(1)El oráculo de Dodona, fundado por los pelasgos, fue
anterior al tiempo de Deucalión y es famoso por sus encinas parlantes, dentro
de cuyo hueco se metían los que daban las respuestas, y por sus calderas de
bronce, una de la cuales, golpeada, comunicaba el sonido a todas las restantes.
En tiempo de Augusto este oráculo había ya enmudecido.
LIII. En cuanto a las opiniones de los
griegos sobre la procedencia de cada uno de sus dioses, sobre su forma y
condición, y el principio de su existencia datan de ayer, por decirlo así, o de
pocos años atrás cuatrocientos y no más de antigüedad pueden llevarme de
ventaja Hesíodo y Homero, los cuales escribieron la Teogonía entre los griegos,
dieron nombre a sus dioses, mostraron sus figuras y semblantes, les atribuyeron
y repartieron honores, artes y habilidades, siendo a mi vez muy posteriores a
estos poetas los que se cree les antecedieron. Esta última observación es mía
enteramente; lo demás es lo que decían los sacerdotes de Dodona.
HERODOTO
Los nueve libros de la Historia. Ed. Edaf. Lib.II. Pp.170-1
Estos dioses múltiples están en el mundo
formando parte de él. No lo han creado por medio de un acto, como en el caso
del dios único, marca su total trascendencia respecto de una obra cuya
existencia deriva y depende totalmente de él. Los dioses han nacido del mundo.
La generación de aquellos a quienes los griegos rinden culto, los Olímpicos,
vio la luz al mismo tiempo que el universo, diferenciándose y ordenándose, tomó
su forma definitiva de cosmos organizado, Este proceso de génesis se ha operado
a partir de Potencias primordiales, como el Caos y la Tierra (Gaia), de las que
han salido, simultáneamente y en virtud del mismo movimiento, el mundo, los
humanos -que, habitando una parte de él, pueden contemplarlo- y los dioses, que
lo presiden invisibles desde su morada celeste.
J.P. Vernant. MIto y religión en la Grev¡cia Antigua. Ed. Ariel, p. 7
[COSMOGONÍA] En primer lugar existió,
realmente, el Caos. Luego Gea, de ancho pecho, sede siempre firme de todos los
Inmortales que ocupan la cima del nevado Olimpo; [en lo más profundo de la
tierra de amplios caminos, el sombrío Tártaro], y Eros, el más bello entre los
dioses inmortales, desatador de miembros, que en los pechos de todos los dioses
y de todos los hombres su mente y prudente decisión somete.Del Caos nacieron
Erebo y la negra Noche. De la Noche, a su vez, surgieron Éter y Hémera, a los
que engendró como fruto de sus amores con Erebo.
[PRIMERA GENERACIÓN DE DIOSES] Gea
primeramente dio a luz al estrellado Urano, semejante a ella misma, para que la
protegiera por todas partes, con el fin de ser así asiento seguro para los
felices dioses.También alumbró a las grandes Montañas, agradables moradas de
las Ninfas que habitan los abruptos montes. Asimismo trajo a la luz al estéril
mar, de impetuosas olas, el ponto, sin el deseable amor.
Después, acostándose con Urano, engendró
a Océano de profundas corrientes, a Ceo, a Crio, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a
Rea, a Tenís, a Mnemosine, a Febe, coronada de oro, y a la amable Tetis.
Después de éstos nació el más joven, el astuto Crono, el más temible de los
hijos, y se llenó de odio hacía su vigoroso padre.
Por otra parte, dio a luz a los Cíclopes
de orgulloso pecho, a Brontes, a Estéropes y Arges, de violento ánimo, que le
regalaron a Zeus el trueno y le fabricaron el rayo.
HESÍODO.
Teogonía, Trabajos y Días, Escudo, Certamen. Alianza Editorial, p. 32
Rea, sometida por Crono, engendró
gloriosos hijos: Hestia, Deméter, Hera, de sandalias de oro; el robusto Hades,
que habita moradas bajo la tierra con despiadado pecho, el retumbante Enosigeo
y el prudente Zeus, padre de dioses y hombres, bajo cuyo trueno se agita la
amplia tierra.
A ellos los devoraba el gran Crono
cuando cada uno desde el sagrado vientre de su madre llegaba a sus rodillas,
tramando esto para que ninguno otro de los nobles descendientes de Urano
obtuvieran la dignidad real entre los Inmortales. Pues por Gea y el estrellado
Urano se había enterado de que tenía como destino morir a manos de su hijo,
aunque fuera fuerte, por obra de las decisiones del gran Zeus. Por esto no
descuidaba la vigilancia, sino que, siempre al acecho, devoraba a sus hijos, y
Rea sufría terriblemente.
Pero cuando iba a dar a luz a Zeus,
padre de dioses y hombres, suplicaba a sus padres [a los de ella, a Gea y al
estrellado Urano] que le ayudaran en su plan, para que sin que se diera cuenta
pariera a su hijo y vengara las Erinias de su padre [y de los hijos que se
tragó el gran Crono de astuta mente].
Ellos mucho escucharon y obedecieron a
su hija, a la vez que le contaron cuanto estaba marcado por el destino que
sucediera respecto al rey Crono y a su valeroso hijo y la enviaron al licto, un
rico pueblo de Creta [cuando iba a dar a luz al último de sus hijos, al gran
Zeus. A éste lo recogió la monstruosa Gea para alimentarlo y educarlo en la
amplia Creta].
Allí fue, llevándolo a lo largo de la
rápida gran noche, primeramente a Licto; lo tomó en sus manos y lo ocultó en
una escarpada cueva, bajo las entrañas de la divina tierra, en el monte Egeo,
poblado de árboles. Y envolviendo en pañales una gran piedra se la puso en sus
manos al gran soberano Uránida, rey de los primero dioses. Aquél entonces,
cogiéndola con sus manos, la puso en su vientre (desdichado!, y no se dio cuenta en su mente de que
detrás, en lugar de una piedra, quedaba su invencible e imperturbable hijo, que
pronto, sometiéndolo con la violencia de sus manos, lo iba a despojar de sus
atributos e iba a gobernar entre los inmortales.
Rápidamente crecieron la fuerza y los
gloriosos miembros del soberano, y al llegar el momento oportuno, engañado por
las muy sabias sugerencias de Gea, el gran astuto Crono vomitó a sus hijos
[vencido por las artes y violencia de su hijo]. Pero primeramente echó fuera la
piedra, puesto que era lo último que se tragó. Zeus la fijó sobre al tierra de
anchos caminos en la muy sagrada Pitó, en las cavidades del Parnaso, para que
fuera un símbolo para la posteridad, maravilla para los hombre mortales.
Liberó a los hermanos de su padre de sus
fuerte ataduras [a Brontes, a Estéropes y a Arges de violento ánimo], los
Uránidas, a los que su padre en su locura encadenó. Éstos le guardaron
reconocimiento por sus buenas acciones y le dieron en trueno, el llameante rayo
y el relámpago, que antes los escondía la inmensa Gea y apoyado en ellos
gobierna sobre mortales e inmortales.
HESÍODO.
Teogonía, Trabajos y Días, Escudo, Certamen. Alianza Editorial, pp.
42-43
Un terrible calor ardiente se apoderó
del Caos y parecía verse ante los ojos y oírse con lo oídos un sonido igual que
cuando se aproximaron Gea y el ancho Urano, En efecto, tan gran estruendo se
produjo cuando, abatida ella, aquél se precipitó desde lo alto [(tan gran estruendo se originó al chocar los dioses en
su combate!].
A la vez los vientos expandían con
estrépito la sacudida, el polvo, el trueno, el relámpago y el ardiente rayo,
flechas del gran Zeus, y llevaban al centro de ambos griterío y clamor; inmenso
fragor salía de la terrible disputa; era evidente la violencia de las acciones
y, al fin, la batalla declinó, pero antes, atacándose mutuamente, luchaban sin
cesar en fuertes combates. Entre los primeros despertaron una aguda lucha
éstos, Coto, Briareo y Giges, insaciable de lucha, los cuales enviaron con sus
fuertes manos trescientas piedras, una tras otra, y cubrieron con estos dardos
a los titanes; a ellos los enviaron bajo al tierra de amplios caminos y los
encadenaron con dolorosas cadenas, tras haberlos vencido con sus manos, a pesar
de que eran muy valientes, tanto bajo tierra, cuanto lejos está el cielo de la
tierra [tanto hay desde la tierra hasta el umbroso Tártaro]. En efecto, si
durante nueve noches y nueve días estuviera un yunque de bronce bajando desde
el cielo, al décimo llegaría a la tierra, [e igualmente si desde la tierra
hasta el tenebroso Tártaro], por otro lado, durante nueve noches y nueve días
un yunque de bronce estuviera bajando, el décimo día llegaría al Tártaro.
En torno a él un cerco de bronce se
extiende, de uno y otro lado, en torno a su garganta, una oscuridad de tres
capas está derramada; por encima nacen las raíces de la tierra y del estéril
mar.
Allí están ocultos, por decisión de Zeus
que amontona las nubes, los dioses Titanes en una zona húmeda, en los límites
de la inmensa tierra. Éstos no pueden salir, pues Posidón les colocó unas
puertas de bronce y una muralla les rodea por ambos lados. Allí habitan Giges,
Coto y el valiente Briareo, fieles vigilantes de Zeus, portador de la égida.
Allí están las fuentes y términos de
todos, uno tras otro, de la oscura tierra, del umbroso Tártaro, del estéril mar
y del estrellado Cielo, lugares terribles, mohosos, que los dioses odian; gran
abismo: ni siquiera se llegaría al fondo
HESÍODO.
Teogonía, Trabajos y Días, Escudo, Certamen. Alianza Editorial, pp.
48-49
1. La familia consanguínea, la primera etapa
de la familia. Aquí los grupos conyugales se clasifican por generaciones: todos
los abuelos y abuelas, en los límites de la familia, son maridos y mujeres
entre sí; lo mismo sucede con sus hijos, es decir, con los padres y las madres;
los hijos de éstos forman, a su vez, el tercer círculo de cónyuges comunes; y
sus hijos, es decir, los biznietos de los primeros, el cuarto. En esta forma de
la familia, los ascendientes y descendientes, los padres y los hijos, son los
únicos que están excluidos entre sí de los derechos y deberes (pudiéramos
decir) del matrimonio. Hermanos y hermanas, primos y primas en primero, segundo
y restantes grados, son todos ellos entre sí hermanos y hermanas, y por eso
mismo todos ellos maridos y mujeres unos de otros. En vínculo de hermano y
hermana presupone de por sí en ese período el comercio carnal recíproco.
*En una carta escrita
en la primavera de 1882 Marx condena en los términos más ásperos al
falseamiento de los tiempos primitivos en los Nibelungos de Wagner.
"¿Dónde se ha visto que el hermano abrace a la hermana como a una
novia?". A esos "dioses de la lujuria" de Wagner que, al estilo
moderno, hacen más picantes sus aventuras amorosas con cierta dosis de incesto,
responde Marx: "En los tiempos primitivos, la hermana era esposa, y esto
era moral". ( N. de Engels.)
Un francés amigo mío,
gran admirador de Wagner, no está de acuerdo con la nota anterior, y advierte
que ya en el ögisdrecka uno de los Eddas
antiguos que sirvió de base a Wagner, Loki dirige a Freya esta reconvención:
"Has abrazado a tu propio hermano delante de los dioses". De aquí
parece desprenderse que en aquella época estaba ya prohibido el matrimonio
entre hermano y hermana. El Ögisdrecka es la expresión de una época en que
estaba completamente destruida la fe en los antiguos mitos; constituye una
simple sátira, por el estilo de la de Luciano, contra los dioses. Si Loki,
representando el papel de Mefistófeles, dirige allí semejante reconvención a
Freya, esto constituye más bien un argumento contra Wagner. ( N. de Engels. a
la cuarta edición.)
ENGELS,
Friedrich. El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado.
Ed Planeta., pp. 77-79
Dioniso es hijo de Zeus y de Sémele,
hija de Cadmo y Harmonia (v. cuad.3, pág.78). Pertenece, por tanto, a la
segunda generación de los Olímpicos, como Hermes, Apolo, Ártemis, etc. Sémele,
amada por Zeus, le pidió que se le mostrase en todo su poder, cosa que hizo el
dios para complacerla; pero, incapaz de resistir la visión por los relámpagos
que rodeaban a su amante, cayó fulminada. Zeus se apresuró a extraerle el hijo
que llevaba en el seno, y que estaba sólo en el sexto mes de gestación. Lo
cosió enseguida en su muslo, y, al llegar la hora del parto, lo sacó, vivo y
perfectamente formado. Era el pequeño Dioniso, el dios "nacido dos
veces". El niño fue confiado a Hermes, quien encargó de su crianza al rey
de Orcómeno, Atamante, y a su segunda esposa Ino. Les ordenó que revistiesen a
la criatura con ropas femeninas a fin de burlar los celos de Hera, que buscaba
la perdición del niño, fruto de los amores adúlteros de su esposo. Pero esta
vez Hera no se dejo engañar y volvió loca a la nodriza de Dioniso, Ino, y aun
al propio Atamante (v.Ino,Palemón y Atamante). En vista de ello, Zeus se llevó
a Dioniso lejos de Grecia, al país llamado Nisa, que unos sitúan en Asia y
otros en Etiopía o África, y lo entregó a las Ninfas de aquellas tierras para
que lo criasen. Con objeto de evitar que Hera lo reconociese, lo transformó
entonces en cabrito. Este episodio explica el epíteto ritual de
"cabrito" que lleva Dioniso, y, a la vez, da una etimología
aproximada de su nombre, al acercarlo al de Nisa. Más tarde, las Ninfas que
criaron a Dioniso se convirtieron en las estrellas de la constelación de las
Híades.
GRIMAL,
Pierre. Diccionario de mitología griega y romana. Ed. Paidós, p.140
Físicamente deforme, Hefesto pasaba, sin
embargo, por haber tenido mujeres de gran belleza. Ya la Ilíada le atribuye a
Cárite, la Gracia por excelencia. Hesíodo le da por esposa a Áglae, la más
joven de la Cárites. Pero sobre todo son famosas sus aventuras con Afrodita,
contadas en la Odisea. Zeus lo había unido, en efecto, al esta diosa; pero ella
no tardó en convertirse en la amante de Ares. Un día el Sol que todo lo ve,
descubrió a los dos amantes tendidos uno al lado del otro, y fue a contárselo
al marido. Éste no dijo nada; preparó un red invisible, y la dispuso en torno a
lecho de su esposa. Cuando ella se encontró otra vez con Ares, la red se cerró
inmovilizando a los dos culpables e impidiéndoles todo movimiento. Entonces
Hefesto convocó a todos los dioses para contemplasen el espectáculo. Afrodita
huye avergonzada tan pronto se vio libre, y las divinidades prorrumpieron en
extinguibles carcajadas.
GRIMAL,
Pierre. Diccionario de mitología griega y romana. Ed. Paidós,
pp.228-29
No se encuentra en Grecia aquel hombre
teólogo o profeta que en un momento de la historia haya establecido ciertas
normas y leyes de conducta religiosa, unos dogmas que señalaran a los creyentes
las coordenadas sobre las que trazar sus creencias para mantenerse dentro de lo
que podríamos llamar una actitud piadosa. De aquí se desprende, en primer
lugar, una libertad que iba a ser uno de los rasgos más sobresalientes de la
religión griega, aunque también uno de los principales escollos en el momento
de trazar los investigadores las líneas de comportamiento griego en esta faceta
tan interesante de su cultura. Las posiciones de los griegos podían resultar
muy distintas y hasta contrarias en materia religiosa.
GARCÍA
LÓPEZ, José. La Religión Griega. Ed. Istmo, pp. 18-19
"Mito es un relato tradicional que
refiere la actuación memorable y ejemplar de unos personajes extraordinarios en
un tiempo prestigioso y lejano."
El mito es un relato, una narración, que
puede contener elementos simbólicos, pero que, frente a los símbolos o las
imágenes de carácter puntual, se caracteriza por presentar una
"historia". Este relato viene de tiempos atrás y es conocido de muchos,
y aceptado y transmitido de generación en generación. Es lo contrario de los
relatos inventados o de las ficciones momentáneas. Los mitos son
"historias de la tribu" y viven "en el país de la memoria"
comunitaria. La tradición mítica es un fenómeno social que puede presentar
variaciones culturales notables, pero que existe siempre.
El relato mítico tiene un carácter
dramático y ejemplar. Se trata siempre de acciones de excepcional interés para
la comunidad, porque explican aspectos importantes de la vida social mediante
la narración de cómo se produjeron por primera vez tales o cuáles hechos. Ese
valor paradigmático de los mitos es uno de sus trazos más destacado por los
funcionaslistas (Malinowski, y también M. Eliade). El dramatismo de los mitos
los caracteriza con alegre y feroz espontaneidad. En el ámbito narrativo
desfilan fulgurantes actores y allí se cumplen las acciones más
extraordinarias: creación y destrucción de mundos, aparición de dioses y
héroes, terribles encuentros con los monstruos, etc.; todo es posible en este
mundo coloreado y mágico del mito. Ese carácter dramático caracteriza a estos
relatos frente a las tramas inverosímiles de otras narraciones, o frente al
esquema abstracto de las explicaciones lógicas. El mito explica e ilustra el
mundo mediante la narración de sucesos maravillosos y ejemplares.
Los actores de los episodios míticos son
seres extraordinarios, muy a menudo seres divinos, ya sean dioses o figuras
emparentadas con ellos, como los héroes de la mitología griega. Son más que
humanos y actúan en un marco de posibilidades superior al de la realidad
natural. Ahí están los seres primigenios, cuya acción da lugar al mundo, y los
dioses que intervienen en el orden de las cosas y de la vida humana, y los
héroes civilizadores, que abren caminos y los despejan de monstruos y de
sombras. En fin, ahí están los seres extraordinarios cuya acciones han marcado
y dejado una huella perenne en el curso del mundo. Mediante la rememoración de
esos sucesos primordiales y la evocación de esas hazañas heroicas y divinas, la
narración mítica explica por qué las cosas son así y sitúa las causas de esos
procesos originales en un tiempo primordial. Hay unos temas esencialmente
míticos, los que se refieren al comienzo de las cosas: la cosmología y la
Teogonía, y los que se refieren al final del todo, al más allá de la muerte y
del tiempo terrestre: la escatología. Pero los mitos explican también la causa
de muchos uso y costumbres de más o menos importancia, que son de interés
colectivo. Los mitos tratan del comienzo, del arché, y de las causas, aitíai,
del universo y, en especial, de la vida humana. En ese interés explicativo y
etiológico (aitías-legein) sufren luego la competencia de la filosofía en la
cultura griega (desde el s.VI a.C.).
Pero la explicación mítica es la más
antigua, y, en cierto modo, subsiste replegándose a ciertos temas al
enfrentarse con otros tipos de explicación, más lógicos o científicos.
GARCÍA
GUAL, Carlos. La Mitología. Ed. Montesinos, pp.12-13
PARIS. Paris, llamado también Alejandro,
es el hijo segundo de Príamo y Hécuba. Su nacimiento fue precedido de un
prodigio. Cuando su madre estaba encinta y a punto de dar a luz, tuvo un
ensueño en que se vio a sí misma echando al mundo una antorcha que prendía
fuego a la ciudadela de Troya. Príamo pidió a su hijo Ésaco -que había tenido
con otra mujer llamada Arisbe- la interpretación de este ensueño, y Ésaco le
aseguró que el niño que iba a nacer sería la causa de la ruina de Troya. Y le
aconsejó que lo hiciese desaparecer en cuanto nacieses. Pero Hécuba, en vez de
dar muerte al niño mandó exponerlo en el Ida. Paris fue criado por unos
pastores, que lo recogieron y dieron el nombre de Alejandro ("el hombre
que protege" o "el hombre protegido"), porque no había muerto en
la montaña, sino que había sido "protegido", al ser recogido. Según
otra variante, Paris fue expuesto por un criado de Príamo, Agelao, por orden
del rey. Durante cinco días, una osa acudió a amamantar al niño, y como, al
cabo de este tiempo, Agelao lo encontró vivo, lo recogió y crió. Paris fue
creciendo y se convirtió en un joven de extraordinaria belleza y gran valor.
Protegía los rebaños contra los ladrones, lo cual le valió el sobrenombre de
Alejandro.
Finalmente, otra leyenda contaba que
Príamo, inducido por un oráculo, mandó inmolar, en lugar de su hijo, el hijo de
Cila, Munipo, creyendo que en el sueño de Hécuba se señalaba a éste como un
hombre que había de ser fatal para su ciudad .
Sin embargo, Paris volvió a la ciudad y
se dio a conocer del modo siguiente: un día, unos servidores de Príamo fueron
en busca de un toro que formaba parte del ganado que guardaba Paris, y por el
que éste sentía particular afecto. Al saber que el animal se destinaba a un
premio en los juegos fúnebres instituidos en memoria del hijo de Príamo que se
creía muerto en su infancia y que no era sino él mismo, Paris siguió a los
criados, resuelto a participar en la competición y rescatar su animal favorito.
Y, en efecto, alcanzó la victoria en todas las pruebas contra sus propios
hermanos, los cuales ignoraban quién era su contrincante. Uno de ellos,
Deifobo, encolerizado, sacó la espada y quiso matarlo; entonces Paris acudió a
refugiarse junto al altar de Zeus. Su hermana Calandra, la profetisa, lo
reconoció, y Príamo, feliz al encontrar al hijo que creía muerto, lo acogió y
restituyó en el lugar que le correspondía en la casa real. Otras veces no es
Casandra quien, milagrosamente, reconoce al joven, sino que éste, al llevar
consigo las ropas en que estaba envuelto cuando fue expuesto en el monte puede
probar fácilmente su identidad.
El segundo episodio de la leyenda de
Paris es el del Juicio, del que iba a surgir la guerra de Troya. Hallándose los
dioses reunidos en ocasión de la boda de Tetis y Peleo, Éride (la Discordia)
echó en medio de ellos una manzana de oro, diciendo que debía ser otorgada a la
"más hermosa" de las tres diosas: Atenea,Hera y Afrodita. En seguida
se suscitó una disputa, y como nadie quiso pronunciarse por una de las tres
divinidades, Zeus encargó a Hermes que guiase a Hera, Atenea y Afrodita al
monte Ida, para que Paris fallase el pleito. Cuando vio que las divinidades se
acercaban, Paris tuvo miedo y quiso huir; pero Hermes lo persuadió de que nada
tenía que temer y le expuso la cuestión, mandándole que actuase de árbitro, por
ser ésta la voluntad de Zeus. Entonces, por turno, las tres diosas defendieron
ante él su propia causa. Cada una le prometió su protección y determinados
dones si fallaba en su favor. Hera se comprometió a darle el imperio de toda el
Asia; Atenea le ofreció la prudencia y la victoria en todos los combates, y
Afrodita se limitó a brindarle el amor de Helena de Esparta. La decisión de
Paris fue que Afrodita era la más hermosa.
Los poetas han bordado a porfía este
tema, que han tratado también pintores y escultores. Representábase a Paris
como un pastor, en un escenario silvestre, junto a una fuente. Algunos
mitógrafos escépticos han afirmado a veces que Paris, fue objeto del engaño de
tres aldeanas deseosas de probar su belleza, o bien que todo fue un sueño que
tuvo mientras estaba sólo, apacentando los ganados en el monte.
Hasta la llegada de las diosas y el
momento del Juicio, Paris había amado a una ninfa del Ida llamada Enone. Cuando
Afrodita le prometió el amor de Helena -la más bella de todas las mujeres-,
abandonó a Enone y partió para Esparta. Según una tradición, lo acompañó en
este viaje Eneas, obedeciendo una orden de la propia Afrodita. Por más que
Héleno y Casandra predijeron el resultado de la aventura nadie los creyó.
Cuando llegaron al Peloponeso, Eneas y Paris fueron recibidos por los hermanos
de Helena, los Dioscuros, que los condujeron a la corte de Melenao. Éste los
acogió hospitalariamente y los presentó a Helena. Después habiendo sido llamado
a Creta para asistir a los funerales de Catreo. Menelao encargó a su esposa
dispensara toda clase de atenciones a sus huéspedes, y le ordenó los dejase
permanecer en Esparta durante el tiempo que ellos desearan. No tardó Paris en
enamorar a Helena y le prodigó regalos. Fue ayudado en su conquista por el
Fasto oriental que lo rodeaba y por su belleza, aumentado aun por voluntad de
su protectora Afrodita. Helena acudió a su lado, reunió todos los tesoros que
le fue posible y, abandonando a su hija Hermione, de nueve años, huyó con su
amante durante la noche.
De regreso a Troya, Paris fue bien
recibido por Príamo y toda la casa real, pese a las lúgubres profecías de
Casandra.
Durante la guerra de Troya, el papel de
Paris no fue muy brillante. Al comienzo de la Ilíada, griegos y troyanos se habían
puesto de acuerdo en zanjar el conflicto por medio de un combate singular entre
Paris y Menelao. Paris fue vencido, y se salvó sólo gracias a la protección de
Afrodita, que lo ocultó en medio de una espesa nube. Poco después se reanudó la
lucha.
Más tarde, como Paris continuaba ausente
de la línea de combate, Héctor fue a buscarlo junto a Helena y le ordenó que
tomara parte en la batalla. Paris obedeció, mató a Menestio, hirió a Diomedes,
Macaón y Eurípilo, y participó en el asalto al campo atrincherado de los
griegos. Dio muerte a Euquenor y luego a Déyoco.
La Ilíada presenta a veces a Paris
revestido de armadura pesada -coraza, escudo, lanza y espada-. Pero
frecuentemente era considerado como arquero, en calidad de tal desempeñará un
papel en la muerte de Aquiles.
La muerte de Aquiles es el último gran
episodio de la leyenda de Paris, antes de su propio fin, que le había sido
predicho por Héctor al morir. Cuando Aquiles, después de inmolar a Memnón,
obliga a los troyanos a retroceder hasta las murallas de la ciudad, Paris lo
detiene con un flechazo en el talón, único punto vulnerable de su cuerpo. Pero
si la flecha fue disparada por Paris, su trayectoria fue trazada por el propio
Apolo. Otra versión pretendía que el arquero no fue Paris sino el mismo Apolo,
que había adoptado sus rasgos. Finalmente, más tarde, cuando el episodio de los
amores de Aquiles y Políxena, se supuso que el héroe dispuesto a traicionar a
los griegos por el amor de la joven, y a combatir al lado de los troyanos, fue
objeto de una emboscada y muerto por Paris en el templo de Apolo Timbreo. Paris
se habría ocultado entonces detrás de la estatua del dios. De este modo se
justificaba la predicción de Héctor moribundo cuando dijo que su enemigo sería
muerto a la vez por Paris y Apolo.
Paris fue muerto a su vez por una flecha
de Filoctetes, que le atravesó la ingle. Se lo llevaron herido mortalmente del
campo de batalla. Entonces mandó llamar a Enone, que poseía conocimientos
médicos, para que le diese un remedio contra el veneno que impregnaba las
flechas de Filoctetes: pero Enone, de momento, se negó a salvar al que la había
abandonado, y luego, cuando se compadeció de él, era ya demasiado tarde.
GRIMAL,
Pierre. Diccionario de mitología griega y romana. Ed. Paidós,
pp.408-9
LA ILÍADA. Canta
un breve y anecdótico episodio de la larga Guerra de Troya: la cólera de
Aquiles, hijo de Tetis y Peleo:
ARGUMENTO: tras una de las incursiones griegas contra TROYA, en
el reparto posterior del botín, a AGAMENÓN (el "basileus" griego que
manda todas las tropas) le había correspondido como esclava-concubina a
BRISEIDA, hija de CRISES, sacerdote de APOLO. El sacerdote acude a su dios para
que vengue la pérdida de su hija; entonces Apolo manda una PESTE destructiva
contra el campamento griego y Agamenón, para aplacar al dios, se ve forzado a
ceder a Briseida. Pero ya que él era el rey supremo y como tal no podía
permanecer sin botín, le arrebata el suyo a AQUILES, su hermosa concubina
CRISEIDA. A raíz de esta gran ofensa, Aquiles se ENCOLERIZA y se retira con sus
tropas. Los griegos a partir de ese momento comienzan a ser derrotados en la
guerra; con el fin de evitar la derrota, PATROCLO, íntimo amigo de Aquiles, le
pide prestada su famosa armadura y vuelve él solo a la lucha. Allí es abatido por
el príncipe troyano HÉCTOR. Es el momento en que Aquiles, desconsolado, decide
volver a la guerra para VENGAR LA MUERTE de su camarada. Aquiles mata a HÉCTOR
y arrastra su cuerpo delante de Troya. Al fin, siente compasión ante las
súplicas del anciano PRÍAMO, padre de Héctor y rey de Troya, y consiente en
devolverle su cadáver para que lo honre con digna sepultura. Príamo llorará la
muerte de su hijo y Aquiles la de su compañero.
EL HÉROE AQUILES: era hijo del mortal PELEO y de la náyade TETIS
(precisamente sus bodas fueron, según el mito, el origen lejano de La Guerra de
Troya). Al nacer Aquiles, un oráculo había revelado que moriría de muerte
violenta si algún día llegaba a matar a un hijo de Apolo. Su madre, tratando de
conjurar tan funesto destino, lo sumergió en la laguna ESTIGIA sujetándolo por
los talones, y así dotarle de INVULNERABILIDAD: por este motivo, su único punto
débil era el talón (V. la expresión
"talón de Aquiles"?). Además, le entregó una ARMADURA divina forjada
por HEFESTO en su fragua. Todo fue en vano. Aquiles, aun conociendo el oráculo
que pesaba sobre su destino, decidió vengar a Patroclo, aunque con ello
provocar su propia muerte; y así fue: Aquiles cayó muerto por el héroe troyano
PARIS, a quien un dios le guió su mano para que su flecha le atravesara el
talón.
LA ODISEA. Canta
el retorno de Odiseo y su venganza hacia "los pretendientes", tras
una larga ausencia de aventuras fabulosas.
-la Odisea es un RELATO POPULAR muy extendido
en otras literaturas, como la India o la Hitita; a veces incluye CUENTOS
POPULARES que coinciden con los de la ÉPICA ORIENTAL.
-forma parte de los llamados
"nostoi" o "regresos", es decir, CANTOS ÉPICOS en los que
se narran los regresos accidentados de los héroes griegos a sus respectivas
patrias después de La Guerra de Troya.
-la GEOGRAFÍA de la Odisea presenta dos
mundos bien distintos:
** Una geografía cuasi-histórica: Pilos, troya, Esparta, Creta, etc., que el poeta debía conocer
** Otra geografía fabulosa, que era producto de la fantasía, y provocada por las incursiones MARINAS en un MEDITERRÁNEO todavía no explorado del todo: "el país de los Lotófagos", "el de los Cíclopes", "la isla de Eolo", "la de Circe", "las rocas de las Sirenas", "la bajada a los infiernos", "la isla de Calipso" e incluso "el país de los Feacios.
El mito de Edipo está compuesto de
varios episodios que los autores trágicos tomaron como temas de varias piezas
dramáticas. La más famosa de estas tragedias es, sin duda, Edipo rey, de
Sófocles. Pero también los siete contra Tebas, de Esquilo, Edipo en Colono de
Sófocles, y las fenicias de Eurípides, tratan diversos episodios de la misma
saga mítica.
UN DESTINO INEXORABLE
El rey de Tebas, Layo, hijo de Lábdaco,
acudió al oráculo de Delfos a consultar a la pitonisa sobre su destino.
Contestó la divinidad con un consejo: "Evita tener hijos. Si tienes
alguno, éste matará a su padre y se casará con su madre". Pero Layo y
Yocasta engendraron un niño, al que luego decidieron dar muerte, temerosos de
la maldición del oráculo. Y ordenaron a un sirviente de palacio que abandonara
al niño en el bosque del Citerón, al fin de que allí lo devoraran las fieras
del monte. El servidor lo dejó allí, con un pie taladrado por una fíbula de bronce.
Un pastor encontró al niño abandonado y
fue a entregarlo a los reyes de Corinto, que, como no tenían descendencia, lo
acogieron como a un hijo propio. El pequeño recibió el nombre de
"Edipo" -que significa "pie hinchado", por la marca que
dejó en él aquella herida- y creció en el palacio de Corinto como un principe
de noble estirpe. Y, ya adolescente, fue a consultar al oráculo del famoso
santuario de Delfos sobre su destino. Y el oráculo respondió: "Matarás a
tu padre y te casarás con tu madre".
EL INÚTIL ESFUERZO POR ESCAPAR AL
DESTINO
El joven Edipo, aterrorizado, decidió no
regresar a Corinto para evitar la desdicha.
En la encrucijada de la montaña, al
salir de Delfos, se topó con un coche de caballos que estuvo a punto de
atropellarle. Estalló una disputa y Edipo mató al señor de carro, un noble cuyo
nombre ignoraba. Era Layo, rey de Tebas. Precisamente a Tebas se dirigió Edipo.
La ciudad estaba atemorizada por un
terrible monstruo, que asolaba sus campos y destruía a sus jóvenes. El
monstruo, mitad mujer, mitad león alado, salió al encuentro del caminante y le
planteó una pregunta: ")Qué
animal anda a cuatro pies por la mañana con dos a medio día y tres en la
tarde?". Edipo resolvió el enigma contestando: "El hombre" (que
avanza a cuatro patas de pequeño, erguido en su plenitud, y con la ayuda de un
bastón de viejo). Entonces desapareció el monstruo suicidándose, y el joven
entró en la ciudad como un héroe salvador. Como premio, allí le aguardaba la
realeza y la boda con la reina, la viuda del rey Layo, Yocasta. Así se había
cumplido la profecía. La advertencia del oráculo délfico se había realizado
fatídicamente, pese a los esfuerzos del héroe por evitar su destino.
EL ACIAGO FINAL DE EDIPO
Pasaron los años y del matrimonio nacieron
cuatro hijos: dos varones, Polinices y Eteocles, y dos muchachas, Antígona e
Ismena. Y un día Edipo conoció la terrible verdad sobre su propia historia.
Horrorizado, se arrancó los ojos y se condenó a sí mismo al destierro. Yocasta
se suicidó. Su hija Antígona acompañó, como lazarillo, al desventurado Edipo en
su exilio errante.
Edipo maldijo a sus dos hijos, que se
pelearon por el trono, y acabaron matándose mutuamente a las puertas del muro
de Tebas. Luego Antígona, al rendir honores fúnebres a Polinices, al que el
rey, su tío Creonte, había prohibido enterrar por considerarlo enemigo de la
ciudad, fue apresada y condenada a muerte. Fue encerrada en una cueva y allí se
suicidó. El anciano Edipo vagó hasta su muerte, que fue en la aldea de Colono, cerca
de Atenas.
DIFERENCIA ENTRE MITOS Y CUENTOS
Un mito puede parecerse, desde el punto
de vista de su contenido fabuloso, a un cuento popular. Los elementos
narrativos y los episodios pueden ser semejantes. Pero los protagonistas de los
cuentos no suelen tener nombre propio, como Caperucita o Pulgarcito, o Juan o
Jaimito, que son nombres de cualquiera, y sus monstruos tampoco: el ogro, el
dragón. la bruja, etc. En cambio, los actuantes de un mito tienen un nombre que
los identifica y están ligados a una tierra y una leyenda familiar. [...] Desde
el punto de vista didáctico -y desde cualquier otro punto de vista- lo primero
que hay que hacer con el mito es contarlo, y contarlo bien, con sus detalles y
sus nombres propios. Luego intentar apurar su significado. No con explicaciones
alegóricas rebuscadas. Como los cuentos, los mitos ofrecen peripecias y
aventuras llenas de dramatismo y colorido. Están muchas veces dotados de
elementos simbólicos. Tiene también un cierto aspecto ético. Se premia el
coraje, la audacia, al astucia, la lealtad. Pero no siempre. El mundo que se
refleja en la mitología es un mundo cruel, dramático, donde la muerte acecha y
donde le esfuerzo es un pago del éxito. En un mundo feroz, lleno de monstruos,
de peligros, de enigmas. En su aparente ingenuidad ofrece, sin embargo, un
ejemplo de la condición humana.
No siempre triunfa el mejor ni escapa el
héroe sin dolor de su arrojado empeñó. Los dioses griegos son crueles. El más
sabio puede caer en la trampa. El afán de conocer la verdad lleva a Edipo al
abismo. El rey justo que se creía sabio y feliz se encuentra parricida e
incestuoso, como advirtió el oráculo. El noble Áyax se ve forzado al suicidio.
Hipólito muere por su orgullosa castidad. Antígona recibe la muerte como premio
a su defensa del amor familiar. Los mitos no reflejan un mundo feliz ni justo,
no concluyen en el happy end de rigor en los cuentos. Pero refleja los valores
y creencias de una sociedad, la griega en este caso.
GARCÍA
GUAL, Carlos. Cultura Clásica, 21 Ciclo. Ed. Santillana, pp.100-1
Minos. Minos es un rey de Creta que
vivía, según se dice, tres generaciones antes de la guerra de Troya.
Corrientemente pasa por ser hijo de Europa y de Zeus y por haber sido criado
por el rey de Creta Asterión o Asterio (v. Europa). Sin embargo, a veces es
considerado como hijo de Asterión. Fueron sus hermanos Sarpedón y Radamantis
(v.cuad.3,pág. 78 y 28, pág. 360).
A la muerte de Asterión, Minos reinó
solo en Creta. Cúentase que, cuando manifestó la pretensión de quedarse con todo
el poder, sus hermanos opusieron objeciones. Minos respondió que los dioses le
destinaba el reino, y, para probarlo, afirmó que el cielo le concedería cuanto
le pidiese. Ofreciendo un sacrificio a Posidón, rogó al dios que hiciese salir
un toro del mar, y le prometió, en correspondencia, sacrificarle el animal.
Posidón envió el toro, lo cual valió a Minos el poder sin más discusión; pero
el rey no sacrificó el animal, pues consideraba que era un ejemplar magnífico,
cuya raza quería conservar. Lo envió, pues, a sus rebaños. Mas Posidón se vengó
volviendo al toro furioso, hasta el punto de que Heracles hubo de matarlo a
petición de Minos o por orden Euristeo (v. Heracles). Se trataría del mismo
toro por el que Pasífae, la esposa de Minos, concibió más tarde una pasión
culpable (v. más adelante, Minotauro y Tauro).
Minos casó con Pasífae, hija del Sol
(Helio) y de Perseis (v. cuad. 16 pág. 236). Otra tradición dice que casó con
Creta, hija de Asterión. Sus hijos legítimos fueron: Catreo, Deucalión, Glauco;
Andrógeo, llamado también Eurigies; Ácale, llamada también Acacálide, Jenódice,
Ariadna y Fedra. Pero tuvo también hijos bastardos con una ninfa llamada Paria
()u oriunda de la isla de
Paros?), Eurimedonte, Crises, Nefalión y Filolao (v. acerca de ellos, Eurimedonte).
Con otra ninfa, Dexitea, tuvo otro hijo, Euxantio. Finalmente, se le atribuyen
otros hijos en diversa tradiciones aberrantes.
Se atribuían a Minos gran número de
aventuras amorosas y, a veces, la invención de la pederastia. Existía una
tradición según la cual el raptor de Ganímedes habría sido Minos, y no Zeus.
Igualmente, habría sido amantes de Teseo, se habría reconciliado con él después
del rapto de Ariadna y le habría dado en matrimonio a su segunda hija, Fedra
(v. también Mileto).
Entre sus amores femeninos se cita a
Britomartis, que se arrojó al mar antes que entregársele (v. Britomartis);
luego Peribea una de las jóvenes del " primer tributo" que trajo de
Atenas a la muerte de Androgeo (v. este nombre). Sus amantes fueron tan numerosas,
que Pasífae, su esposa, se enojó y " le echó una suerte", por la cual
todas las mujeres que poseían morían devoradas por los escorpiones y serpientes
que le salían del cuerpo. Lo libró de aquella maldición Procris, la cual
consintió en compartir su lecho a cambio de un perro y una jabalina mágicos que
poseía (v. Procris). Procris conocía, efectivamente una hierba , "la raíz
de Circe", que rompió el hechizo.
Minos pasa por ser el primero que
civilizó a los cretenses, los gobernó con justicia y bondad y les dio
excelentes leyes. Estas leyes eran tan notables, que se consideraban como
inspiradas directamente por Zeus. Cada nueve años, Minos habría ido a consultar
al dios en la caverna del Ida de Creta, donde se criaba a Zeus, y allí recibía
sus instrucciones. En estas funciones de legislador se establece en ocasiones
un paralelo entre Minos y su hermano Radamantis, al que habría expulsado por
envidia y del cual no habría sido sino el imitador. En los infiernos, los dos
actuaban de jueces de las almas de los muertos, ayudados por Eaco (v. este
nombre).
Con el nombre de Minos se personifica en la leyenda la "talasocracia" cretense ,que, desde el segundo milenio anterior a nuestra Era, ejerció su imperio en todo el mar Egeo. Por eso, no es de extrañar que muchos mitógrafos le atribuyan la soberanía sobre gran número de islas situadas alrededor de Creta e incluso en Caria en el continente asiático. Minos -dicen- dirigió varias expediciones militares, especialmente contra Atenas, para vengar la muerte de Androgeo. En el curso de esta guerra se apoderó de la ciudad de Mégara (v. Niso y Escila). Habiendo obtenido la victorias a consecuencia de una peste que había forzado a los atenienses a rendirse sin condiciones, exigió de ellos in tributo anual de siete jóvenes de uno y otro sexos, destinados a ser pasto del Minotauro. Más tarde, Minos pasó a Sicilia, a la cabeza de un ejército, en busca de Dédalo, al que encontró en la corte del rey Cócalo (v. Dédalo y Cócalo). Pero murió allí, a manos de las hijas del rey, en un baño, a instigación de Dédalo. Los soldados cretenses que lo seguían fundaron en Sicilia la ciudad de Heraclea Minoa. Posteriormente, los cretenses organizaron una expedición de castigo contra Sicilia, pero fueron derrotados y obligados a reembarcar. Arrojados por una tempestad al país de los yápiges, se instalaron en él. Luego, parte de ellos, obligados a desterrarse a causas de ciertas discordias intestinas, volvieron a Macedonia. El oráculo les había ordenado fijar su residencia donde les diesen, para comer, tierra y agua. He aquí que al llegar a Botia, una región de Macedonia, encontraron a unos niños que jugaban a hacer "tortas" de barro. Los niños les invitaron muy seriamente a comer sus "pasteles", y los inmigrantes, comprendieron que se cumplía el oráculo, pidieron al rey del país una concesión, que les fue otorgada.
Existía en Heraclea Minoa una
"tumba de Minos" que, según se decía, era la erigida a su rey por sus
compañeros. En una sala interior se hallaban las cenizas de Minos, mientras una
segunda sala era un santuario consagrado a Afrodita. Este mausoleo fue arrasado
por Terón cuando la fundación de Agrigento, y las cenizas de Minos fueron
transportadas a Creta (v. también Minotauro, Pasífae, Teseo).
MINOTAURO. Se da el nombre de Minotauro
a un monstruo que tenía cabeza de hombre y cuerpo de toro. En realidad se
llamaba Asterio, o Asterión, y era hijo de Pasífae, esposa de Minos, y de un
toro enviado por el propio Posidón a éste (v. Minos). Minos, asustado y
avergonzado al nacer este monstruo, fruto de los amores contranatura de
Pasífae, mandó construir al artista ateniense Dédalo, que entonces vivía en su
corte, un inmenso palacio ( el Laberinto ), formado por un embrollo tal de
salas y corredores que nadie excepto Dédalo, era capaz de encontrar la salida.
Allí encerró al monstruo, y cada año -otros dicen que cada tres años, o incluso
cada nueve- le daba en pasto a los siete jóvenes y otras tantas doncellas que,
como tributo, le pagaba la ciudad de Atenas. Teseo se integró voluntariamente
en el número de estos jóvenes y, gracias a la ayuda de Ariadna, consiguió no
sólo inmolar al animal, sino hallar el camino de salida del palacio (v. Ariadna
y Teseo, y una interpretación evemerista en Tauro).
Esta leyenda conserva el recuerdo de la
civilización "minoica", que parece haber tenido un culto del toro y
palacios inmensos como los encontrados en Cnosos y otras partes por las
excavaciones de Evans. El Laberinto es, efectivamente, el "palacio de la
doble hacha", símbolo que aparece repetidamente en los monumentos minoicos
y que quizá tenga una significación "solar".
GRIMAL,
Pierre. Diccionario de mitología griega y romana. Ed. Paidós,
pp.359-61
Heracles es hijo de Alcmena y Anfitrión,
pero su verdadero padre es, en realidad, Zeus, quien, aprovechándose de la
ausencia de Anfitrión, que había salido para una expedición contra los
telebeos, tomó su forma y aspecto para engañar a Alcmena y engendró al héroe en
el curso de una larga noche, prolongada por orden suya. Cuando a la mañana
siguiente regresó Anfitrión, se dio a conocer y engendró un segundo hijo,
Ificles, hermano gemelo de Hercales, y sólo una noche más "joven" que
él. Contábase que, para hacerse reconocer por Alcmena y quitarle a ésta
todo asomo de duda, Zeus le había enviado como regalo una copa de oro que había
pertenecido a Pterelao, rey de los telebeos. Además, le contó como propias las
hazañas realizadas durante la expedición por el verdadero Anfitrión. Cuando
éste hubo regresado, Zeus intervino para reconciliar a los esposos, y Anfitrión
se resignó -dícese- a no ser más que el padre putativo del niño divino.
Incluso antes de que nazca Heracles,
empieza a manifestarse la cólera de Hera, celosa de Alcmena. Zeus había
afirmado, imprudentemente, que el niño que iba a nacer del linaje de Perseo
reinaría en Argos. Inmediatamente, Hera obtuvo de su hija Ilitia, diosa de los
alumbramientos, que el nacimiento de Heracles se retrasase, y se adelantase, en
cambio, el de su primo Euristeo, hijo de Esténelo. De este modo, Euristeo nació
sietemesino, en tanto que Heracles permaneció diez meses en el seno de su madre
(v. Galintia, la "comadreja", cuya astucia burló los maleficios de
Hera y permitió, finalmente, el parto de Alcmena).
Existen varias leyendas que cuentan como
Heracles, tierno niño aún, se amamantó en el seno de Hera, su peor enemiga. Tal
era, según se decía, la condición precisa para que el héroe pudiera gozar de la
inmortalidad; mas para llenar esta condición fue preciso acudir a un ardid.
Según ciertas tradiciones, Hermes acercó el niño al pecho de la diosa dormida.
Cuando ésta se despertó, lo arrojó lejos de sí, pero ya era demasiado tarde. La
leche que fluyó de su pecho dejó en el cielo una estela: la Vía Láctea.
Otra tradición cuenta el episodio de
modo distinto: Alcmena, temiendo los celos de Hera, habría expuesto el pequeño
Heracles, recién nacido, en los alrededores de Argos -y no de Tebas, como la
verosimilitud parecía exigir si esta leyenda estuviese integrada en el ciclo
tebano del héroe-, en un lugar que en lo sucesivo llevó el nombre de "llanura
de Heracles". Atenea y Hera acertaron a pasar. Atenea admirada, ante el
vigor y la belleza del recién nacido, pidió a Hera que le diese el pecho. Así
lo hizo Hera, pero Heracles chupó con tal violencia, que hirió a la diosa;
ésta, entonces, lo rechazó con viveza, Atenea lo recogió, lo entregó a Alcmena
y le ordenó que criase sin temor a su hijo.
Cuando Heracles tuvo 8 meses -otros
dicen 10-, Hera intentó perderlo. Un atardecer, Alcmena había acostado a los
dos gemelos, Heracles e Ificles, en su cuna, y se había dormido. Hacia
medianoche, la diosa introdujo en la habitación dos enormes serpientes, que se
enroscaron en el cuerpo de los niños. Ificles se puso a llorar, pero Heracles,
intrépido, agarró los reptiles por la garganta, uno en cada mano, y los ahogó.
Anfitrión acudió, espada en mano, a los gritos de Ificles, pero no tuvo
necesidad de intervenir. Se dio perfecta cuenta de que Heracles era hijo de un
dios.
Se atribuía a Heracles la educación
propia de los niños griegos de la época clásica, parecida también a la que
había recibido Aquiles del centauro Quirón. Según parece, su primer maestro fue
el músico Linos, el cual le enseñó los rudimentos de las letras y de la música.
Seguía sus lecciones junto con Ificles; pero mientras éste se mostraba un alumno
dócil y aplicado, Heracles era muy indisciplinado, por lo cual Lino debía
reprenderlo, e incluso un día trató de castigarlo. Pero Heracles, en vez de
ceder, montó en cólera, y agarrando un taburete (otros dicen una lira), dio con
él un golpe tan fuerte a su maestro que le causó la muerte. Heracles hubo de
comparecer ante un tribunal, acusado de asesinato, pero se salió de la suya
citando una sentencia de Radamantis, según la cual existía el derecho de matar
al adversario en caso de legítima defensa. Fue, pues, absuelto. Pero Anfitrión,
inquieto y temiendo que su hijo adoptivo fuese presa de nuevos accesos de
cólera se apresuró a enviarlo al campo, y lo puso al frente de sus rebaños.
Allí, según una tradición, un boyero escita llamado Téutaro continuó su
educación, adiestrándolo en el arte de manejar el arco.
Sin embargo, se admitía más generalmente
que en su formación intervinieron otros maestros: el propio Anfitrión le enseñó
el modo de conducir el carro de guerra, y Éurito lo inició en el tiro del arco
(v. Éurito,2). Según una variante, debió también este último adiestramiento a
Radamantis quien, como cretense, era un hábil arquero. El manejo de las armas
le fue enseñado por Cástor -que debe identificarse, ya con uno de los
Dioscuros, ya con un refugiado de Argos, hijo de un cierto Hípalo-. Después de
Lino, su infortunado maestro , recibió lecciones de Eupolmo, hijo de Filemón y
sobrino de Autólico, quien lo perfeccionó en la música.
Heracles, entretanto, crecía y alcanzaba
la extraordinaria talla de cuatro codos y un pie. A los 18 años realizó su
primera hazaña al matar al león de Citerón. Era éste una fiera de un tamaño y
ferocidad tales que producía verdaderas devastaciones en los rebaños de
Anfitrión y del rey Tespio (que reinaba en un país vecino de Tebas), sin que
ningún cazador se atreviera a acometerle. Heracles resolvió librar a aquellas
tierras del monstruo, para lo cual se instaló en casa del rey Tespio; pasaba el
día entero cazando, y por la noche iba a dormir a palacio. Al cabo de cincuenta
días consiguió dar muerte al león, pero durante este tiempo, Tespio, que había
tenido cincuenta hijas de su esposa Megamede, hija de Arneo, y que deseaba
tener nieto que fuesen hijos de héroes, se las arreglaba para introducir cada
noche en su cama a una de las muchachas. Heracles, en la oscuridad, consumió su
unión con todas, y estaba tan cansado de su jornada de cacería, que creía
unirse cada noche con la misma. De este modo tuvo cincuenta hijos, los
Tespíadas.
Cierto autores sitúan esta primera caza
del león, prefiguración de la del de Nemea (v. más adelante), no en las laderas
del Citerón, sino en el Helicón, o bien en las cercanías de Teumeso. Incluso
Pausanias ha recogido una leyenda según la cual el león de Citerón no fue
muerto por Heracles, sino por Alcátoo -a quien se atribuye generalmente la
muerte del león de Mégara (v. Alcátoo)-. Finalmente, una leyenda local de la
isla de Lesbos decía que también allí Heracles había matado un león.
Cuando regresaba de cazar el león del Citerón,
Heracles se encontró, cerca de Tebas, con los emisarios del rey de Orcómeno
Ergino, que se dirigían a reclamar el tributo que los tebanos pagaban a los
habitantes de Orcómeno. Heracles los ultrajó, les corto la nariz y las orejas,
que enhebró en un cordel, y colgó de su cuello; después les dijo que llevasen
este tributo a su señor. Ergino, indignado, marchó contra Tebas, pero fue
derrotado por Heracles, el cual impuso a los mínias de Orcómeno un tributo
doble del que ellos habían impuesto a los tebanos. Anfitrión fue muerto en la
batalla, luchando valerosamente al lado de su hijo. Según otra tradición,
Anfitrión no cayó hasta más tarde, después de haber realizado con éxito, junto
con Heracles, la expedición contra el rey de Eubea, Calcodonte y de haber
presenciado la matanza de sus nietos (v. más adelante). Heracles habría
combatido solo contra Ergino, con armas recibidas de Atenea en persona. Sobre
las demás variantes de esta leyenda, v. Ergino.
El rey de Tebas, Creonte, para agradecer
dignamente a Heracles el servicio que había prestado a la ciudad, le dio en
matrimonio a su hija mayor, Mégara, a la vez que casaba a la menor con Ificles.
Mégara tuvo varios hijos del héroe: ocho, según Píndaro; tres, según Apolodoro,
quien cita sus nombre: Terímaco, Creontíades, y Deicoonte. Otras tradiciones
conocen siete, o cinco (Antímaco, Clímeno, Gleno, Terímaco y Creontíades), o
bien cuatro. Pero muy pronto Heracles dio muerte a sus hijos y a dos de los que
había tenido Ificles. Este crimen es relatado por los autores de modo diverso,
y ha suministrado a Eurípides Y Séneca tema para sendas tragedias.
Según unos -y ésta parece ser la
tradición más antigua-, Heracles arrojó a sus hijos al fuego. Según otros, y
especialmente Eurípides, los mató a flechazos; incluso llegó a atacar a su
padre Anfitrión, y estaba a punto de matarlo, cuando Atenea, golpeándole en el
pecho con una piedra, lo sumió en profundo sueño. Esta serie de asesinatos es
explicada generalmente por un acceso de locura que le envió Hera. Según ciertas
tradiciones, la diosa quería obligarle a ponerse al servicio de Euristeo, ya
produciéndole una mancha que le exigiera someterse a una expiación, ya porque,
a pesar del oráculo de Zeus, Heracles no se decidía a trasladarse a Argos y
reconocer a Euristeo por su señor. Era una advertencia que le enviaba la diosa.
Recobrada la lucidez, Heracles no quiso
seguir viviendo con Mégara y la entregó a su sobrino Yolao ( pese a ser
considerable la diferencia de edad entre ambos, pues, según los cálculos de los
mitógrafos antiguos, ella tenía 33 años, y él no pasaba de los 16).
Eurípides ha enlazado la leyenda del
asesinato de los hijos de Mégara con la de un usurpador llegado de Eubea, Lico,
que da muerte al rey Creonte y se apodera del trono de Tebas durante la ausencia
de Heracles, que ha descendido a los infiernos. El héroe vuelve a tiempo y mata
a Lico; pero cuando se dispone a ofrecer un sacrificio de acción de gracias en
el altar de Zeus, frente al palacio, Hera le envía la locura, que se apodera de
él. Cree que sus hijos son los de Euristeo y les da muerte, toma a su propio
padre por el de Euristeo. Esténelo y está a punto de matarlo cuando Atenea,
golpeándole en el pecho, lo deja dormido. Al despertarse se da cuenta de sus
crímenes y quiere suicidarse; pero Teseo, que llega en este momento, le hace
desistir de tal propósito y se lo lleva a Atenas. Como se ve, Eurípides ha
alterado la cronología tradicional del episodio, situándolo después del
descenso a los Infiernos, es decir, intercalándolo entre los Trabajos, en vez
de convertirlo en el primer acto de la vida del héroe. Además, hace intervenir
a Teseo, el héroe "filósofo" por excelencia, símbolo de la prudencia
y la mesura áticas frente a la violencia doria.
GRIMAL,
Pierre. Diccionario de mitología griega y romana. Ed. Paidós,
pp.240-42
Hay, pues, divinidad en el mundo, como
hay mundanidad en las divinidades. Por eso el culto no podía dirigirse a un ser
radicalmente extrahumano, cuya existencia no tuviera nada que ver con el orden
natural en el universo físico, en la vida humana y en la existencia social. Al
contrario, el culto puede dirigirse a ciertos astros, como la luna; a la aurora
la luz del sol, la noche; a una fuente, un río, un árbol; al eco de una montaña
y también a un sentimiento, una pasión ( Aidos, Eros); a una noción moral o
social (Diké, Eunomía). No es que se trata en cada caso de dioses propiamente
dichos, pero todos manifiestan lo divino en el registro que les es propio; de
la misma forma que la imagen cultual, exteriorizando la divinidad en su templo,
puede ser, con razón, objeto de devoción para los fieles.
En presencia de un cosmos lleno de
dioses, el hombre griego no distingue lo natural y lo sobrenatural como dos
ámbitos opuestos. Uno y otro están intrínsecamente ligados. Frente a ciertos
aspectos del mundo, experimenta el mismo sentimiento de sacralidad que en el
trato con los dioses en las ceremonias que establecen contacto con ellos.
No es que se trata de una religión de la
naturaleza y que los dioses griegos sean personificaciones de fuerzas o
fenómenos naturales. Se trata de otra cosa. El rayo, la tempestad, las altas
cumbres no son Zeus; son de Zeus. Un Zeus mucho más allá de ellas, puesto que
las engloba en el seno de una Potencia que se extiende a las realidades no
físicas sino psicológicas, éticas o institucionales. Lo que hace de una
Potencia una divinidad es que reúne bajo su autoridad una pluralidad de
"efectos" completamente arbitrarios para nosotros, pero que el griego
acepta porque ve en ellos la expresión de un mismo poder actuando en los
dominios más diversos. Si el rayo y las alturas son de Zeus, se debe a que el
dios se manifiesta, en el conjunto del universo, a través de todo aquello que
lleva la marca de una eminente superioridad, de una supremacía. Zeus no es fuerza
natural: es rey , dueño y señor de la soberanía en todos los aspectos que ésta
pueda revestir.
J.P. Vernant. MIto y religión en la Grev¡cia Antigua. Ed. Ariel. P. 9
RITUAL DE SACRIFICIOS
El sacrifico se solía hacer por la mañana
( por la noche si iba dirigido a dioses infernales) en un altar decorado con
guirnaldas de flores y vistiendo los sacerdotes de blanco y con la frente
cubierta por una corona. Antes de herir al animal se arrojaban al fuego algunos
pelos cortados de la cabeza de la víctima; seguidamente, tras la plegaria del
ritual, el oferente hería a la víctima procurando que su sangre mojara el
altar; a continuación una pequeña parte de él se quemaba en honor del dios, y
el resto se consumía en un banquete sagrado, cuyos gastos, en los sacrificios
públicos, corrían a cargo del Estado.
Oraban de pie y con las manos tendidas
hacía el cielo, cuando se dirigían a los dioses celestes, o inclinados hacía el
suelo, cuando sus súplicas iban dirigidas a los dioses infernales. Las
plegarias solían ir acompañadas de sacrificios u ofrendas.
GARCÍA
GUAL, Carlos. Cultura Clásica, 21 Ciclo. Ed. Santillana, pp.72
Entre lo religioso y lo social, lo
doméstico y lo cívico, no hay oposición ni corte neto, no más que entre lo
sobrenatural y lo natural, lo divino y lo mundano. La religión griega no
constituye un sector aparte, encerrado en sus límites y que se superpondría a
la vida familiar, profesional, política o de ocio sin confundirse con ella. Si
podemos hablar de "religión cívica" para la Grecia arcaica y clásica,
esto significa que lo religiosa queda incluido en lo social y que,
recíprocamente, lo social en todos sus niveles y en la diversidad de sus
aspectos, está penetrado de lado a lado por lo religioso.
De ahí una doble consecuencia. En este
tipo de religión el individuo no ocupa, como tal, un lugar central. No
participa en el culto a título puramente personal, como criatura singular a
cargo de la salvación de su alma. Desempeña el papel que le asigna su posición
social: magistrado, ciudadano, miembro de una fratría, de una tribu o de un
demos, padre de familia, matrona o joven (muchacho o muchacha) en las diversas
etapas de su ingreso en la vida adulta. Es una religión que consagra un orden
colectivo y que integra, en el lugar que conviene, a sus diferentes
componentes, pero que deja fuera de su campo las preocupaciones concernientes a
la persona de cada uno, a su eventual inmortalidad, a su destino.
Así pues, el fiel no establece con la
divinidad una relación de persona a persona. Un dios trascendente, precisamente
porque está fuera del mundo, más allá del alcance terrenal, puede encontrar en
la conciencia de cada devoto, en su alma, si ésta se ha sometido a una
preparación religiosa, el lugar privilegiado de un contacto y de una comunión.
Los dioses griegos no son personas, son Potencias. El culto los honra en razón
de la extrema superioridad de su condición. Si bien ellos pertenecen al mismo
mundo que los humanos, si tienen en cierta forma el mismo origen, constituyen
una raza que desconoce todas las imperfecciones que señalan a las criaturas
mortales con el sello de la negatividad - debilidad, fatiga, sufrimiento,
enfermedad, muerte- y no encarna lo absoluto ni el infinito; pero si la
plenitud de los valores que componen el premio de la existencia en esta tierra:
belleza, fuerza, juventud eterna, eclosión permanente de la vida más allá de la
muerte. Hasta los misterios como los de Eleusis, en que los iniciados obtienen
la promesa de una suerte mejor en el Hades, no se ocupan del alma: nada hay que
evoque en ellos una reflexión sobre su naturaleza o el uso de técnicas
espirituales para su purificación.
J.P. Vernant. MIto y religión en la Grecia Antigua. Ed. Ariel, pp.10-11
EL ORÁCULO DE DELFOS
Entre todos los centros oraculares, el
que alcanzó mayor prestigio fue el dedicado a Apolo en Delfos. Desde muy
antiguo existió allí un oráculo dedicado a la diosa Gea: una gruta custodiada
por una enorme serpiente llamada Pitón, a la que Apolo dio muerte con sus
flechas, estableciendo allí su templo oracular. En recuerdo de Pitón, las
sacerdotisas recibieron el nombre de pitonisas o pitias. Estas debían ser hijas
de matrimonio legítimo y de familia honorable pero pobre.
CEREMONIA DE LA CONSULTA
Las sesiones se celebraban el día siete
de cada mes, conmemorando el nacimiento de Apolo que, según la tradición, tuvo
lugar en la isla de Delos el día siete del mes séptimo. Por esas fechas acudían
a Delfos peregrinos del mundo entero con la esperanza de que su consulta
pudiera ser atendida. Llegado el día la Pitia, después de tomar el baño
purificador en las aguas de la fuente Castalia, y de beber agua de la fuente
Casotis, se dirigía al templo acompañada por los sacerdotes. Primero tenía
lugar la acogida de los fieles por los sacerdotes del templo. Cada fiel debía
entregar, como pago por la consulta, una tarta de miel (pelanos) o su
equivalente en dinero. Después se dirigían al templo por la Vía Sacra, camino
poblado de bellísimas estatuas.
En la ceremonia debía sacrificarse un
animal, preferentemente un cabrito, pero antes había que consultar si el dios
estaba dispuesto a revelarles ese día sus oráculos; para ello se rociaba con
agua fría al animal y, si temblaba al recibir el agua la ceremonia continuaba,
en caso contrario se suspendía hasta el mes siguiente. Sacrificado el animal,
los consultantes entraban en el templo, atravesaban la primera donde estaban
inscritas las famosas máximas: " Conócete a ti mismo" y " Nada
en demasía", y pasaban a la gran sala del templo, donde esperaban su
turno. Cuando le llegaba su hora, el consultante descendía por una escalera
hasta llegar ante la Pitia, de quien le separaba una cortina. Ésta actuaba en
un foso sentada sobre un trípode, tocando en ónfalo y teniendo en una de sus
manos una rama de laurel. Una vez que entraba en trance, daba las respuestas a
las preguntas formuladas. Las preguntas se hacían oralmente; sólo los grandes
temas de Estado, encomendados por regla general a delegaciones oficiales, se
hacían por escrito. La Pitia daba sus respuestas hablando siempre en primera
persona, como si fuera el dios el que hablaba; los sacerdotes las anotaban, las
interpretaban, y las entregaban al interesado escritas en verso, con un texto
generalmente ambiguo, con lo que siempre quedaba a salvo la veracidad del oráculo.
ALGUNOS ORÁCULOS FAMOSOS
Heródoto nos ha dejado una amplia
colección de oráculos cuya respuesta se dio por escrito. Muy conocidos son los
referentes a Creso, rey de Lidia, y a Pirro, rey del Epiro.
Consultando Creso al oráculo sobre si debía
o no atacar a Persia, le respondió que si declaraba la guerra a Persia,
destruiría un gran imperio. Interpretando que el imperio destruido sería el de
Ciro, Creso le declaró la guerra. El oráculo acertó de pleno, pero fue Creso el
derrotado y su imperio el destruido.
Ante otra consulta en el mismo sentido,
el oráculo le respondió: "Cuando un mulo llegue a ser rey de los medos,
entonces, Lidio de pies tiernos, emprende la huida hacía Hermos, no te quedes
aquí ni te avergüences de ser cobarde". Creso no comprendió el significado
del oráculo y atacó a Ciro con los resultados que ya hemos visto anteriormente.
No comprendió que el "mulo" era Ciro, quien, por ser hijo de padre
persa y madre meda, era de raza mixta, lo mismo que los mulos nacidos de una
burra y un caballo, o una yegua y un asno.
Cuando Pirro le consultó sobre el
resultado de su enfrentamiento con los romanos, le contestó el oráculo:
"Aio te, Eacida, romanos vincere posse"; que puede entenderse de dos
maneras: "Te digo, descendiente de Éaco, que tú puedes vencer a los
romanos", pero también puede interpretarse de manera opuesta: "Te
digo, descendiente de Éaco, que los romanos pueden vencerte".
¿QUÉ ERA UN ORÁCULO?
El término oráculo tenía en la
antigüedad un doble sentido: por un lado designaba la respuesta de la divinidad
a una pregunta formulada a través de un intermediario, y por otro el santuario
en que se celebraban tales consultas.
El pueblo griego tuvo gran fe en los
oráculos a lo largo de toda su historia, y muchos de sus santuarios llegaron a
alcanzar extraordinaria fama en todo el mundo antiguo; a ellos acudían devotos
de los puntos más alejados del planeta a formular sus consultas.
Los romanos, a pesar de ser sumamente
supersticiosos, no tuvieron grandes oráculos nacionales y, en muchas ocasiones,
acudieron para sus consultas a los griegos o egipcios. Únicamente la Sibila de
Cumas, los Libros Sibilinos y el templo de la diosa Fortuna en Preneste
alcanzaron cierto renombre.
EL LAUREL
Es el árbol consagrado a Apolo y era
otro elemento de vital importancia en el proceso de entrada en trance de la
Pitia, pues antes de emitir su respuesta, era fumigada con hojas de laurel
quemado, mascaba hojas de la misma planta y apretaba en su mano una rama de
este árbol que crecía en el patio del templo.
EL TRÍPODE
Cuenta la leyenda que un pastor,
Coretas, encontró una gruta en el suelo de la que emanaba una extraña corriente
de aire. Se acercó a ella y, de repente, empezó a pronunciar frases extrañas.
Llegaron sus compañeros y observaron que Coretas les vaticinaba el futuro.
Desde ese momento se utilizó ese lugar con este propósito y los habitantes de
la región construyeron un armazón sobre el que se pudiera recibir la
inspiración con toda seguridad: el trípode.
EL ÓNFALO
Era una piedra de unos treinta cm de
altura de forma ovoidal. Ónfalos en griego significa "ombligo". La
piedra, según la leyenda, es la que Rea dio a Crono para evitar que Zeus fuera
devorado por su padre. Cuando Zeus se sublevó contra él, le hizo vomitar a
todos sus hermanos y, con ellos, la piedra que había devorado en su lugar, que
colocó en el monte Parnaso. Con esa piedra se esculpió el ónfalo.
GARCÍA
GUAL, Carlos. Cultura Clásica, 21 Ciclo. Ed. Santillana, pp.72
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