Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z
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auctoritatis in fabula), sed M. Catoni seni, quo
maiorem auctoritatem haberet oratio; apud quem
Laelium et Scipionem facimus admirantis quod
is tam facile senectutem ferat, eisque eum
respondentem. Qui si eruditius videbitur
disputare quam consuevit ipse in suis libris,
attribuito litteris Graecis, quarum constat eum
perstudiosum fuisse in senectute. Sed quid opus
est plura? Iam enim ipsius Catonis sermo
explicabit nostram omnem de senectute
sententiam.
Aristón de Quíos —pues poca autoridad existía en
la fábula—, sino al anciano Marco Catón, con lo
cual el discurso adquirirá más autoridad.
A su lado hemos situado a Lelio y Escipión, que
admiraban que este anciano llevara su vejez de un
modo tan digno. Él personalmente les responde.
Si se manifiesta más erudito en este discurso que
en el resto de sus escritos, atribúyelo a las obras
griegas, de las que fue un estudioso incondicional,
en su vejez. Pero, ¿qué más hay que añadir? Las
mismas palabras de Catón nos aclararán la
opinión que tenemos de la vejez.
II. 4. Scipio. Saepe numero admirari soleo cum
hoc C. Laelio cum ceterarum rerum tuam
excellentem, M. Cato, perfectamque sapientiam,
tum vel maxime quod numquam tibi senectutem
gravem esse senserim, quae plerisque senibus
sic odiosa est, ut onus se Aetna gravius dicant
sustinere. Cato. Rem haud sane difficilem,
Scipio et Laeli, admirari videmini. Quibus enim
nihil est in ipsis opis ad bene beateque
vivendum, eis omnis aetas gravis est; qui autem
omnia bona a se ipsi petunt, eis nihil malum
potest videri quod naturae necessitas adferat.
Quo in genere est in primis senectus, quam ut
adipiscantur omnes optant, eandem accusant
adeptam; tanta est stultitiae inconstantia atque
perversitas. Obrepere aiunt eam citius, quam
putassent. Primum quis coegit eos falsum
putare? Qui enim citius adulescentiae senectus
quam pueritiae adulescentia obrepit? Deinde qui
minus gravis esset eis senectus, si
octingentesimum annum agerent quam si
octogesimum? Praeterita enim aetas quamvis
longa cum effluxisset, nulla consolatio
permulcere posset stultam senectutem.
ESCIPIÓN.— Con frecuencia, junto con Cayo
Lelio, aquí presente, suelo admirarme, Marco
Catón, de tu excelente y completo dominio de
todos los conocimientos, y principalmente por el
hecho de que la vejez jamás haya sido onerosa y
nefasta para ti, cosa contraria a lo que suelen decir
la mayoría de los ancianos que afirman que ellos
soportan una carga más pesada que el Etna.
CATÓN.— Es lógico, Escipión y Lelio, que os
parezca digno de admiración este asunto. Para
quienes creen que no hay posibilidad de alcanzar
el bienestar y llevar una vida feliz, sin duda, la
vida es dura en todas las etapas de la vida. Pero
quienes consiguen todos los bienes en sí mismos,
no les puede parecer malo lo que la exigencia de
la naturaleza traiga. La vejez está siempre en
primer plano. Todos se esfuerzan en alcanzarla y,
una vez conseguida, todos la culpan. ¡Tanta es la
necedad de la extravagancia! Suelen afirmar que
la vejez se les echó encima mucho antes de lo que
esperaban. En primer lugar: ¿quién les obligó a
pensar de un modo tan absurdo?, ¿por qué la
distancia entre la adolescencia y la vejez es más
corta que la distancia entre la adolescencia y la
infancia? En segundo lugar, ¿acaso sería más
suave la vejez si se viviera 800 años en vez 80?
Por larga que haya sido la vida, ningún consuelo
habría podido suavizar la necia vejez.
5. Quocirca si sapientiam meam admirari soletis
(quae utinam digna esset opinione vestra
nostroque cognomine!), in hoc sumus sapientes,
quod naturam optimam ducem tamquam deum
sequimur eique paremus; a qua non veri simile
est, cum ceterae partes aetatis bene descriptae
sint, extremum actum tamquam ab inerti poeta
esse neglectum. Sed tamen necesse fuit esse
aliquid extremum et, tamquam in arborum bacis
terraeque fructibus maturitate tempestiva quasi
Si por este motivo admiráis mi sabiduría, ¡ojalá
fuera digno de esa opinión y del sobrenombre de
"sabio"! Somos sabios, por tener a la naturaleza
como la mejor guía y por obedecerla como a un
dios. No es creíble que, una vez descritas a la
perfección las restantes etapas de la vida, se
olvide el último momento, como se olvida a un
poeta sin arte. Siempre ha sido necesario un final,
y, como sucede en los brotes de los árboles y en
los frutos de la tierra, tras su madurez oportuna, el