Página 10 - senectute

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Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z
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armis praestantior quam in toga; qui consul
iterum Sp. Carvilio conlega quiescente C.
Flaminio tribuno plebis, quoad potuit, restitit
agrum Picentem et Gallicum viritim contra
senatus auctoritatem dividenti; augurque cum
esset, dicere ausus est optimis auspiciis ea geri,
quae pro rei publicae salute gererentur, quae
contra rem publicam ferrentur, contra auspicia
ferri.
riéndose— pues si tú no la hubieses perdido, yo
no la hubiese recuperado." Tan ilustre fue en la
vida militar como en la vida civil. Durante su
segundo consulado, pese al silencio de su colega
Espurio Carvilio, se opuso con todas sus fuerzas a
Cayo Flaminio, tribuno de la plebe, que quería
dividir El Campo del Piceno y La Galia contra la
voluntad del senado. Cayo Flaminio auguraba que
esas decisiones se realizarían con los mejores
auspicios, y se llevarían a cabo en beneficio de la
república. Asimismo afirmaba que los asuntos que
iban en contra de la república, iban también en
contra de los augurios.
12. Multa in eo viro praeclara cognovi; sed nihil
admirabilius, quam quo modo ille mortem fili
tulit clari viri et consularis. Est in manibus
laudatio, quam cum legimus, quem philosophum
non contemnimus? Nec vero ille in luce modo
atque in oculis civium magnus, sed intus
domique praestantior. Qui sermo, quae
praecepta, quanta notitia antiquitatis, scientia
iuris auguri! Multae etiam, ut in homine
Romano, litterae. Omnia memoria tenebat, non
domestica solum, sed etiam externa bella. Cuius
sermone ita tum cupide fruebar, quasi iam
divinarem id quod evenit, illo exstincto, fore,
unde discerem, neminem.
Percibí muchas cualidades en aquel varón, pero
ninguna tan admirable como el talante con que
sobrellevó la muerte de su hijo, que fue un
hombre brillante como cónsul. Está en nuestras
manos el elogio fúnebre que escribió para la
ocasión y, cuando lo leemos, nos podemos
preguntar: ¿a qué filósofo no menospreciamos?
Fue un gran hombre ante los ojos de los
ciudadanos y muy distinguido en la intimidad de
su hogar. ¡Qué discurso, qué máximas, qué
conocimiento de los antepasados, cuánta sabiduría
del derecho! Disponía de una cultura amplísima:
todo lo tenía en la memoria. No sólo las guerras
civiles, incluso la guerra con otros pueblos. Yo
disfrutaba tanto con sus discursos que casi hubiera
pronosticado lo que posteriormente sucedió: que
una vez fallecido, no encontraría a nadie de quien
aprender.
V. 13. Quorsus igitur haec tam multa de
Maximo? Quia profecto videtis nefas esse dictu
miseram fuisse talem senectutem. Nec tamen
omnes possunt esse Scipiones aut Maximi, ut
urbium expugnationes, ut pedestres navalesve
pugnas, ut bella a se gesta, ut triumphos
recordentur. Est etiam quiete et pure atque
eleganter actae aetatis placida ac lenis senectus,
qualem accepimus Platonis, qui uno et
octogesimo anno scribens est mortuus, qualem
Isocratis, qui eum librum, qui Panathenaicus
inscribitur, quarto et nonagesimo anno scripsisse
se dicit, vixitque quinquennium postea; cuius
magister Leontinus Gorgias centum et septem
complevit annos neque umquam in suo studio
atque opere cessavit. Qui, cum ex eo
quaereretur, cur tam diu vellet esse in vita, 'Nihil
habeo,' inquit, 'quod accusem senectutem.'
Praeclarum responsum et docto homine dignum.
¿A dónde nos conducen estos recuerdos desde
Máximo? Sin duda alguna, entenderéis que sería
injusto decir que su vejez fue miserable. Pese a
ello, sabemos que no todos son Escipiones o
Máximos, para que sean recordados por sus
asedios a ciudades, por sus batallas terrestres o
navales, por las guerras que llevaron a cabo o por
sus triunfos, incluso por el modo de llevar una
vejez tranquila, sosegada, plácida y soportable,
como hemos oído decir de Platón, quien murió a
los 81 años, cuando escribía un libro. Isócrates
escribió a los 94 años el libro que tituló
Panatenaicos y se sabe que vivió un quinquenio
más. Su maestro, Leontino Gorgias, cumplió 107
años y nunca cejó en su estudio ni en su trabajo.
Cuando le preguntaron por qué quería seguir
viviendo, él contestó: "No tengo nada que
reprochar a la vejez." ¡Brillante y digna respuesta
propia de un hombre docto!