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LA ROMAN I ZAC I ÓN DE LA ACTUAL ANDALUC Í A
Beati Hispani, quibus vivere bibere est
A
nónimo
E
n
el año
218
a.C. ponen sus pies por primera vez en Iberia los ro-
Historia de la
conquista y
romanización de
Hispania
manos. De esa manera se inicia una nueva etapa en la Península.
Los romanos habían sellado con los cartagineses el tratado del Ebro
en el
226
a.C., en el que se fijaba en el río el límite de la expansión
cartaginesa. Pero, en el
219
, Aníbal toma Sagunto y somete a los pue-
blos hispanos situados entre el Ebro y los Pirineos. Es el comienzo de
la II Guerra Púnica, que no terminará hasta el
202
a.C. con la batalla
de Zama y que hará a Roma dueña de Cartagena (conquistada por P.
Cornelio Escipión en el
209
) y de Gades (
206
a.C.). Casi desde enton-
ces (
197
a.C.), el territorio controlado por Roma queda dividido en
dos provincias: la Ulterior y la Citerior.
A lo largo del siglo II a.C. se continúa la conquista desde el valle
del Tajo hacia el sur y se dan los primeros pasos para lo que será el
nuevo modelo administrativo. Las guerras celtibéricas comienzan en
el
153
a.C. Numancia se va a convertir en el símbolo de la resisten-
cia celtibérica contra Roma, pues el cerco se mantendrá hasta el
133
(Escipión la rindió de hambre), mientras que las demás ciudades van
cayendo en esos años en poder de Roma. También coinciden en esta
época las guerras lusitanas (
155
–
136
a.C.), entre los lusitanos y sus
aliados y los romanos. Merece especial mención un personaje: Viria-
to, quien durante casi diez años (
147
–
139
a.C.) dirigió la resistencia
indígena hasta que fue asesinado a traición por los propios jefes lusi-
tanos sobornados por Roma. Con el fin de estas guerras todo el nuevo
territorio al sur del Duero quedó como propiedad de Roma y su po-
blación sometida al pago de impuesto. En el
123
a.C. se lleva a cabo
la conquista de las Baleares, con el pretexto de que servían de refu-
gio a los piratas que obstaculizaban el comercio en el Mediterráneo
occidental.
Entre el
81
y el
73
a.C. tendrá lugar un episodio importante: la
guerra sertoriana. Sertorio había recibido el gobierno de la Hispania
Citerior pero, cuando iba de camino, se enteró de que se le había sus-
tituido por otro gobernador. A partir de ahí, se erige en representante
de la oposición al régimen de Sila. Se alían con él los lusitanos y, más
tarde, los celtíberos y otros pueblos de Hispania. Obtiene victorias
importantes frente a Metelo, gobernador de la Hispania Ulterior, pe-
ro ya en el
76
comienza su decadencia y en el
73
es asesinado por sus
colaboradores más estrechos.
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