Página 4 - galias

Versión de HTML Básico

IES “Fuente de la Peña” (Jaén)
CÉSAR: “Bellum Gallicum” (Selección de textos)
Departamento de Latín
Por: Jaime Morente Heredia (JD)
2
CAESAR,
De Bello Gallico
Los Comentarios a la guerra de las Galias no son una obra de carácter autobiográfico, ni tampoco unas
memorias. César se presenta como el procónsul capaz de cumplir con su deber, respetuoso con el Senado y la
legalidad republicana. Necesitaba demostrar que había actuado en todo momento conforme a la voluntad del
Senado. Así, oculto tras la aparente objetividad de un memorándum militar, César forja su leyenda: su resistencia
física, su capacidad para adaptarse a los rigores de la guerra, su camaradería, sus dotes conjugando a la
perfección audacia y reflexión, sus habilidades diplomáticas, le permiten, en definitiva, conformar la imagen de
un líder carismático e irresistible. ¿Ahora bien, quiere decir esto que la obra de César es poco menos que un
folleto propagandístico, una sarta de falsedades? Algunos autores, así lo creen, pero el magistral estudio de
Rambaud sobre los procedimientos de deformación histórica empleados por César ha puesto las cosas en su sitio:
deformar la verdad no es mentir, sino presentar los hechos de una forma ventajosa. Es lo que hacen los abogados
y lo que enseña la retórica: la narratio debe operar según el principio de lo verisimilis, presentando los hechos
“tal y como han pasado o tal como han podido pasar”. En Roma, la historia no era más que un opus oratorium
maxime, en palabras de Cicerón. César ha recurrido a una gran variedad de expedientes que Rambaud recoge:
opera una cuidadosa selección de las cuestiones que va a tratar; silencio u omite elementos desfavorables; utiliza
técnicas de exageración y de atenuación; recurre a las causas psicológicas y morales para justificar derrotas y
fracasos; se muestra especialmente generosos en elogios hacia ciertos adversarios para poner de relieve sus
propios éxitos; utiliza las digresiones para dar apariencia de objetividad, so capa de satisfacer la curiosidad de los
lectores por lo exótico; manipula la concepción del tiempo y del espacio; deniega ciertas responsabilidades, y se
atribuye otras que no le corresponden… Otros procedimientos son más técnicos: el nombre “César” se repite
constantemente, hasta el punto de hacer de él un deus ex machina; cuando las cosas salen mal, el uso recurrente
del pronombre le permite evadir toda responsabilidad; las subordinadas, especialmente las concesivas, sirven,
por el contrario, para poner de relieve su constancia y perseverancia; coloca los elementos en las oraciones de tal
forma que el lector llegue convencido al final de la frase; las repeticiones hacen que pasen por evidentes
afirmaciones no probadas (como la celeritas de César). Para Martin: “De estas razones largamente explicadas en
sus informes periódicos al Senado ha nacido la idea y la base del Bellum Gallicum, compendio justificativo de la
acción de César en el momento en que éste pensaba volver finalmente a las actividades cívicas, a su carrera
política.”
El libro es frecuentemente loado por la claridad y pureza del
latín. Tradicionalmente era el primer libro auténtico que los
estudiantes de latín debían estudiar, así como la Anábasis de
Jenofonte lo era para estudiantes de griego. Ambos eran relatos
autobiográficos de aventura militar relatada en tercera persona. El
estilo es simple y elegante, esencial y no retórico, seco como una
crónica pero con muchos detalles y empleando numerosos recursos
estilísticos para promover los intereses políticos de César.
Los libros son también valiosos por muchos hechos históricos
y geográficos (Gallia est omnis divisa in partes tres...) que se detallan
en la obra. Capítulos destacados son aquellos que describen los trajes
de los galos (VI, 13), su religión (VI, 17), una comparación entre los
galos y los pueblos germanos (VI, 24) y otras notas curiosas, como la falta de interés de los germanos por la
agricultura (VI, 22).