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IES “Fuente de la Peña” (Jaén)
CÉSAR: “Bellum Gallicum” (Selección de textos)
Departamento de Latín
Por: Jaime Morente Heredia (JD)
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LXXXVIII (3-4) Momentos decisivos del combate.
Nostri omissis pilis gladiis rem gerunt. Repente post tergum equitatus cernitur; cohortes aliae
appropinquant. Hostes terga vertunt; fugientibus equites occurrunt. Fit magna caedes. Sedulius, dux et
princeps Lemovicum, occiditur; Vercassivellaunus Arvernus vivus in fuga comprehenditur; signa
militaria septuaginta quattuor ad Caesarem referuntur: pauci ex tanto numero se incolumes in castra
recipiunt.
LXXXIX (2, desde “mittuntur”,-4) Perdida la batalla, Vercingetórix propone a su pueblo o que
lo maten o que lo entrguen vivo a los romanos. Se envían legados a César sobre la cuestión y César
decide. (Sería interesante poner el capítulo completo).
Mittuntur de his rebus ad Caesarem legati. Iubet arma tradi, principes produci. Ipse in munitione
pro castris consedit: eo duces producuntur; Vercingetorix deditur, arma proiciuntur.
XC (1-3) Final.
His rebus confectis in Aeduos proficiscitur; civitatem recipit. Eo legati ab Arvernis missi quae
imperaret se facturos pollicentur. Imperat magnum numerum obsidum. Legiones in hiberna mittit.
Captivorum circiter viginti milia Aeduis Arvernisque reddit.
El relato de César acaba bruscamente en este punto, sin ninguna conclusión final y tampoco
insertando el contrapunto adecuado a la breve introducción del libro I; hay, de hecho, un Libro
Octavo, que se ocupa de las campañas del 51 contra los carnutes y los belóvacos. Su autor, Hircio,
disponía como “jefe de la secretaría” de César de suficiente documentación para llevar a cabo la
tarea, además de informes remitidos por César y de otros más. Se afirma en su comienzo que toda la
Galia estaba sometida y en su final que César lo había conseguido combinando rigor y benevolencia,
premios y castigos. Persistían, no obstante, algunos focos de resistencia. El más importante de ellos,
Uxeloduno, sufrió un castigo terrible por retardar la pacificación total hasta el año 50, momento en
que César podía verse desposeído de sus poderes. Al cabo de aquellos ocho años de guerras, César
había logrado, en palabras Jehne: “su consagración como fenómeno excepcional”. “Como tantas
otras veces en su vida, también ahora se encaminaba hacia una decisión en la que se jugaba el todo
por el todo: o se convertía en cónsul y, previsiblemente, en el hombre más poderoso del Imperio
Romano, o sería ignominiosamente expulsado de la clase dirigente y tendría que esperar el fin de sus
días en cualquier rincón del Imperio. La lucha entre César y sus adversarios estaba llegando al punto
decisivo.” La guerra civil estaba a punto de llegar.