Página 7 - catulo

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descripción de los síntomas del amor en el LI, poema doblemente famoso por ser la versión de uno de Safo; el
colmo de la dicha en el jubiloso CVII, en el que concluye diciendo:
¿Quién vive más feliz que yo y sólo yo...?
.
Hasta aquí la cara venturosa de esta pasión. En la otra, la del odio, que arrastra consigo la decepción y lleva hasta
la desesperación, no faltan tonos y matices: sin tapujos nos pinta el poeta a una Lesbia que frecuenta juergas y
francachelas, rodeada de amantes
a los que tiene abrazados a la vez sin amar de verdad a ninguno, sino
rompiéndoles a todos las entrañas cara a cara
(XI), en tabernas de mala fama (XXXVII), o como amante de
su propio hermano (LXXIX); como tampoco duda en darnos un retrato de su amada de una descarnada y brutal
sinceridad
: aquella Lesbia...
ahora en las encrucijadas y en las callejas se la pela a los descendientes del magnánimo Remo
(LVIII). Una
clara decepción, al haber comprobado cómo es en el fondo Lesbia, pone al descubierto Catulo en LXXII y
LXXV, decepción a la que se une la impotencia por no poder abandonar una pasión que sólo puede traerle daño
y dolor:
Ahora te conozco: por eso, aunque me quemo con más vehemencia, sin embargo me resultas mucho
más despreciable y frívola
(LXXII). Todo lo cual lleva al poeta a buscar a toda costa separarse de ella y resistir
en soledad:
¡Adiós, niña! Ya Catulo está firme, y no te buscará ni te hará ruegos...
(VIII),
viva y disfrute con
sus adúlteros... que no vuelva como antes sus ojos a mi amor...
(XI); pero finalmente llega a la desesperación
absoluta que grita en el LX:
¿Acaso una leona... te parió con tan dura y abominable alma...?
Una muy
abundante cantidad de personajes integra el tema ya mentado de
amistad/enemistad
. Por un lado está el grupo
de sus amigos, íntimos u ocasionales. A unos, compañeros los más de su mismo círculo poético, el de los
poetae
noui
, aficionados a leer a los griegos y a escribir poemas de corte alejandrino, les dirige Catulo composiciones de
tenor literario, para hacerles comentarios, críticas, elogios...: así, comienza en el poema I por dedicarle su
"librillo" a Cornelio Nepote, amigo suyo y protector de los
poetae noui
, procedente de la Galia Cisalpina, como
el poeta y sus compañeros literarios; compone el L como regalo para Licinio Calvo, en el que le recuerda:
ayer...
nos divertimos mucho en mis tablillas... Escribiendo versillos...
; de Cecilio refiere en el XXXV que está
componiendo un poema; a Cornificio le reprocha en el XXVIII que no le diga palabras de consuelo, aunque
sean más tristes que las de Simónides, poeta que debía de ser bien conocido para estos jóvenes aficionados a leer
poesía griega; a Varo, como amigo experto en literatura, le manifiesta en el XXII su parecer sobre uno que se
jacta de ser poeta:
Ese Sufeno... hace muchísimos versos... ese mismo es más grosero que un grosero
campesino en cuanto pone la mano en los versos, pero... nunca es igual de feliz que cuando escribe un
poema..
.; de su querido Cina cuenta en el XCV que por fin, después de nueve años de composición, ha
publicado su poema
Esmirna
; a Alio le escribe en el comienzo epistolar del LXVIII:
me es grato, porque me
consideras amigo tuyo y, en consecuencia, me pides los dones de las Musas..
., y le confiesa más adelante:
Me
perdonarás, pues, si los dones que mi aflicción me arrancó, ésos, no te los proporciono porque no puedo.
Pues, el hecho de no tener conmigo una gran cantidad de poetas se debe a que vivimos en Roma....
En otros
poemas emplea Catulo con sus amigos el tono jocoso o la ironía fina, para compartir con ellos la comicidad de
un suceso personal o de algún chisme de la calle: a Catón le hace, en el LVI, partícipe de una comprometida
situación vivida por el poeta, de la que éste ha salido muy airoso; celebra en el LIII la elocuencia de su amigo
Calvo, poeta y orador, y en el X las conquistas amorosas de Varo (aunque termine arrepintiéndose de haber
conocido a la amante de su amigo y llegue a insultarla). Con otros amigos le unen unos lazos de mayor
intimidad: sentimientos de afecto y confianza mutuos entre el poeta y Licinio Calvo empujan a Catulo a revelarle
a su amigo en el L:
entusiasmado por tu encanto y tus gracias, Licinio,... no me aprovechaba el alimento, ni
el sueño cubría mis ojos con el descanso... desasosegado de delirio, me revolvía por toda la cama...
; amistad
fraternal es la que deja ver el poeta con sus amigos Veranio y Fabulo, cuando se alegra del regreso del primero
en el poema IX, envía al segundo invitación a cenar recomendándole sin disimulo que se traiga la cena (XIII), o
lamenta, en XXVIII y XLVII, la suerte de ambos en la cohorte de Pisón; un trato frecuente y franco permite las
procacidades del XXXII, poema en el que, entre halagos y bromas, confiesa el poeta a su amiga Ipsitila sus
urgencias sexuales y le pide un favor:
invítame a ir a tu casa a echar la siesta..
.; también en esta faceta de
relación profunda, aunque con el muy distinto tono de la pena, entra el poema XCVI, en el que Catulo llora con