por Apuleyo en
Apología, 80
y por la
Crónica
(p.150, 24 ed. Helm) de S. Jerónimo- y el de Quintus -defendido
por algunos eruditos y que sólo aparece en la inscripción de manuscritos interpolados-.
El
nomen
, Valerius, no ofrece dudas; lo han transmitido Suetonio en
Vida de los doce Césares
:
Julio César, 73
y Porfirión, escoliasta de Horacio (escolio a
Sátiras
1, 10, 18); lo confirman, además, inscripciones sobre los
Valerii Catulli y los Valerii de Verona, inscripciones que señalan a esta familia -probablemente una rama patricia
de la
gens Valeria
de Roma- como bien afianzada desde antiguo en la ciudad de la Galia Cisalpina. Tampoco ha
planteado dudas el
cognomen
: basta con el buen número de veces que el propio poeta lo menciona en sus
poemas.
Su patria fue Verona. Así lo dice el propio Catulo explícita o implícitamente (poemas LXVII, 34; XXXV, 3;
LXVIII, 27). Así también lo señalan los testimonios de Ovidio (
Amores
3, 15, 7), Marcial (11, 195) y S. Jerónimo
(
Crónica
, p. 150,24 ed.
Helm). El apelativo Veronensis, con el que se denominaba al poeta, al parecer era corriente entre el público y,
desde luego, aparece en los mejores códices de la tradición manuscrita.
Su familia, probablemente -como ya hemos señalado- una rama de
la gens Valeria
de Roma, debió de gozar de
bienestar económico y de renombre. Parece ser que ésta, además, mantenía buenas relaciones con la clase
política romana, pues consta, al menos por el testimonio de Suetonio (
Vida de los doce Césares: Julio César,
73
), que César fue huésped del padre de Catulo durante su proconsulado en la Galia Cisalpina. La buena
posición económica de su familia permitirá al poeta llevar en Roma una vida dedicada a la poesía y a la
participación en los círculos literarios, cosa que para muchos de los jóvenes de la época no pasó de ser más que
esnobismo y frivolidad; una vida volcada en el cultivo de sus amistades, en la búsqueda del amor y en la
profundidad de sus odios. De otro lado, ese respaldo económico familiar le permitirá escapar fuera de la Urbe y
de su ritmo agitado y buscar refugio y tranquilidad en su tierra, ya sea en su ciudad natal ya sea en Sirmión, o
cerca de Roma, en su finca de Tíbur. Sin embargo, nada nos dice el poeta sobre la situación o los miembros de
su familia, si exceptuamos el delicado y hondo epigrama funerario que dedica a su hermano (CI) y las quejas que
profiere por la muerte de éste en LXV, 1-12 y LXVIII, 19-26 y 91-100.
Con referencia al
corpus
de Catulo, hay que señalar que presenta muchos problemas y abre muchos
interrogantes: si es un solo libro (en el sentido de una sola agrupación de poemas) o la mezcla de varios, si fue el
poeta quien organizó alguna vez su poesía para la publicación o si fue algún otro quien la sacó a la luz tras la
muerte de Catulo, si presenta unidad temática, si la dedicatoria del
carmen
I a su amigo Nepote es la de toda la
colección que actualmente conocemos o si más bien es la de un pequeño librillo (
libellus
, como dice Catulo)
formado exclusivamente por composiciones breves a las que el poeta califica de
nugae
("naderías"). Con la
colección de Catulo han solido hacer los estudiosos tres partes, atendiendo exclusivamente a su forma externa: la
primera, del poema I al LX, compuesta por piezas cortas de métrica variada (diversos tipos de yambos y de
versos de la métrica eólica); la segunda, del LXI al LXVIII, agrupa las composiciones de larga extensión; la
tercera, del LXIX al CXVI, está formada por los poemas en dísticos elegíacos. Sin embargo, no hay en este
reparto ni unidad temática ni unidad por géneros literarios.
Queremos con esto decir que hay poesías breves de caricatura y escarnio o que no buscan más que la sonrisa o la
complicidad tanto en la primera parte como en la tercera, claro que unas veces escritas en yambos o en
endecasílabos falecios y otras en dísticos (éstos, como ya se ha señalado, sólo en la tercera parte). Que la
manifestación del 'yo', fundamental en Catulo, aparece en cualquiera de las partes de esta división: en las poesías
breves y en las largas (concretamente en la LXV y LXVII y en algunas partes de la LXVIII); en dísticos elegíacos
que narran amores y desgracias (versos de la llamada propiamente poesía elegíaca, en la que Catulo destaca por
su fuerza por encima de Ovidio, Propercio y Tibulo, el trío de los grandes elegíacos romanos), en yambos cojos
(como, por ejemplo, los de las composiciones XXXI, XXXVII o XLIV) o en estrofas de métrica eólica, métrica
que logra por primera vez asentar en la lengua latina Catulo, aunque sea ya simplemente la adaptación literaria de