Página 40 - catulo

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haec circum sedes late contexta locauit,
uestibulum ut molli uelatum fronde uireret.
post hunc consequitur sollerti corde Prometheus
extenuata gerens ueteris uestigia poenae, 295
quam quondam silici restrictus membra catena
persoluit pendens e uerticibus praeruptis.
inde pater diuum sancta cum coniuge natisque
aduenit, caelo te solum, Phoebe, relinquens
unigenamque simul cultricem montibus Idri: 300
Pelea nam tecum pariter soror aspernata est
nec Thetidis taedas uoluit celebrare iugalis.
Qui postquam niueis flexerunt sedibus artus,
large multiplici constructae sunt dape mensae,
cum interea infirmo quatientes corpora motu 305
ueridicos Parcae coeperunt edere cantus.
his corpus tremulum complectens undique uestis
candida purpurea talos incinxerat ora,
at roseae niueo residebant uertice uittae
aeternumque manus carpebant rite laborem. 310
laeua colum molli lana retinebat amictum,
dextera tum leuiter deducens fila supinis
formabat digitis, tum prono in pollice torquens
libratum tereti uersabat turbine fusum,
atque ita decerpens aequabat semper opus dens, 315
laneaque aridulis haerebant morsa labellis,
quae prius in leui fuerant extantia filo.
ante pedes autem candentis mollia lanae
uellera uirgati custodibant calathisci.
haec tum clarisona uellentes uellera uoce 320
talia diuino fuderunt carmine fata,
carmine, perfidiae quod post nulla arguet aetas:
'O decus eximium magnis uirtutibus augens,
Emathiae tutamen, Opis carissime nato,
accipe, quod laeta tibi pandunt luce sorores, 325
ueridicum oraclum, sed uos, quae fata secuntur,
currite ducentes subtegmina, currite, fusi!
Adueniet tibi iam portans optata maritis
Hesperus, adueniet fausto cum sidere coniunx,
quae tibi flexanimo mentem perfundat amore 330
languidulosque paret tecum coniungere somnos
leuia substernens robusto bracchia collo.
currite ducentes subtegmina, currite, fusi!
Nulla domus umquam tales contexit amores,
nullus amor tali coniunxit foedere amantes, 335
qualis adest Thetidi, qualis concordia Peleo.
currite ducentes subtegmina, currite, fusi!
Nascetur uobis expers terroris Achilles.
hostibus haud tergo, sed forti pectore notus,
qui persaepe uago uictor certamine cursus 340
flammea praeuertet celeris uestigia ceruae.
currite ducentes subtegmina, currite, fusi!
Non illi quisquam bello se conferet heros,
cum Phrygii Teucro manabunt sanguine campi
Troicaque obsidens longinquo moenia bello 345
periuri Pelopis uastabit tertius heres.
currite ducentes subtegmina, currite, fusi!
Illius egregias uirtutes claraque facta
saepe fatebuntur gnatorum in funere matres,
cum incultum cano soluent a uertice crinem 350
putridaque infirmis uariabunt pectora palmis.
currite ducentes subtegmina, currite, fusi!
Namque uelut densas praecerpens messor aristas
por el soplo de los vientos abandonan la elevada
cumbre de un monte nevado. Y su padre, como desde
lo alto de la ciudadela dirigía sus miradas,
consumiendo sus ojos ansiosos en un llanto continuo,
en cuanto vislumbró los lienzos de la hinchada vela, se
lanzó de cabeza desde lo más alto de las rocas,
creyendo que había perdido a Teseo por culpa de un
hado inflexible. Así, al entrar bajo el techo de su casa,
desolada por la muerte del padre, el orgulloso Teseo
sufrió en su persona un dolor tal como el que había
producido, por su ingrato corazón, a la Minoida,
quien, entonces, abatida, viendo de lejos la marcha de
la nave, herida, revolvía en su alma múltiples cuitas.
Pero, desde otra parte, Yaco(233), adornado con
flores, revoloteaba con el cortejo de Sátiros y de
Silenos nacidos en Nisa, buscándote, Ariadna, y
encendido por tu amor. Y las Bacantes, moviendo sus
cabezas al grito de 'evohé, evohé', eufóricas, por todas
partes iban en arrebatado delirio. Unas blandían tirsos
de punta cubierta de hojas; otras agitaban en sus
manos los miembros de un novillo despedazado; otras
se ceñían con serpientes retorcidas; otras ritualizaban
en cóncavas cestas los misterios secretos, misterios
que en vano anhelan oír los no iniciados; otras
golpeaban los tímpanos con sus palmas extendidas o
hacían salir del redondeado bronce suaves tintineos;
muchas, soplando en cuernos, les arrancaban roncos
sones, y la flauta extranjera chirriaba con un sonido
que producía horror.
El cobertor, magníficamente adornado con tales
figuras, envolviendo el sitial nupcial, lo cubría con su
tela. Después que la juventud tesalia se sació de
contemplarlo ansiosamente, comenzó a dejar sitio a
los sacrosantos dioses. Entonces, igual que el
Céfiro(234), encrespando el sosegado mar con su
soplo matutino, levanta empinadas olas, al salir la
aurora bajo los umbrales del Sol(235) errante, y las
olas, primero lentamente, empujadas por un leve soplo
avanzan y resuenan suavemente con golpeteo de
carcajada, y, después, con el crecer del viento más y
más van en aumento y, mientras nadan, desde lejos
refulgen de luz purpúrea: así entonces, abandonando
los regios techos del zaguán, cada uno partía hacia su
casa desde todas partes con paso errante.
Después de su marcha, el primero, desde la cumbre
del Pelión, llegó Quirón(236) con dones de los
bosques: pues todas las flores que producen los
campos, las que cría la región tesalia en sus grandes
montañas, las que el soplo fecundo del tibio
Favonio(237) hace brotar cerca de las ondas del río,
ésas, tejidas en entrelazadas guirnaldas, las trajo el
propio Quirón, y la casa, rociada con ese gozoso olor,
rió. Enseguida llega Peneo(238), abandonando la
lozana Tempe (Tempe, a la que ciñen los bosques que
se elevan sobre ella(239)), y no de vacío. En efecto,
trajo él hayas de profundas raíces y altos laureles de
recto tronco, no sin un cimbreante plátano y la flexible