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"Fábula, sátira y epigrama latinas"
(Editorial la "Ñ")
FÁBULA
1.- Introducción:
La fábula, relato en el que intervienen animales que reproducen defectos y
comportamientos de los hombres y que concluye con una moraleja, había tenido
una cierta utilización dentro de otros géneros desde Ennio, pero no surge en
la literatura latina como un género independiente con sus características
propias hasta el siglo I d. de C., por obra de Fedro.
El origen de la fábula, como el de la mayor parte de los géneros literarios,
se remonta a Grecia, donde había surgido como una manifestación popular en
oposición a la poesía solemne. La épica era un tipo de poesía que respondía
a la concepción de la vida de los nobles y aristócratas, mientras que la
fábula se situaba en el otro extremo, y representaba la vida mediocre y
común del pueblo humilde. Los griegos, que gustaban de atribuir un inventor
concreto a cada género, atribuyen el origen de la fábula a Esopo, esclavo
frigio que vivió hacia la mitad del siglo VI a. de C. y cuya vida nos ha
llegado llena de datos legendarios.
Lo cierto es que las fábulas o apólogos, como se denominaban entre los
griegos, debieron circular por su propia naturaleza popular fácilmente de un
pueblo a otro y podían tener un origen muy diverso; probablemente se
transmitían de forma oral: mercaderes, cómicos y, muy especialmente,
esclavos fueron vehículos de transmisión de las mismas.
Dos características acompañan el desarrollo de la fábula tanto en Grecia
como en Roma : ese carácter popular, de poesía menor que ya hemos comentado
y un fuerte matiz reivindicativo. Las fábulas eran la critica satírica del
pueblo, de los esclavos, de los pobres contra los privilegiados.
2.- Fedro.-
Este espíritu de reivindicación popular se encuentra claramente expresado en
los cinco libros de fábulas que con el nombre de Fabulae Aesopiae publicó
Fedro, el creador de la fábula latina como género literario. Nació en
Macedonia hacia el año 15 a. de C. y vino a Roma como esclavo de Augusto que
posteriormente le concedió la libertad. Parece que el hecho de que tanto
Esopo, creador mítico del género, como Fedro, su continuador en Roma, fueran
de origen servil justificaría el tono de crítica social a que antes nos
hemos referido.
Las noticias que tenemos de Fedro proceden en su totalidad de los epílogos y
prólogos de sus obras. Parece que comenzó a publicar sus fábulas en el
reinado de Tiberio y continuó en los de Caligula, Claudio y, probablemente,
en el de Nerón. En el prólogo del libro III hace mención de las
persecuciones que debió soportar a causa de las ideas difundidas en sus
libros por parte de Sejano, el todopoderoso prefecto de Tiberio. Como fecha
aproximada de su muerte se da el año 50 d. de C.
Publicó con el titulo de Fabulae Aesopiae un centenar de fábulas repartidas
en cinco libros, a las que se deben añadir unas treinta más recopiladas en
el Renacimiento por el humanista Nicolás Perotto y que, por ese motivo, se
conocen con el nombre de Appendix Perottina. Están escritas en senarios
yámbicos, verso propio de la comedia y del mimo y de gran raigambre popular.
En un principio, las fábulas tienen siempre un mismo esquema: un relato de
animales y una moraleja que puede preceder o seguir a aquel; ahora bien, más
adelante comienza a utilizar otros procedimientos, introduciendo fábulas de
otro tipo: relatos con personajes humanos, anécdotas, episodios históricos,
etc. En la forma aparentemente pueril de la fábula Pedro incluía una
intención satírica que lo relaciona tanto con Horacio y Lucilio como con
Persio y Juvenal.
Fedro escribe con un estilo sencillo y natural, especialmente cuando no
moraliza. En los prólogos de su obra se muestra particularmente orgulloso de
su "brevitas dicendi" (concisión), el rasgo más distintivo y característico
de su estilo.
Llama la atención el hecho de que ninguno de sus contemporáneos haga mención
de él; parece como si la literatura oficial de su época y de la
inmediatamente posterior lo olvidara a propósito. La primera referencia a su
persona la encontramos en Marcial. Quintiliano no lo nombra cuando teoriza
sobre las características del género fabulístico y, lo que es más grave,
Séneca en su Consolatio ad Polybium, escrita en el41 cuando Fedro debía
haber publicado ya la mayor parte de su obra, afirma que la fábula era un
género todavía no intentado en Roma. Probablemente el público al que Fedro
dirigió sus fábulas y el tono de crítica de las mismas lo alejó de la
literatura oficial de la época.
Después de Fedro no tenemos noticias de que se cultive el género fabulístico
hasta que en el siglo IV un autor llamado Aviano compusiera cuarenta y dos
fábulas en dísticos elegíacos. Se conoce otra colección de fábulas de
finales de la antigüedad latina titulada Rómulo o Fábulas de Rómulo. Ambas
obras están en la base de numerosas colecciones de fábulas en la Edad Media.
SÁTIRA
1.- Características del género
El término "satura" designa un género literario que, si bien recibe
influencias del drama griego y de las diatribas de los filósofos cínicos, se
desarrolla por primera vez en Roma como tal género con características bien
definidas; por este motivo Quintiliano se jactaba de que "la sátira al menos
es un logro totalmente romano".
El origen del término "satura" es oscuro: ya en la Antigüedad se proponían
diversos orígenes para el mismo, sin que existan razones de peso para
proponer unos por encima de los otros. La historia del desarrollo de la
sátira como género literario es larga, pudiéndose rastrear hasta cuatro
tipos de composiciones de carácter satírico. En primer lugar el historiador
tito Livio, al hablar de los comienzos del teatro en Roma, nos informa de
una "satura dramática" en las que se mezclaban cantos, música y mimo. Las
informaciones sobre este tipo de representaciones son prácticamente nulas y,
desde luego, no parece que hayan ejercido ninguna influencia en el
desarrollo de la sátira como género independiente.
Un segundo grupo de escritos satíricos lo forman composiciones de carácter
burlesco y moralizador, pero en las que no se incluían, al parecer, ni
invectivas ni ataques personales. Algunas obras del polifacético poeta Ennio
(239-169 a. C.) fueron de este tipo. Publicó al menos cuatro libros (algunos
autores hablan de seis), de poemas cuyas característica fundamental era la
mezcla de elementos diversos tanto desde el punto de vista de la forma como
del contenido: no sólo estaban escritas en diversos metros, incluyendo
fragmentos en prosa, sino que su contenido oscilaba entre la fábula, el
episodio autobiográfico y algunos poemas típicamente satíricos con críticas
de costumbres de su época.
El tercer tipo de sátira es precisamente el que define el género:
composiciones sobre diversos temas pero en las que se incluye una crítica
mordaz desde un punto de vista muy personal de personas concretas y de la
sociedad en general. Lucilio es el creador del género; Horacio, Persio y
Juvenal son sus máximos representantes.
Por último desde época muy temprana se desarrollaron composiciones satíricas
que seguían el modelo de Menipo y que por ese motivo se titularon sátiras
menipeas. Eran composiciones en las que se repartían desigualmente prosa y
verso con una intencionalidad más didáctica que crítica. Varrón fue el
primero en escribir este tipo de composiciones .La Apocolocyntosis de Séneca
y el Satiricón de Petronio también se incluyen en este apartado.
2.- LUCILIO: el creador del género
Horacio fue el primero en otorgar a Lucilio de Suessa Aurunca el privilegio
de ser el creador de la sátira como género literario autónomo. No existe
ninguna "vita" que nos aporte datos fidedignos sobre su vida, aunque, al ser
la sátira un género muy personal, podemos obtener alguna información de los
fragmentos que nos han llegado de sus Saturae. Sabemos que nació en Suessa
Aurunca, localidad de la Campania, hacia el 180 a. de C. y que estuvo muy
vinculado con el círculo de los Escipiones, sirviendo en la caballería en
Hispania a las órdenes de Escipión. De familia acaudalada, escribió en
provecho y en defensa del grupo de aristócratas reunidos en torno a los
Escipiones y que propugnaban reformas moderadas en el terreno social y
político. Murió a edad avanzada en Nápoles entre el 102 y el 101 a. C.
Comenzó a escribir en su madurez, al regreso de la campaña de Hispania.
Escribió 30 libros de los que sólo nos han llegado 1.375 versos. En los
primeros libros utilizó una gran variedad de metros pero posteriormente
utilizó solamente el hexámetro, que desde entonces es propio de la poesía
satírica. Mantuvo sin embargo siempre una gran variedad temática: ataques
contra personajes corruptos y contra los vicios imperantes en la sociedad de
su tiempo, testimonios autobiográficos, críticas literarias y filosóficas,
etc. Lo más característico de Lucilio es que, por encima de la diversidad
temática se impone siempre la crítica y los ataques mordaces, de carácter
personal, lo que confiere a la "satura" esa nota distintiva que ha llegado
hasta nuestros días.
Lucilio escribe en el lenguaje normal de la calle (sermo cotidianus),
alejándose de la selección de vocablos típicas del lenguaje poético y
marcando de esta forma diferencias con la poesía épica. Los términos
groseros e incluso obscenos son propios del género y Lucilio los utiliza con
normalidad. Pero su estilo es poco cuidado y Horacio le criticaba su
abandono a la inspiración fácil y su falta de autocrítica que le llevaban a
expresar sus ideas de forma tosca y con descuido; de cualquier forma, sus
defectos literarios no fueron un obstáculo para que, trazando un cuadro vivo
y crítico de la sociedad de su tiempo, estableciera de forma clara los
rasgos fundamentales de un género típicamente romano.
3.- HORACIO: Sermones y Epistulae
Si Lucilio es considerado como el fundador del género satírico, a Horacio,
su continuador como él mismo se proclama, le cabe el mérito de haberlo
llevado a la perfección formal.
Las diferencias entre Lucilio y Horacio son notables tanto en los aspectos
de contenido como en los formales. Las sátiras de Horacio carecen de la
fuerza y de la dureza crítica de Lucilio; las circunstancias políticas de la
época de Horacio no permitían, a pesar de que el poeta pertenecía al círculo
de amigos de Augusto, llevar la crítica y los ataques personales a los
extremos a que se habían llevado en los primeros siglos de la República. Por
este motivo no encontramos en Horacio referencias críticas sino a personas
difícilmente identificables. El poeta dedica pues sus esfuerzos a
perfeccionar los aspectos formales del género, única cosa que encuentra
criticable en su antecesor. Se incluye así en esa tendencia propia de la
poesía de la época de Augusto que, aún reconociéndose heredera de los poetas
arcaicos, retoman sus metros y temas para darles su definitiva forma
clásica. Con Horacio la poesía satírica en hexámetros alcanzó un alto nivel
de refinamiento artístico que se aleja de la rudeza de Lucilio.
En realidad Horacio no tituló ninguna de sus obras Saturae, pero la
tradición manuscrita nos ha transmitido como obras satíricas del poeta dos
libros con el titulo de Sermones y otros dos bajo el epígrafe de Epistulae,
ambos en hexámetros, como es ya propio de la sátira desde Lucilio.
La vida de Horacio ocupa toda la segunda mitad del siglo I a. de C. (65-8) y
su obra satírica ocupa el comienzo y el final de su labor poética, debiendo
situarse entre ambas su producción lírica. Este hecho explica que podamos
dividir la obra satírica de Horacio en dos grupos con características
propias: por un lado estarán las composiciones escritas entre el año 45 y el
30 y por otro las producidas entre el 23 y el 13 a.C.
En el primer grupo tenemos que situar los Sermones, escritos en el período
anterior al gobierno de Augusto y en los que se percibe una mayor dureza en
el tono de lo que será habitual en las obras posteriores. En el libro
primero Horacio realiza una crítica moral y literaria y en alguna de ellas
introduce elementos autobiográficos; los temas son variados: la alabanza del
justo medio (est modus in rebus), la crítica de la rigidez y la
intransigencia de los estoicos hecha desde una perspectiva epicúrea y, junto
a estos temas filosóficos, otros como relatos de viajes (recogiendo una tema
ya tratado por Lucilio). En el libro segundo el poeta escoge la forma de
discusión libre (diatriba) entre interlocutores anónimos que habían
popularizado algunos filósofos griegos, en especial los cínicos; la sátira
se transforma así en una "charla" (sermo) animada que permite tratar con
distintos puntos de vista diversos temas: fábulas, confidencias, teoría
literaria, reflexiones personales y filosóficas, etc.
Todas sus composiciones satíricas, a las que el poeta seguía llamando
Sermones, a partir del año l30-29 tienen forma de cartas en verso por lo que
se nos han transmitido como Epistulae. Este segundo grupo de sátiras
recogidas en dos libros es una obra de madurez y en ellas predomina sobre
todo el tono didáctico. Dentro de esta obra tienen un interés muy especial
tres cartas extensas en las que Horacio hace una crítica estética de la
evolución de la literatura romana; dos de ellas nos han llegado formando
parte del libro segundo, mientras que la tercera se considera una obra
especial titulada De Arte Poetica.
En la primera de estas cartas, dirigida a Augusto, trata el poeta de las
relaciones entre la literatura griega y la romana; la segunda está dirigida
a Floro, al que con un tono muy personal desaconseja que se dedique a la
poesía; por último, la titulada De Arte Poetica, dirigida a los Pisones, es
un análisis extenso y técnico del arte literario.
Tanto en los Sermones como en las Epistulae el objetivo de Horacio era
llevar a la mayor perfección formal la sátira y consolidad sus posibilidades
artísticas. El lenguaje, la selección de palabras, el tono que puede ser
culto o popular según el tema tratado, resultan ser instrumentos perfectos
para la consecución de ese objetivo.
4.- La sátira de la época de Nerón: PERSIO
Se ha comentado ya que las circunstancias políticas que se imponen en Roma
con la llegada del principado destierran de la sátira el ataque personal y
la crítica mordaz: así se ha comentado a propósito de Horacio. A lo largo
del siglo I d. C. el ambiente de reprensión y de desconfianza se acentúa y
la sátira se va volviendo cada vez más abstracta y retórica, perdiendo
contacto con la realidad cotidiana. A esta época pertenece la obra de Persio.
Aulo Persio Flaco era de origen etrusco; nació en Volterra en el año 34, en
el seno de una familia de orden ecuestre. Huérfano de padre a muy temprana
edad, marchó a Roma donde recibió una esmerada educación. Murió
prematuramente en el año 62, cuando sólo contaba 28 años. Sus seis sátiras
fueron publicadas después de su muerte por el lírico Cesio Baso, a quien
Persio había dirigido la última de ellas. Fue discípulo del filósofo estoico
Anneo Cornuto y la influencia de éste sobre el poeta es enorme tanto en su
obra como en su vida. Aunque no participó en la vida política, se movió en
los ambientes de la oposición estoica al gobierno del emperador Nerón.
Persio tomó la inspiración y los temas de la filosofía estoica, a cuyo
servicio puso su poesía. En todo momento, incluso cuando habla de teoría
literaria, se sitúa en una posición moralizadora y convierte su obra en una
exposición de la rígida moral del estoicismo de la época de Nerón.
Su obra no es muy extensa, no sólo a causa de su temprana muerte sino muy
especialmente porque no era poeta de inspiración fácil: escribía, según
afirma su biógrafo con poca continuidad y lentamente (scriptitavit raro
lentoque). Escribió en total seis sátiras. La primera trata de los problemas
generales de la poesía y expone su posición al respecto. En las restantes se
desarrollan los temas particularmente queridos para los estoicos: el
verdadero espíritu de la religión, la educación, la libertad y el desprecio
de la riqueza.
Persio es un poeta de una gran obscuridad. Persigue el lenguaje coloquial,
pero se deja llevar por la corriente imperante de su época de utilizar
recursos expresivos tomados de la retórica. Su obra es una mezcla de
discursos, monólogos, interrogaciones retóricas y antítesis. Por todo ello
su lengua es poco clásica, difícil, llena de metáforas desconcertantes y de
palabras obscuras.
Fue muy valorado en la Antigüedad y durante la Edad Media, muy probablemente
por el contenido moralizante de su obra pero en la época actual ha sufrido,
frente a los otros poetas satíricos romanos, una creciente desvalorización.
5.- El último gran poeta satírico: JUVENAL
Es característico del género satírico su carácter fuertemente personal, que
hace que la vida del autor se transparente en su obra y que sean frecuentes
las alusiones autobiográficas; así lo hemos visto en Lucilio, en Horacio y
en Persio. Sin embargo ésta es la primera diferencia entre Décimo Junio
Juvenal y sus predecesores: Juvenal en sus sátiras no nos cuenta gran cosa
sobre sí mismo; sí nos informa su obra sobre sus sentimientos ante la
sociedad de su tiempo y, en definitiva, sobre su talante interior, pero no
hay apenas alusiones a su vida personal.
Se sabe que nació en Aquino, ciudad del Lacio meridional, hacia el año 60 y
que murió a edad avanzada con posterioridad al 127. Parece ser que era hijo
de un liberto adinerado y que vivió la vida difícil de los clientes que
recoge él mismo en sus sátiras. De los escasos datos que tenemos parece
desprenderse que hizo carrera militar y recibió una sólida formación
retórica.
La juventud y parte de la madurez y de Juvenal transcurre durante el funesto
reinado de Domiciano, prototipo de tirano que estableció un auténtico
régimen de terror y que marcó definitivamente al poeta. En el año 96 muere
Domiciano y se inicia con Nerva y sus sucesores una época de restauración
política, social y moral; es éste el momento que Juvenal, ya de mediana
edad, elige para comenzar a publicar sus 16 sátiras en cinco libros
ordenados por el mismo autor.
En la sátira inicial del libro I que, como ocurre en sus predecesores, tiene
carácter programático, expone su deseo de escribir sátiras a la manera de
Lucilio, realizando una agria crítica de la sociedad de su tiempo. Sin
embargo el poeta declara en esa misma sátira que sólo hablará de personas ya
muertas, de manera que dirige su indignación tantas veces sofocada contra la
época de Domiciano. La sátira IV es particularmente ilustrativa de cuáles
son los motivos y las intenciones del poeta: desahogarse del horror
experimentado en el inmediato pasado y resarcirse del obligado silencio. La
crítica alcanza tanto al emperador, al que se censura su arbitrariedad y su
crueldad, como a la clase senatorial, inclinada a la adulación y a la
delación. Sin embargo esta crítica se hace extensiva al presente porque los
defectos de la sociedad se perpetuaban y se hacían difíciles de eliminar.
La actividad literaria de Juvenal duró aproximadamente unos treinta años y,
como es natural, se observan diferencias en el contenido entre las primeras
composiciones y las últimas; con el paso del tiempo disminuye la virulencia
de los ataques y aborda cuestiones morales y narraciones de menor carga
satírica.
En el campo de la lengua y el estilo, Juvenal aporta a la sátira toda su
formación y su experiencia de retórico. Destaca sobre todo en las
descripciones rápidas y concisas, sacadas de la observación de la realidad.
Su utilización de la lengua es admirable por su fuerza y por su poder
evocador. Juvenal es, al mismo tiempo que uno de los máximos representantes
de la sátira romana, el punto y final de este género, el más típicamente
romano.
EPIGRAMA
1.- Características del género
Etimológicamente el término epigrama se usa para referirse a las
composiciones destinadas a ser grabadas en piedra. Así pues los primeros
epigramas fueron composiciones breves pensadas para su inscripción con
carácter votivo o funerario. Este tipo de epigrama arcaico está
perfectamente documentado en Roma, pudiendo adscribirse a este tipo de
poesía los primitivos "elogia" (composiciones laudatorias en honor de
difuntos) todavía en versos saturnios.
El epigrama literario, difundido extraordinariamente en época helenística,
tiene su origen en estas inscripciones y de ellas toman gran parte de las
características del género: brevedad, concisión, ingenio y vivacidad
expresiva. El epigrama literario, concebido para ser leído o recitado,
extiende su temática y pasa a expresar la más variada gama de sentimientos;
encontramos epigramas eróticos, satíricos, costumbristas, festivos y, por
supuesto, fúnebres.
En Roma los primeros epigramas literarios datan de finales del siglo II a.
C. y, siguiendo la moda alejandrina, describen en dísticos elegíacos
sentimientos amorosos. En la segunda mitad del siglo I a. C. encontramos
dentro de la variada obra de C. Valerio Catulo una importante serie de
epigramas en los que narra los vaivenes de su relación con Lesbia así como
puyas y críticas a competidores y enemigos. Igualmente en la Appendix
Vergiliana, obra al gusto neotérico y que se piensa que fue escrita por
Virgilio en su juventud, figuran una serie de epigramas recogidos con el
nombre de Catalepton ("composiciones ligeras").
2.- MARCIAL
Sin embargo el epigrama como forma literario alcanzó su configuración
definitiva con Marco Valerio Marcial (aprox. 40 d. C- 103/104); él es el
único escritor que adopta el epigrama como forma exclusiva para expresar sus
ideas y sentimientos, dando a esta composición el carácter que actualmente
tiene.
Nació Marcial en Bílbilis, una pequeña población situada en la Hispania
Tarraconense. En el 64 marchó a Roma donde, falto de medios económicos, tuvo
que adaptarse a la vida de "cliente" sometido a la protección de patronos.
La mayor parte de su vida transcurre en Roma, pues ya no regresaría a
Bilbilis hasta el 98, sólo unos años antes de su muerte, cuya fecha exacta
no se conoce; el único dato que nos permite realizar alguna suposición en
torno a la muerte de Marcial es que Plinio el Joven hace alusión a la misma
en una carta fechada en el 104. Sin embargo, a pesar de su prolongada
ausencia, la vinculación del poeta con su tierra española es uno de sus
rasgos definitorios; su poesía deja entrever un amor obstinado por su
tierra, sus paisajes y, muy especialmente, por el tipo de vida que allí se
puede vivir.
Marcial escribía poesía para ganarse la vida; sus primeros epigramas fueron
obras de ocasión. La primera colección figura como un libro aparte y se
titula Liber spectaculorum; fue compuesto para celebrar la inauguración del
Coliseo (anfiteatro Flavio) por el emperador Tito y describía los
espectáculos que allí se sucedieron. De esta obra conservamos treinta y tres
poemas interesantes por la información que proporcionan sobre este tipo de
espectáculos. Al Liber spectaculorum siguieron dos nuevas obras ocasionales:
Xenia y Apophoreta; eran pequeños poemas dedicados a acompañar los regalos
que se intercambiaban con motivos de las Saturnales. Los Xenia y Apophoreta
aparecen recogidos como los libros 13 y 14 de los epigramas.
A partir del año 86 comienza a publicar su obra más importante: alrededor de
1.500 epigramas agrupados en doce libros y basados en la observación burlona
de la vida. Suelen ser composiciones breves, en la que se expresa con
concisión y acierto una idea. El metro más utilizado es el dístico elegíaco,
aunque utiliza también con frecuencia el coliambo y el endecasílabo. En
algunos de los libros coloca como introducción un prefacio en prosa en el
que se defiende de las críticas.
La poesía de Marcial no se explica sin la ciudad de Roma; por todas partes
se muestra en sus epigramas con gran realismo los distintos tipos humanos
que se movían por la corrompida sociedad romana de la época de los Flavios:
cazadores de fortuna, delatores, glotones, etc... No faltan tampoco las
alusiones personales y así se reflejan en su obra las dificultades de su
vida de cliente, sus quejas por la tacañería de los patronos e incluso su
demanda de regalos y préstamos. Las composiciones dedicadas al emperador
Domiciano son abiertamente aduladoras, sin que parezca que esto le resultara
humillante: consideraba la adulación un medio para sobrevivir, y lo cierto
es que gracias a ella consiguió de Tito y Domiciano ciertos honores y
compensaciones.
Como obra literaria los epigramas de Marcial responden a una postura de
reacción contra los usos y modos literarios imperantes en su tiempo. Era
ésta una época en la que predominaba un gusto clasicista que llenaba las
obras de adornos mitológicos y retóricos, imponiéndose las declamaciones y
descripciones de carácter épico. En el uso de la lengua se rechazaban las
expresiones vulgares, el "llamar a las cosas por su nombre", el detenerse en
asuntos desagradables sórdidos u obscenos. A todo esto opone Marcial su
obra.
En primer lugar, frente a las grandes composiciones narrativas él se inclina
por el epigrama, la forma más humilde de poesía; en segundo lugar reclama su
derecho a expresarse con "la cruda verdad de las palabras" (lasciva verborum
veritas). Consigue de esta forma una claridad de expresión difícilmente
imitable y la sencillez de sus versos, a pesar de estar hechos con gran
cuidado, da impresión de improvisación.
La intención de Marcial es simplemente representar la vida de la sociedad de
su tiempo, sin falsos pudores y sin tapujos, quizá por ese motivo en
ocasiones resulta excesivamente obsceno. Su actitud es más de cansancio y
hastío que de indignación ante los vicios y defectos de la sociedad; busca
provocar más la risa o la burla que la reprobación. La actitud de Marcial
está lejos de la propugnada por los poetas satíricos porque no tiene
intención moralizadora, no intenta provocar un cambio de actitud sino
simplemente observar la realidad desde su aspecto más risible y jocoso.
Además, y este es otro rasgo que lo separa de los poetas satíricos, nunca
utiliza la invectiva o el ataque personal; las personas a las que se
refieren sus epigramas son en la mayor parte de los casos imaginarias. Este
deseo de no realizar ataques personales lo expuso con un verso que,
libremente traducido, resume ese dicho popular que reza así: "se dice el
pecado, pero no el pecador" (parcere personis, dicere de vitiis).
Su servilismo al dirigirse a los emperadores, la libertad en el uso de la
lengua y la obscenidad de que son frecuencia hace gala motiva que su
valoración haya variado según las épocas. En su tiempo tenía gran aceptación
por el pueblo, mientras despertaba críticas airadas entre los poetas que
respetaban las tendencias de la poesía clasicista. Lo cierto es que con su
forma directa de escribir, con su ingenio y vivacidad dio al término
epigrama las características con las que ha pasado a la literatura actual.
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(Documentos elaborados por Jaime Morente Heredia)