Eros adulto protagoniza junto a Psique una alegórica  historia de amor, muy apropiada para el tono misterioso y lírico del prerrafaelismo.

La figura enclenque y deforme de Eros, dentro de un cuadro esteticista por el colorido, la decoración y la estilización de la figura femenina, responde al elemento de subjetividad y sorpresa propio de  algunos prerrafaelistas.