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LA VIDA AMOROSA DE ZEUS/Júpiter
Zeus, aburrido en su Olimpo eterno, se deja caer sobre
doncellas apetecibles, y lo hace con imaginación y alegría, apareciéndose
como un cisne enamorado y tierno, como una lluvia de fino oro o como un
brioso toro, por no extendernos en demasía. Los hijos habidos de tan raras
uniones deben quedar clasificados de manera específica, para separarlos de
los legítimos habidos dentro del marco olímpico y legal. Para conocer mejor
a Zeus/Júpiter, hemos de establecer con orden sus múltiples relaciones:
tendremos que ver su matrimonio con Leto o Letona; otro con Deméter; otro
más con Hera, que era también, aparte de esposa, hermana del dios del cielo;
más los celebrados con Maya y Dione. Pero no podríamos olvidar los contactos
habidos con Io, con Dánae, con Alcmena, con Egina, con Leda, con Europa, con
Semele, con Antíope, con Calisto (que era hermosa ninfa, a pesar del
equívoco que pueda despertar su nombre entre nosotros), con Climena, con
Menalipa, con su hija Afrodita, con Juno, con Eurinome, con Mnemosina, con
Ceres, con su otra hermana Temis, etc. En muchas ocasiones, como acabamos de
comentar, estas uniones no nacían del deseo del dios, sino de la
conveniencia del Estado romano y el dios Júpiter tenía que plegarse a ellas
para congraciarse con los nuevos súbditos incorporados al Imperio, aunque
ahora vamos a referirnos sólo a los amores clásicos, por así decirlo.
Y, ya que hablamos de matrimonios y/u otras románticas uniones, debemos dar
una mínima relación de hijos habidos, legión por numerosos y maraña por
complicaciones genealógicas. Zeus/Júpiter era un dios, por sobre todas las
cosas, que tuvo mucho poder y todo el tiempo de la eternidad para enamorarse
repetidamente, pero también era hombre desarmado, cuando sus esposas legales
le sorprendían en una aventura y tenía que inventar excusas y tratar de
salir del paso con la máxima dignidad, si eso era posible, o escabullirse
del lío familiar, sin que se le pueda tachar de juego sucio, ya que no se
escudaba en su divinidad a la hora, no por habitual menos complicada, de
intentar salir airoso del trance doméstico.
EL LARGO HISTORIAL MATRIMONIAL Y FAMILIAR
Afrodita
La diosa por excelencia del Olimpo, hija de Urano -de la
espuma que surgió de lo que un día fueran atributos viriles del dios, tras
la amputación sufrida a manos de Cronos- o hija de Zeus y Dione, en otro
mito anterior y menos sangriento que el primero.
Ceres
Ceres es la Deméter de los latinos, hija de Saturno y
Cibeles y, por tanto, hermana de Júpiter. Los lazos de sangre no evitaron
que surgiera un apasionado amor entre ambos.
Climena
Una esposa más de la larga lista de matrimonios del
alegre Zeus, con quien tuvo a Atlas, aquel gigante condenado a soportar el
peso de todo el firmamento sobre sus espaldas.
Deméter
Diosa de la agricultura en el panteón griego, como lo fue
Ceres en el romano, esposa de Zeus, además de hermana del Dios y de otra de
sus esposas, la celosa y vengativa Hera, Deméter representa el culmen de la
unión (permitida siempre a los dioses y a los héroes) incestuosa por
excelencia. Perséfone, la Proserpina de los romanos, nació de este amor.
Dione
Una ninfa hija de Urano u Océano y Tierra o Tetis, de quien se enamoró en su
día Júpiter ardientemente y dio paso a otra grandiosa y gozosa divinidad,
Venus, nacida de su seno en algunas de las versiones latinas, que preferían
tener a la diosa de la belleza y el amor tenida en un romance, antes que
verla como surgida por accidente de una castración del padre por el hijo.
Egina
Otra ninfa, esta nacida de un río de Beocia, del Asopo.
Júpiter tuvo que ingeniarse un nuevo aspecto para eludir la celosa
vigilancia del padre, pasando a ser una llama, tan ardiente como su pasión
por la hermosa niña. El amor se dio a conocer de la manera más natural, en
forma de dos varones: Eaco y Radamanto. Tras la pasión y la correspondiente
maternidad, Júpiter se portó como un caballero, haciendo que la ninfa tomara
la forma de isla para evitar el inminente castigo de su airado y
decepcionado padre.
Hera
Celosa y poco amiga de bromas extraconyugales, puesto que
Hera debía llevar a rajatabla su personalidad oficial de divinidad del
matrimonio, Hera ocupa un lugar preferente entre las grandes esposas de
Zeus, de quien también fue hermana, puesto que no sólo está unida en
matrimonio, sino que se convierte en la mujer inquisitiva por excelencia,
persiguiendo al veleidoso marido sin tregua: descubriéndole en todas sus
infidelidades y sacándole los colores cuantas veces haga falta. Zeus y Hera
se casaron en un mes de Gamelión, según dice la tradición, y ese era el mes
invernal y matrimonial por antonomasia de los matrimonios en la Grecia
clásica, al menos en palabras de Hesíodo, quien era más preciso, ya que
apuntaba al día cuatro del mes como día perfecto para el himeneo, sin duda
porque habría averiguado, con rigor, que tal sería la fecha del desposorio
de los dioses, de ese matrimonio con la diosa del matrimonio, y esposa tan
exigente para un dios tan libertino, pero animador de las tertulias y
compadreos del Olimpo.
Juno
Juno es la versión romana de Hera. Con ella como patrón,
los latinos hicieron también a una de las esposas principales de Júpiter,
hija de Saturno y Cibeles, deidad de primera línea de los cultos públicos y
celosa inquisidora de las ausencias sin justificar de su infiel y divertido
marido, el colosal amador Júpiter, rey del rayo, del trueno y, sobre todo,
de la pasión rápida y espectacular.
Letona
Esta divinidad, hija de un titán -Ceo- y de la buena Feba,
también tuvo amores con Júpiter, y esos amores clandestinos y fuera del
estricto círculo olímpico fueron motivo más que suficiente para que la
celosa y airada Juno la emprendiera contra Letona. La rivalidad se hizo
famosa y terminó por convertirse en nota definitoria por excelencia de la
atractiva dama Letona.
Menalipa
Otra ninfa más en las noches románticas de Zeus. Con ella
tuvo el divino rey de los cielos un hijo también con atributos
meteorológicos como él: Eolo, divinidad de los vientos.
Taigeta
Una dulce y bonita Pléyade, hija de Atlas y Pleyona,
hermana de Alción, Astérope, Celeno, Electra, Maya y Mérope, con la que Zeus
mantuvo un romance pasajero, dentro de su habitual coqueteo con estas
deidades menores, más mortales que divinas, pero con características
sumamente atractivas a los ojos de los humanos y de los divinos miembros del
Olimpo. También esta pasión tuvo su fruto: Amidas, el héroe de Laconia.
Temis
La hermana mayor de Cronos, padre de Zeus; tía y segunda
esposa de nuestro dios y madre de divinidades temibles por su implacabilidad
con los pobladores de la tierra, al llegarnos la hora final. Temis es
también la diosa de la justicia y responsable de todas las leyes y normas
laicas y religiosas que todos los humanos hemos de cumplir para vivir en
armonía con los dioses y con nosotros mismos. Temis es la madre de las Horas
y de las Parcas. |